miércoles, 23 de enero de 2008

El ESPÍRITU: El cuerpo emocional o astral


El cuerpo emocional también llamado Cuerpo astral, es el portador de nuestros sentimientos, de nuestras emociones y de las cualidades de nuestro carácter, ocupa el mismo espacio que el cuerpo físico. Su contorno varia según el desarrollo de la persona, en una persona poco desarrollada está poco delimitado, se presenta como una sustancia nebulosa que se mueve de forma caótica y desordenadamente en todas direcciones. Cuanto más desarrollada esté una persona en la definición de sus sentimientos, sus simpatías y las cualidades de su carácter, tanto y más claro y transparente se manifestará su cuerpo emocional.

El aura del cuerpo emocional presenta una forma ovalada y puede extenderse varios metros en el entorno de la persona. Toda emoción en el físico, se irradiará en el aura a través del cuerpo emocional, este proceso se efectúa a través de los chakras y en menor medida a través de los poros de la piel.

Junto a las peculiaridades del carácter se van a originar sentimientos y estímulos dentro del ámbito de las emociones, y se reflejarán en el aura emitiendo un juego impresionante de colores irisados que cambian con toda clase de matices. Por ejemplo, la furia, la opresión y las preocupaciones generan en el aura figuras nebulosas oscuras. Cuanto más abre la conciencia al amor, la entrega, la alegría, más claros y transparentes son los colores que irradia su aura emocional.

Ninguno de los otros cuerpos no materiales, marca con tanta fuerza como el cuerpo emocional la visión del mundo y de la realidad del hombre medio. En el cuerpo emocional se hallan almacenadas, entre otras, todas nuestras emociones no liberadas, las angustias, las agresiones conscientes e inconscientes, las sensaciones de soledad, rechazo, falta de confianza, etc.

Aquí es donde se produce el principio de la polaridad (atracción mutua), de tal manera que las vibraciones que emitimos atraerán otras de la misma vibración uniéndose con ellas.

Esto significa que, a menudo, nos encontramos con personas y circunstancias que reflejan lo que queremos evitar o de lo que queremos librarnos conscientemente o que tememos. De esta forma, el entorno nos sirve de espejo de todos aquellos temores o circunstancias que hemos relegado desde el consciente al inconsciente. Los sentimientos no liberados aspiran a mantenerse con vida y a crecer en lo posible, así nos llevan a repetir una y otra vez las situaciones que se encargan de repetir las vibraciones emocionales originales, ya que las mismas les sirven de alimento.

La frecuencia de la angustia en una persona, atrae situaciones en las que ve confirmada una y otra vez su angustia. Si esta persona encierra en si agresiones, siempre encontrará personas que exterioricen vibraciones de furia y agresión.

El pensamiento consciente y los objetivos mentales del cuerpo mental tienen poca influencia sobre el cuerpo emocional, que sigue sus propias leyes. El cuerpo mental puede dirigir el comportamiento hacia el exterior, pero no suprimir las estructuras emocionales inconscientes. Siempre se ha dicho que hay personas que actúan o reaccionan de una forma más mental y otras que lo hacen más visceralmente.

Así, por ejemplo, una persona puede aspirar conscientemente al amor o al éxito, e inconscientemente irradiar frecuencias energéticas contradictorias de celos y falta de confianza que le impedirán alcanzar su objetivo consciente.

Las estructuras emocionales continúan existiendo a través de las diferentes reencarnaciones, siempre que no se liberen, puesto que el cuerpo emocional perdura después de la muerte física y se une a la reencarnación con el nuevo cuerpo físico. LAS EXPERIENCIAS NO LIBERADAS ALMACENADAS EN EL CUERPO EMOCIONAL DETERMINAN EN GRAN MEDIDA LAS CIRCUSTANCIAS DE LA NUEVA VIDA.

Cuando hayamos comprendido realmente y de una vez por todas estas relaciones, debemos cesar obligatoriamente de vernos en el “ papel de víctimas” y de atribuir la culpa de nuestras debilidades y miserias a otras personas o a las circunstancias. Eso significa ya una gran liberación, puesto que entonces ya sabemos que gran parte de nuestro destino lo tenemos en nuestras propias manos Y PODEMOS EMPEZAR A CAMBIAR NUESTRA VIDA, CAMBIÁNDONOS A NOSOTROS MISMOS.

La mayor parte de los nudos emocionales, del cuerpo emocional, se encuentran localizados en el chakra del plexo solar. Este chakra es en el que quedan grabadas en gran parte las emociones a través de la vivencia directa.

Una disolución de las estructuras emocionales solo puede producirse con la bendición de nuestro YO SUPERIOR, permitiendo al mismo tiempo conocer las relaciones interiores partiendo de la visión universal y holística de dicho yo. Este vínculo lo establecemos a través de los chakras del corazón y corona.

El YO SUPERIOR, no enjuicia, no divide las experiencias en buenas o malas. Nos indica que tenemos que vivir determinadas experiencias solo para comprender QUÉ sentimientos y acciones tiene como consecuencia una separación de la mente DIVINA original, causando sufrimiento y para comprender y entender las leyes cósmicas del equilibrio natural. En los ámbitos de la vida en los que hoy nos consideramos víctimas, en anteriores reencarnaciones con gran frecuencia, fuimos autores.

Cuando las vibraciones de nuestro cuerpo espiritual se unen con el cuerpo emocional y lo penetra, éste empieza a vibrar más rápidamente y empieza a expulsar las energías negativas almacenadas que tienen frecuencias menores. Con ello perdemos el recuerdo emocional o “enganche” que nos habían producido, y podemos perdonarnos a nosotros mismos y a los demás.

Por supuesto, a medida que el cuerpo emocional se deshace de las vibraciones negativas, comienza a irradiar profundos sentimientos de amor y de alegría incondicional. El aura luce con los colores más claros, intensos y transparentes, y los mensajes que emite en su entorno atraen la felicidad y el amor.