martes, 15 de abril de 2008

EL EGO

Extracto del libro Servidores de la Luz De Rhea Powers

El karma, que se halla limitado a la Tierra, como sistema en sí contiene decisiones que tú, como individuo, has tomado durante tu estadía en este planeta. Cuando viniste por prime­ra vez, el nivel vibracional que hallaste aquí, fue para ti una experiencia chocante. La manifestación de forma física fue pa­ra cada uno de ustedes una experiencia muy distinta. Aque­llos de ustedes que vinieron de una dimensión de forma física más densa, hallaron el cambio menos difícil. Sin embargo, en­tre ustedes están aquellos que provienen de formas energéti­cas menos densas y aun de algunas no físicas. Para muchos de ustedes fue muy difícil manifestarse en la vibración baja y len­ta de la forma física sobre la Tierra. Por esa dificultad comen­zaron vuestras decisiones, que aún se hallan en ustedes. Estas decisiones han influido sobre vuestra cooperación en la mi­sión que han elegido.

Las decisiones encerradas en tu propia conciencia indi­vidual comenzaron en el instante de tu manifestación sobre la Tierra. Muchos de ustedes decidieron que la misión sobre la Tierra era demasiado difícil, demasiado pesada, como pa­ra poder lograrla. Viniendo de un nivel de conciencia en el que era mucho más fácil manifestar los pensamientos, algu­nos de ustedes decidieron que no estaban en condiciones, que no eran capaces, que no tenían la posibilidad de manifes­tar vuestros pensamientos sobre la Tierra. Esto es falso. Uste­des manifiestan vuestros pensamientos constantemente. Cada pensamiento tiene energía. Esta energía es Ia energía de la creación. Son los pensamientos los que todo lo conciben. Cada pensamiento que tienen se manifiesta en la realidad.

Aquellos pensamientos que ustedes ligan a la conciencia humana en el sistema de la dualidad, han resultado en la in­clinación al polo del mal, han atraído la desgracia, el males­tar y la desesperación, asociado con el sistema en la Tierra. Vuestra conciencia ahora está siendo limpiada de tales pen­samientos a través de vuestras actividades que la agrandan. La lectura de este libro también forma parte de tales activi­dades. Si observas tu vida, verás otras actividades en las que tú has participado, especialmente en los últimos tiempos. Te felicitamos por tu elección. Te felicitamos por tu elección he­cha hace muchos eones, de participar de esta fase especial de la experiencia en la Tierra.

No es fácil elegir la polaridad del bien —o a Dios— en la esencia de tu ser. La decisión para esa esencia tiene conse­cuencias sobre todos tus pensamientos y sobre la Conciencia Universal. Cada vez que tu personalidad como individuo elige abandonar el mal en tus propios pensamientos, se anu­la un poco el mal de la mente colectiva. Cada vez que en tu vida diaria tienes la oportunidad de elegir el bien, y puedes liberarte de la sensación de estar separado, si puedes sentir­te unido a tus semejantes, uno con la Tierra, con la naturale­za, con todas las conciencias, produces un impacto en la mente universal. Los pensamientos no vienen sin ser invita­dos. Los pensamientos son creados. Tú mismo creas tus pro­pios pensamientos. Tienes el poder y la capacidad de crear pensamientos que representen el polo de Dios.

Puedes soltar aquellos pensamientos que personifican el polo del dolor y del sufrimiento. Puedes, en cualquier ins­tante de tu vida diaria, elegir ver la Unidad, puedes expre­sar y manifestar la Unidad de todo lo que es. Eres una por­ción de la energía del Universo. Te has identificado errónea­mente como separado, como ego. El ego se halla unido al sistema de pensamiento humano. El ego es falso. La separa­ción es falsa. Al mismo tiempo es el ego en ti el que debes destruir. En el proceso de apartarse del mal, el ego debe apartarse de la separación; debe ser destruido. El ego fue pensado para ser destruido. No es algo que uno debe temer. Como estaba previsto, el mismo ego está llegando a su fin naturalmente.

