sábado, 15 de noviembre de 2008

LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE (3ª parte)


PREG. — ¿Cuáles son los alrededores en el mundo astral?

RESP. — En su mayoría la gente se construye allí sus propios alrededores. El mundo astral, se halla dividido en siete subdivisiones que se agrupan, en tres clases. Y contando desde la más elevada, las subdivisiones, 1, 2 y 3 forman una clase; las cuarta, quinta y sexta, otra clase; y la séptima sola la tercera clase. Como ya se explicó antes, aunque estas subdivisiones se ínter penetran libremente, la materia de las subdivisiones superiores se encuentra en su totalidad a una mayor elevación sobre la superficie de la tierra, que la masa de materia de las subdivisiones inferiores; por lo cual, si bien cualquier persona puede moverse en cualquier parte de aquel plano, su tendencia natural es flotar en el nivel que corresponde a la gravedad específica de la materia mas pesada de su cuerpo astral. Una persona que no haya permitido el reajuste en su cuerpo astral, puede flotar en cualquier región a voluntad, pero el hombre que consintió en tal reajuste se encuentra confinado a un nivel solamente, no porque no pueda elevarse a lo más alto, o sumirse en lo más denso, sino porque tan sólo está capacitado para sentir claramente lo de aquel subplano cuya materia esté, por entonces, en la parte externa de los cascarones concéntricos de su cuerpo astral.

El subplano inferior, o séptimo, el arrabal astral con su atmósfera lóbrega y deprimente, bajo la superficie de la tierra, es el más horrible y repulsivo y está poblado por la escoria de la humanidad, asesinos, rufianes, borrachos, libertinos, etc., flotando en la oscuridad y separados de los demás muertos, si bien son allí conscientes solamente los culpables de crímenes brutales, o de crueldad deliberada, o los poseídos por bajos apetitos. También se encuentran allí conscientes de un tipo generalmente mejor, por ejemplo, los suicidas que cometieron el asesinato de su cuerpo a fin de escapar al castigo merecido por su crimen.

Las subdivisiones cuarta, quinta y sexta pueden considerarse como el doble astral del plano físico. La gran mayoría de seres hacen cierta estancia en la sexta subdivisión, la cual es simplemente como la vida física menos el cuerpo físico y sus necesidades; en tanto que la quinta y la cuarta son meramente copias esterilizadas de la sexta, siendo allí la vida menos material.

Los niveles primero, segundo y tercero, si bien ocupan el mismo espacio, dan la idea de estar mucho más alejados del físico, puesto que los seres que allí habitan han perdido de vista la tierra y sus pertenencias, y se encuentran profundamente absortos en sí mismos. La tercera región es la "tierra estival o de promisión" de los espiritistas, en la cual los muertos, por el poder de sus pensamientos, dan forma a escuelas, iglesias y templos, casas y ciudades; o a bellos paisajes, como deleitosos jardines, encantadores lagos y magnificas montañas. Estas meramente son creaciones colectivas de pensamiento, pero la gente vive allí muy contenta por muchos años.

La segunda sección es el cielo material del ortodoxo ignorante; la residencia del religioso egoísta o falto de espiritualidad, que lleva en él su "corona de gloria" y adora la representación groseramente material, hechura suya, de la deidad particular de su tiempo y país. Es el delicioso "campo de caza" del piel roja: el "Valhalla" de los nórdicos; el "Paraíso lleno de huríes", del Mahometano; la "Nueva Jerusalén de las “puertas de oro”, del Cristiano; el cielo lleno de liceos y edificios del reformador materialista.

La región primera o superior, se halla ocupada por hombres y mujeres intelectuales, decididamente materialistas, o ansiosos de alcanzar, por los modos físicos de estudio, un conocimiento basado en egoísta ambición o en el placer de un ejercicio intelectual. Allí se encuentran muchos políticos, estadistas y hombres de ciencia.

La vida astral es el resultado de todos aquellos sentimientos que tienen en sí el elemento del "Yo". Si hubieren sido marcadamente egoístas, aportarán a su dueño condiciones de gran contrariedad en el mundo astral; si hubieren sido buenos y benévolos, aunque teñidos por pensamientos del "yo", le aportarán una vida astral relativamente agradable, pero aún limitada. En cambio, aquéllos pensamientos y sentimientos que hayan sido enteramente altruistas, producen su resultado en la vida del mundo mental; por consiguiente, tal vida en el mundo mental no puede producir más que bienaventuranza. La vida astral que el hombre ha hecho para sí, o llena de sufrimiento o relativamente gozosa, corresponde a lo que los cristianos llaman purgatorio; en tanto que la vida en él mental inferior, que siempre es por completo feliz, corresponde a lo que se llama “el cielo”.


