sábado, 15 de noviembre de 2008

LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE (5ª parte)


PREG. — ¿De qué factores depende la detención de un hombre en cualquiera de las secciones del Mundo astral? ¿En qué tiempo y cómo pasa un hombre ordinario del mundo astral al celestial.

RESP. — El Ego concentra firmemente dentro de sí todas sus fuerzas, dejando atrás sección tras sección de la materia astral. Su detención en cualquiera sección será proporcionada a la cantidad de materia de aquella sección que contenga su cuerpo astral, dependiendo la proporción, de la vida que se vivió, de los deseos en los cuales consintió, y de la clase de materia que atrajo de esta manera para construir su astral.

Por consiguiente, mediante una vida pura y un pensar elevado, puede un hombre disminuir la cantidad de materia que adhiera a sí y que pertenezca a los niveles inferiores, del astral elevándola, de, aquel modo y en cada caso, a lo que podríamos llamar su punto crítico para que, al primer contacto con la fuerza desintegrante se rompa su cohesión y se reduzca a su condición original, dejándolo libre para pasar, prontamente próximo subplano.

También su actitud mental, después de la muerte influencia, su estancia allá, puesto que, por la comprensión de su situación y fijando su atención en asuntos espirituales, podrá facilitar la desintegración astral y contar su permanencia en los niveles inferiores.

En el caso de una persona por completo espiritualizada, que hubiere purificado su cuerpo astral con los constituyentes extraídos de los más finos grados de cada división de materia astral, la condición de etapa crítica mencionada arriba podrá obtenerse respecto a todas la subdivisiones de materia astral, y el resultado sería un pasaje prácticamente instantáneo a través de aquel plano, de tal suerte que recobraría su conciencia primeramente en el mundo célico. Un hombre menos desarrollado, pero moderado y puro, pasará a través de aquel plano menos rápidamente, si bien en un plácido ensueño, inconsciente de sus alrededores hasta que, habiendo desechado una tras otra sus envolturas astrales, despierta en el mudo celestial. Por supuesto, según ya se dijo, los subplanos se ínter penetran uno a otro y no están divididos uno de otro en el espacio; por lo cual, cuando se dice de una persona que pasa de una subdivisión a otra, no significa que se mueva para nada en el espacio, sino simplemente que el foco de conciencia ha cambiado del cascarón externo al próximo concéntrico.

El tiempo ordinario necesitado por las diferentes clases de personas en el mundo astral, ha sido ya detallado al final de nuestro artículo dedicado a La Reencarnación (5ª parte).

El hombre ordinario, al encontrarse en la sexta sección vagando todavía en torno a lugares y personas con las cuales estuvo en más íntimo contacto en la tierra, encuentra, a medida que pasa el tiempo, que los contornos terrestres se esfuman gradualmente y van siendo de menor importancia para él, y por lo mismo tiende más y más a modelar su medio circundante de acuerdo con el más persistente de sus pensamientos. Cuando llega al tercer nivel, encuentra que esta característica ha reemplazado por completo la visión de las realidades del mundo astral. Cuando se han consumido todas las bajas emociones y deseos, así como los pensamientos de carácter egoísta, y el Ego en su firme proceso de concentración ha pasado allende aún de la más fina clase de materia astral, adviene un tiempo en que el cuerpo astral, no enteramente desintegrado aun, es finalmente sacudido a la hora de la muerte astral y el alma (exceptuando el caso de un hombre inusitadamente malvado que no tenga ni gota de amor o de bondad para nadie, o que se haya degradado hasta un pecado y una bestialidad irredimible), el alma tiene una" especie de período gestatorio y se sumerge en un ensueño breve y apacible, una "Inconsciencia Predevachánica", para ser despertada por el sentimiento de una intensa bienaventuranza en aquella parte del mundo celestial a la cual pertenezca por su temperamento. No hay necesariamente movimiento alguno en el espacio, sino que la conciencia humana se encuentra ahora enfocada en el mundo mental inferior, en donde se encuentran también las de aquellos animales que antes de su muerte, se "individualizan" y alcanzan la estatura del alma humana.