Tú no estás matando al ego. Te permites alcanzar su con­clusión. Cada vez que eliges soltar —aunque sólo sea un poco— la ilusión de la separación, cada vez que eliges verte en algún otro, elevas la conciencia del planeta. Cada vez que te ves como una parte de todo lo que es, esta Unidad se hace más real y visible y se manifiesta en la experiencia de todas las personas. Cada pensamiento que piensas, tiene un efecto sobre el todo. En ello no yace ninguna carga. Es parte del juego elegido por ti.

El ego es una manifestación de la conciencia humana dentro del sistema humano sobre el planeta Tierra. Tu propio ego te ve como separado de Dios. Tu ego te separa de tu propia experiencia de Unidad. Es tu ego el que te mantiene más pequeńo de lo que en realidad eres. Tú eres puro Ser. Eres todo lo que existe, lo que se manifiesta de tu manera humana única. Generalmente. se piensa que es el ego el que le inspira a uno pensamientos altisonantes acerca de sí mismo. En realidad ocurre exactamente lo opuesto. Es el ego el que te limita a pensar que eres el que se halla dentro de tu piel.

En tu propia forma humana particular, existe aquella por­ción del Ser que elegiste reflejar. Tu ego se ha identificado con esta porción. Es por eso que tu ego se halla comprometido en hacer que la separación persista. Se ve a sí mismo como una parte del todo. Se vive como fuertemente delineado, como definidamente separado de las demás partes del todo. Tu ego no puede reconocerse como Dios, sino únicamente como separa-do de Dios. El ego no es malo: sólo es limitante. Al aferrarte a tu ego te aferras a tu separación. Esta separación te ha mante­nido alejado de la experiencia de Dios en tu interior.

La muerte del ego corresponde a muchas estructuras y doctrinas religiosas sobre el planeta Tierra. El ego debe mo­rir para sí mismo. Eso significa que el ego debe ser trascen­dido, para que tú, que lees este libro, te puedas sentir a ti mismo como parte de la Unidad, como Uno con todo lo que es. Esto es una amenaza para el ego. El ego se resiste a ser Dios y a reconocerse como Dios. El ego tuvo una función que cumplir en el sistema de la dualidad. El ego permitió la continuidad de la ilusión de separación, de manera que uno pudiera sentirse como separado dentro del sistema de la dualidad, dentro del sistema del bien y del mal. Este sistema se acerca a su fin, y el ego ya no es necesario.

Tu ego es una parte tuya. Tu ego puede ser trascendido. Puedes incluir a tu ego en las posibilidades de experiencia de tu ser. El ego no necesita ser una limitación. No necesita ser un enemigo. El ego puede ser incorporado, puedes soste­nerlo en una mano, puedes ir más allá de él.

El trascender tu propio ego individual forma parte de tu misión sobre la Tierra, si es que has de formar parte de la conclusión del sistema de la dualidad. Te guiaremos para que puedas trascender ese ego con el que te identificaste du­rante tanto tiempo. Quien eres va tanto, tanto más allá del ego, que éste es tan sólo un soplo de brisa en tu cara —pue­de que te haga pestañear por un momento, perdiendo tu co­nexión con tu verdadera realidad— pero el momento es muy breve en tu experiencia total.

El ego, con su sujeción a la dualidad, nos posibilitó a to­dos jugar al juego de la dualidad, al juego de la separación. Nosotros estamos obligados a agradecer al ego, el cual crea­rnos como parte del juego. No es necesario darle muerte al ego. Dejarlo morir, no significa dejar de existir como individuo. Dejar morir al propio ego significa trascender, trans­formar tu experiencia acerca de quién eres.

Tú creaste tu propio ego para conocer la separación, cuando tomaste una conciencia y una forma humana sobre esta Tierra. Tu ego —como tu cuerpo, tus sentimientos y tus pensamientos— es parte de la experiencia humana, de la que eres responsable.