PREG. — Si la muerte no es el fin de la Vida, sino tan sólo un paso desde una etapa de vida a otra, ¿qué objeto tiene él violento dolor de quienes lamentan la pérdida de sus seres queridos?

RESP. — Según ya se explicó, su dolor no es por una pérdida real sino aparente, es el resultado de un engaño y de la ignorancia de las leyes de la naturaleza, y representa un sufrimiento innecesario aún para los mismos dolientes. El "muerto" está todavía cerca de ellos, y ellos, mientras se halla dormido su cuerpo físico, conversan con él, pero en cuanto despiertan, vuelven a su antigua ilusión de haberlo perdido y se llenan de pensamientos de tristeza durante todo el día, lo cual hace al muerto muy desgraciado e infeliz en el mundo emocional. Y no solo esto, sino que el pesar desenfrenado y los insensatos estallidos de tal sufrimiento producen un efecto muy doloroso en el difunto que apaciblemente está sumiéndose en la inconsciencia que precede a su despertar en la gloria del mundo celestial. A menudo se siente despertado; de su ensueño de felicidad a un recuerdo de su última vida terrestre por la apasionada tristeza y los deseos de sus amigos encamados, que despiertan las correspondientes vibraciones de pesar, con una fuerza centuplicada, en su cuerpo de deseos ya liberado causándole un gran malestar y depresión, y demorando seriamente su progreso ulterior. Por otra parte, este dolor desenfrenado de los parientes ignorantes, aunque bien intencionados, obstaculiza grandemente la ayuda de los protectores astrales quienes tratan de explicar al muerto las condiciones del mundo astral para levantar su ánimo y acondicionarlo a su nuevo ambiente.

No es que aconsejemos el olvido, sino el recuerdo, pero en una forma que sea benéfica y no dañina, sustituyendo la tristeza egoísta y desolada por buenos deseos, ardientes y amorosos, por la luz perpetua y la eterna paz para el difunto.


PREG. — ¿Tienen algún valor las plegarias por los difuntos? Sí es así, ¿cómo deberían, ofrecerse?

RESP. — Las plegarias siempre tienen valor tanto para los vivientes como para los muertos, cuando éstas son dictadas por el amor; pero una plegaría será eficaz en proporción a la intensidad del pensamiento expresado por ella, de la pureza y fuerza de voluntad con la cual se dirige hacia la persona en cuestión, y del conocimiento que posea el que la produce. Una oración, como un pensamiento, crea una forma, un elemental artificial, "un poder benéfico activo" que va hacia la persona para cuyo beneficio fue creada y que la ayuda en cuanto se presente la oportunidad. Esta energía puesta en juego en el plano astral puede afectar a cualquier persona en su cuerpo astral; por tanto, es posible auxiliar y proteger a un muerto con tales formas mentales mientras él permanezca en el mundo astral.

Un hombre que sepa, que comprenda la constitución del cuerpo astral y el poder del pensamiento, puede aumentar enormemente su ayuda por el envío deliberado de un elemental artificial que ayude en la desintegración de los cascarones astrales que aprisionan el alma, y que impulse en gran manera su paso hacia el Devachán. Algunos de los Mantras de los Shradhas Indús (ceremonias para los muertos) tienen este objeto en perspectiva y son muy eficaces cuando se emplean por un hombre santo y sabio.

Pero el hombre ordinario conoce tan poco de la condición de sus seres queridos ya muertos, que hará muy bien en abstenerse de poner en movimiento una fuerza que pueda ser mal dirigida por falta de conocimiento, más exacto acerca de lo que ellos necesitan. Tal persona procedería mejor si usara aquella hermosa antífona que tan a menudo se escucha en los servicios para los difuntos, en la Iglesia Católica Cristiana: "Concédele Señor, eterno descanso y que la luz perpetua brille para el". Pues estas dos cláusulas expresan exactamente las condiciones que más necesita el difunto; primero, perfecto descanso de todo cuidado y pensamiento terrestre, a fin de que no sea perturbado su progreso hacia el mundo celestial; y segundo, la luz perpetua del divino amor brillando claramente sobre él a través de la parte superior y más espiritual de su propia naturaleza, atrayéndolo siempre hacia esa elevada luz para que su progresó pueda ser rápido. En verdad, muy poca ayuda posterior puede la tierra ofrecer a un hombre para quien esta plegaria se repita constante y fervorosamente. En esta forma cualquiera puede ayudar a sus amigos o seres queridos, elevándose hacia un nivel superior, olvidándose de sí y del engaño de la aparente pérdida, enviando pensamientos de "luz perpetua y eterna paz", y sustituyendo la tristeza egoísta e inútil por buenos deseos, sinceros y amorosos, para que el progreso de aquellos sea rápido desde el mundo astral hasta el celestial.

PREG. — ¿Podemos hacer algo en ayuda de una persona que está próxima a morir? Si así fuere, ¿cómo y cuando?

RESP. — Ciertamente podemos hacer mucho en ayuda de ella. Si nos es dado estar a su lado físicamente durante su enfermedad, podremos explicarle las condiciones después de la muerte; cualquiera explicación razonable de estas condiciones, en un dialogo íntimo y apacible acerca de la vida allende la tumba, aliviara en gran manera su ánimo. Empero, si nos es imposible la comunicación física, podremos ayudar a un moribundo desde el plano astral. Debe uno fijar en su mente, antes de entregarse al sueño, la intención de ayudar a aquella persona particular con las razones que se le pueden presentar. El objetivo capital del que ayuda, es calmar y fortalecer al que sufre e inducirlo a, darse cuenta de que la muerte es un proceso perfectamente natural explicándole la naturaleza del plano astral y de las preparaciones necesarias para progresar hacía el mundo celestial.

Por otra parte, quien trate de auxiliar deberá poseer las siguientes cualidades: saber enfocar su mente en la labor exclusiva de auxilio; perfecto control de sí sobre su temperamento y nervios; perfecta calma, serenidad y estado de gozo; conocimiento de los planos superiores, y ausencia total de egoísmo, con un corazón, lleno de amor. He ahí cómo se puede ayudar efectivamente al moribundo y al difunto.

El muerto puede permanecer inconsciente después de la muerte por un momento o por pocos minutos, horas, días, o aún semanas; y sí bien una persona entrenada puede observarlo por sí mismo, quien no lo estuviere, debería hallarse listo para ayudar durante varias noches sucesivas a fin de no fallar a la hora que el muerto recobre su conciencia en el mundo astral.


PREG. — ¿Encontraremos a los seres queridos que nos han precedido en la muerte?

RESP. — Seguramente que sí, pues la atracción actuará como un imán y nos reunirá. Si el ser amado murió recientemente, lo encontraremos en el plano astral, pero, si él abandonó la tierra hace mucho tiempo, es posible que haya pasado ya del astral al mundo celestial; y cuando nosotros lleguemos hasta aquel mundo, lo tendremos de nuevo a nuestro lado en su mejor condición posible, mediante nuestra forma o imagen mental de él, vivificada por el Ego de aquel amigo, como se explicará en breve. No hemos perdido a aquellos a quienes amamos; cuando el afecto existe, la reunión es segura, ya que es uno de los mayores poderes del Universo, sea en Vida o en Muerte.


PREG. — ¿Por qué es perjudicial a un hombre la muerte repentina y cuál es la razón de la antigua plegaría de la Iglesia: "De muerte repentina líbranos Señor?