Tú debes trascender y amigarte con el ego, que se halla ligado a la conciencia humana y que existe dentro del siste­ma de la dualidad. Es tu aliado en el hilo de tu experiencia. Amígate con él, pero no le permitas limitar tu conocimiento acerca de quién eres. Tu ego tiene como tarea mantenerte pequeńo, alejado de tu unión con todo lo que es. Este ego, que alguna vez fue muy conveniente, ahora debe ser trascendi­do. En el camino de vuelta al conocimiento y a la experien­cia de tu conexión con todo lo que es, el ego es como una piedra en tu zapato, una molestia, algo que debe ser sacado, pero nada que deba odiarse.

Dejar morir al ego en ti, ir más allá de él, dejarlo desaparecer dentro de uno, significa descubrir tu propia identidad.

Cuando te identificas como separado de los demás, como separado de tus hermanos y hermanas, como diferente, enton­ces eso es ego. Cuando te identificas como mejor que tus her­manos y hermanas, eso es ego. Cuando te identificas como inferior a tus hermanos y hermanas, eso es ego. Cuando te ves de alguna manera separado, como mejor o peor, como superior o inferior, como más o menos inteligente, como más o menos atractivo —cada manera que tú eliges para apartar­te y separarte de tus hermanos y hermanas— eso es ego.

Es cierto que algunos de ustedes manifiestan aspectos diferentes de la Unidad. Algunos manifiestan dotes musica­les; otros manifiestan belleza física; otros, facilidad de pala­bra; otros, movimiento corporal en el baile. Todas estas co­sas son alegres manifestaciones de partes tuyas, que no pue­des ver de ninguna otra manera. Deberías alegrarte de todas estas aparentes variedades, deberías gozarlas; son parte de la celebración de la totalidad del Ser que eres. Estas diferen­cias no deberían verse como separaciones, sino como parte de la celebración de tu propio Ser.

El ego dentro del sistema humano es tu conexión con aquellas decisiones que forman la estructura de tu propio karma individual. El karma va junto al ego, porque tu expe­riencia del ego continúa de vida en vida dentro de tu incons­ciente individual. El karma puede ser trascendido, porque el ego puede ser trascendido. El ego limita tu conocimiento o tu experiencia de la separación. El ego te define como dife­rente de tus hermanos y hermanas.

El karma es un sistema que existe dentro de la dualidad. Se halla ligado, está atado al concepto de bueno y malo, co­rrecto e incorrecto, recompensa y castigo. La conciencia hu­mana, proveniente del ego individual, toma decisiones que la definen como separada de las demás formas de manifes­tación del Ser; no se ve como reflejo de las partes del Ser, que a su vez son reflejos de ella misma.

Las partes del Ser que adoptaron otras formas de mani­festación, otros medios de expresión, finalmente no son otra cosa que tú. En última instancia también eres tú. Por eso, en el sentido más amplio, no puedes causarte dańo. Es decir, no te puedes lastimar a ti mismo, debido a que eres tanto el que lle­va a cabo la acción como el que la sufre. Todo eres tú. Puedes jugar un juego solamente dentro del sistema de la realidad humana. En el sistema de la dualidad la apariencia de separa­ción provoca la apariencia del bien y del mal.

Debido a que una parte tuya, muy dentro de tu esencia, conoce la verdad absoluta acerca de quién eres, sabe que tu esencia última es pura Energía, Luz, Dios, Bien. Cada vez que se lleva a cabo una acción en el juego humano, que pa­rece lograda a partir de la separación del conocimiento de tu propia esencia, se toma una decisión. Se toma una decisión acerca de lo que vales, acerca de tu bondad o no bondad, una decisión que te define más y te separa de tus hermanos y hermanas. Estas decisiones, como ya hemos dicho, se apo­yan en otras, se amplían y forman una estructura, que se lla­ma karma.

Dentro de tu sistema kármico individual y único, estas decisiones han formado tu conciencia y tu realidad, ya que tu realidad, en última instancia, es lograda por tu concien­cia. Con conciencia queremos decir el pensamiento cons­ciente despierto, el que actúa en tu llamada "realidad dia­ria". No queremos decir, en este caso, la conciencia externa. La conciencia se dividió en psicología en "consciente", "in­consciente", "subconsciente" y "supraconsciente". En este caso hablamos del "consciente" de la psicología. El ego existe en el "subconsciente", si se quieren utilizar estas categorías para definir las diferencias. Las estructuras kármicas yacen en la región llamada "subconsciente".

La psicología contemporánea y la metafísica hablan mu­cho sobre el estado de sueño (soñar). Los sueños son la cone­xión con el subconsciente. En el sueño se pueden concluir estructuras kármicas. Es decir, uno puede crear o formar la realidad en un sueńo, en vez de hacerlo en la vida diaria. Uno puede utilizar los sueños para cerrar o finalizar una es­tructura kármica. Los sueños son muy útiles. En este libro te enseńaremos a utilizar el estado de sueño para cerrar estruc­turas kármicas, para que ya no tengas que crear manifestaciones físicas de estas estructuras para poner a cero tu participación en el llamado sistema del bien y del mal.

Tu estructura kármica individual, que se halla ligada a tus experiencias humanas asociadas sobre el planeta Tierra, puede ser trascendida. Tu conciencia individual puede vol­ver a ligarse a la Conciencia Universal. A través de este aco­ple con la Conciencia Universal, puedes elevarte sobre el sis­tema kármico. El sistema kármico está ligado al experimento de la dualidad, que se halla ligado a las experiencias del bien y del mal asociadas a este planeta. Es imprescindible que co­miences a elevarte sobre tus propias estructuras kármicas. Mientras existas como conciencia humana individual, y te aferres al sistema del karma, continuarás manifestando el mal como una realidad sobre este planeta Tierra, en ti mismo y entre tú y tus hermanos y hermanas. Es posible trascender el karma. Es posible concluir el karma en realidades no físicas, de manera que ya no sea necesario crear la dualidad.

La conciencia humana está tan conectada y ligada al sis­tema de la dualidad, que se asusta ante la idea de trascender su propio karma. Teme ser condenada o maldecida por actuar, por demostrar su condena o su castigo por su supuesta maldad. No es el castigo lo que se deja atrás: es el sistema, que contiene la noción de que el castigo y el mal tienen algu­na realidad.

Si uno se imagina que ha iniciado una supuesta mala ac­ción, que supone una negación de la propia bondad, enton­ces uno se imagina que debe ser castigado para demostrar su sometimiento fiel a Dios o a lo bueno. El castigo es error. El error existe en el sistema de la dualidad. El castigo amplía el mal. Castigarse a sí mismo es lo mismo que castigar a otros.

El sistema de la dualidad se amplía hacia afuera en for­ma de espiral. El mal produce el mal. Ya es hora de que el sistema se vuelva sobre la espiral, hacia adentro, que desa­parezca en sí mismo, que se cierre y desaparezca de la expe­riencia humana. Este sistema puede desaparecer, y la expe­riencia humana puede continuar en Amor, Luz y Alegría, como sucede en este instante en muchas otras dimensiones, sobre muchos otros planetas, en muchas otras formas de existencia.

El siste­ma de la dualidad sobre la Tierra puede desaparecer en sí mismo con tu ayuda, y así podrá quedar en vuestros corazo­nes sólo Bondad, Alegría y celebración de la Unidad.


2 comentarios:

sol dijo...

En verdad es inspiradora, y tierna, la forma como se devela lo que muchos ignoramos.
Esto invita a que nuestro débil y frágil, ser se inspire, se llene de valor, para comenzar a elevarse,más allá de la miseria humana que somo.

Manuela dijo...

El articulo me ha parecido muy interesante, pero creo que para ayudar realmente a la gente habría que dar unas pautas mas concretas para que pudieran trabajar en él. Yo llevo trabajando en este tema bastante tiempo y para mi es esencial obervar cada uno de mis pensamientos y las emociones que ellos producen creo que ese es el camino, a mi me va bien, aunque a veces es como la canción "dos pasitos pa lante y uno pa tras".
No creo que en esta vida consiga eliminar completamente al dichoso ego porque es muy fuerte y muy poderoso y con mucha mañas, pero... yo sigo intentándolo.

Felicidades chicos.