RESP. — Las condiciones de vida de un hombre después de la muerte dependen en primer lugar, de la duración del tiempo que él permanezca en cualquiera de los subplanos, y en segundo lugar, de la cantidad de conciencia suya que enfoque en él; mientras que la duración del tiempo en cualquiera de los subplanos dependerá de la cantidad de materia de aquel subplano que tuviere en su cuerpo. Y así los dos factores de la existencia post-mortem, dependen, no de la naturaleza de la muerte, sino de la naturaleza de la Vida que se vivió, ya que ningún accidente puede afectar al hombre.

Empero, si bien una muerte repentina no empeora necesariamente la posición de un hombre en el mundo astral, tampoco la mejora en nada. El lento desgaste de los cuerpos ancianos, o el deterioro que ocasiona una prolongada enfermedad, invariablemente debilitan y disgregan las partículas astrales, consumiendo la mayor parte de los bajos deseos, de tal suerte que cuando un hombre recobra su conciencia en el plano astral, mucha de su labor allá quedó ya hecha para él por haber sido ya consumidas y alejadas de sí las partículas que pertenecían a los niveles inferiores; en tanto que la víctima de muerte repentina, conservando un cuerpo astral mucho más fuerte con el cual tendrá que habérselas, podrá prolongar algo más su residencia en los subplanos inferiores del mundo astral. Al mismo tiempo, si aprende el a hacer buen uso de aquella Vida, puede generar mucho más buen karma que el que hubiere sido capaz de crear en igual tiempo en el plano físico; y así hay siempre dos conceptos que tomar en consideración en cada caso.

Además, a menudo persisten después de la muerte el terror mental y la agitación, cosas que no son preparaciones favorables para la vida astral. En nuestra actual etapa de evolución, frecuentemente pasamos casi toda una noche en considerar y reconsiderar el último pensamiento definido que ocupó nuestra mente antes de entregamos al sueño. De igual manera, no carece de importancia el último pensamiento en la mente antes de morir, especialmente tratándose de una persona de poco desarrollo, cuya conciencia astral sea vaga y caótica; ya que su último pensamiento ocupara su mente por largo tiempo y hasta cierto punto establecerá la clave que dará el tono a gran parte de su vida astral. Por eso valdría la pena de cuidar que tal pensamiento fuese de buena clase; lo que no es posible en caso de una muerte súbita. Por supuesto, tratándose de gente regularmente desarrollada e inteligente, la actitud general de su mente, la tendencia general de sus pensamientos durante la vida terrestre, darían el tono a su labor probable durante la vida astral, y la idea particular que ocupara su pensamiento en el momento de la transición de un estado a otro, no significaría mucho.


PREG. — ¿Hay otros habitantes en él mundo astral además de los muertos?

RESP. — El mundo astral está habitado no tan sólo por los muertos, sino también por una tercera parte de los vivientes, quienes temporalmente han dejado sus cuerpos físicos durante el sueño. Como la materia astral es muy plástica bajo la influencia del pensamiento, un hombre en el mundo astral aparece semejante a sí mismo, usando los trajes en los cuales piensa. Igualmente es allí el lugar de residencia de los Adeptos y Sus discípulos; de personas que se han desarrollado psíquicamente sin la guía de un Maestro y de magos negros y sus alumnos.

En aquel mundo se encuentra también un gran número de seres humanos de otra clase, sin cuerpos físicos; algunos muy sobre el nivel humano, como los Nirmánakayas; los discípulos de los Maestros en espera de reencarnación, etc. y otros bajo dicho nivel, como los despojos astrales y los cascarones de los muertos; los cascarones vitalizados para la Magia Negra; los magos negros muertos, los Discípulos de ellos, etc.

Residen en este plano, asimismo, seres no humanos como la esencia elemental de nuestra evolución, y los cuerpos astrales de animales y gran parte de la población del mundo astral la forman espíritus de la naturaleza de varias clases que se llaman Hadas, Duendes, trasgos, faunos, sátiros, espíritus chocarreros, etc., los cuales tienen una línea diferente de evolución y generalmente usan una forma humana diminuta; así como también Devas o Ángeles mucho más adelantados en la evolución que el hombre. Igualmente, es esta la residencia, de entidades artificiales, los elementales inconscientemente formados por hombres ordinarios, y conscientemente formados por Adeptos y magos negros; así como de elementales artificiales humanos empleados en las sesiones espiritistas.

De consiguiente nosotros no somos los únicos ni los principales habitantes del mundo astral, ya que tal mundo está poblado en su mayor parte por seres pertenecientes a otras líneas de evolución que corren paralelamente a la nuestra, y los cuales, si bien pasan por un nivel correspondiente al de la Humanidad, no pasan jamás por la Humanidad.

Normalmente los sentidos de los habitantes del mundo astral son capaces de responder tan sólo a las ondulaciones de su propio mundo. Un hombre qué vive en el mundo físico ve, oye y siente por vibraciones conectadas con la materia física alrededor de sí. Igualmente se halla rodeado por los mundos astral, elemental y otros que ínter penetran su propio mundo más denso, pero normalmente no es consciente de ellos porque sus sentidos no pueden responder a las oscilaciones de aquellas materias, así como nuestros OJOS físicos no pueden responder a las vibraciones de la luz ultravioleta. Un ser que viva en él mundo astral, podrá estar ocupando el mismo espacio que un ser viviente en el mundo físico; sin embargo, cada uno será enteramente inconsciente del otro y no impedirá en manera alguna sus libres movimientos. Y esto, mismo es verdad respecto de los otros mundos. Estamos continuamente rodeados por los mundos de materia más fina, que se hallan tan cerca de nosotros como este mundo que miramos, y sus habitantes están pasando a través de nosotros y cerca de nosotros, pero no nos damos cuenta de ello..... continuará


3 comentarios:

El filósofo dijo...

La verdad es que la visión de la muerte que ofrecéis es bastante tranquila, las descripciones del más allá ( o acá dentro, como yo lo llamaría ) son realmente ricas y detalladas.Me llama la atención la idea de que nuestro último pensamiento nos acompañe por largo tiempo, hay que estar muy entrenado y llegar a un buen nivel de evolución para que enmedio del desasosiego de la muerte el pensamiento quede equilibrado y controlado por él mismo. Un saludo.

Ángel y Pilar dijo...

La muerte es totalmente tranquila ya que es la liberación de todos los sufrimientos, angustias, etc etc, al parecer, el problema es el sufrimiento previo a la muerte.Durante nuestra vida física deberíamos entrenar a nuestra mente, en un solo pensamiento, repitiendolo para nosotros, hasta la saciedad, y es pedir a Dios, Conciencoa Cosmica, Realidad Suprema etc. llamese como uno quiera, que en el momneto supremo de dar el paso, nos De la Luz, El Amor y el Conocimiento. Al otro lado nos vamos ha encontrar con realidades afines a las vibraciones que hayamos desarrollado en esta vida, con multiples tentaciones, que de caer en ellas retrocederiamos de forma tremenda en la escala evolutiva.De ahí pedir La Luz, que se nos permita llegar a Ella, La Luz, es el símbolo de Lo Divino,la maravilla más icreible que pudieramos imaginar, y estar en Ella, es literalmete, esta en La Gloria. Nos dé Amor, ya que con ese sentimiento se nos abre todas las puertas que nos permitirá vibrar en altísima frecuenbcia para llegar a La Luz. Y que nos de el Conocimiento, ya que a través de El, comprenderemos todo aquello que se nos presente. Como verás es bien simple, no hay que tener un gran nivel de evolución, yo creo que es muy importante la predisposición que tengamos ante este gran momneto que todos tenemos que vivir y el uso que hagamos de nuestros pensamientos, palabras y obras.

Anónimo dijo...

SIENTO QUE ES VERDAD, GRACIAS, ESPERO LA PRÓXIMA PUBLICACIÓN. TE DESEO LUZ ETERNA