PREG. — Entonces ¿no existe el infierno?

RESP. — No. El hombre fabrica para sí mismo su propio purgatorio o su cielo, que no son localidades, sino tan sólo estados de conciencia. No existe el infierno, que es tan sólo una ficción de la imaginación teológica. La creencia popular del cristiano en un fuego eterno y en un castigo sempiterno, no es más que una superstición peculiarmente perniciosa, enseñada por los monjes medievales. La única cosa que, desde el punto de vista cristiano, debería tener alguna importancia, es lo que el Mismo Cristo dijo acerca del particular. Hay en los Evangelios ocho pasajes en los cuales se supone que El mencionó un castigo eterno, y fácilmente se puede demostrar qué cada una de estas ocho citas nada tiene que ver con la idea popular que se les atribuye. Existe un libro llamado "SALVATOR MUNDI”, escrito por un clérigo Cristiano, el Padre Sandal Cox, que investiga muy cuidadosamente las palabras griegas originales de lo que se alega que dijo él Cristo, explicando lo que quiso significar, e indica las otras palabras que El debió haber usado, si hubiese hablado en griego, a fin de que encajaran en la interpretación popular. El no pudo significar lo que la gente generalmente piensa que dio a entender. Y eso demuestra que no hay una base racional para un castigo sempiterno, aparte de que el caso puede ser refutado desde muchos otros puntos de mira. Es fácil comprender que si hay un Dios, y que si El es un Padre amoroso, la crueldad de un castigo eterno, con su aparente injusticia, es absolutamente imposible.

Sin embargo, adviene un período en la evolución humana, el cual todavía dista millones de años, (el llamado Día del Juicio), cuando las almas jóvenes, o los seres, que tenazmente se hayan opuesto al progreso evolutivo, son puestas aparte no para un infierno perdurable, sino en una condición de animación relativamente suspendida, en la cual habrán de esperar el advenimiento de otro esquema de evolución que les ofrezca, en sus etapas primitivas, una oportunidad de adelanto mucho más en relación con los límites de sus débiles capacidades.

Tales seres quedan simplemente en la posición en que se hallaría un niño que no hubiere estado a la altura de sus compañeros de clase; no podrá trabajar en compañía de ellos cuando lleguen a la última, la más difícil parte del curso de estudios señalado para fin de año, por lo cual tendría que esperar hasta que, al empezar el próximo año escolar, otro grupo de niños empezara los mismos estudios que él no pudo seguir. Uniéndose a ellos y recorriendo así el mismo camino anterior podrá ahora sobrepasar con éxito las dificultades del sendero, a las cuales sucumbió anteriormente. He ahí todo lo que el asunto significa; podríamos llamarla una "condenación eónica", pues tal es la, verdadera traducción de las palabras que tan crasamente se malinterpretaron por "condenación eterna". De ningún modo es una damnación ni siquiera una condenación en algún mal sentido; sencillamente es una "suspensión" por el presente eón o dispensación. Pero la morbosa imaginación de los monjes medievales, siempre en busca de oportunidades para introducir en su credo horrores grotescamente agravados a fin de aterrorizar más a una feligresía increíblemente ignorante, con el objeto de extraer mayores óbolos para el sostenimiento de la "Santa Madre Iglesia", torció esta idea, perfectamente simple, de una "suspensión eónica", por una "condenación eterna".

Con todo, si un hombre viviera locamente, podrá preparar para sí un purgatorio desagradable y de larga duración, si bien ni el cielo ni el infierno pueden ser eternos ya que una causa finita tan sólo puede producir un resultado finito.


PREG. — Según eso, en Kamaloka o el mundo astral, ¿cuales serían, separadamente, las condiciones de un ser muy malo, de un ser que hubiese adquirido ya algunos intereses racionales?

RESP. — Las condiciones de la vida post-mortem son casi infinitas en su variedad. Todo ser ordinario que haya permitido el reajuste de su cuerpo astral después de la muerte, habrá de atravesar por las siete subdivisiones en turno, aunque no cada uno es consciente en todas ellas. Una persona ordinariamente buena; no tendrá en su cuerpo suficiente materia del subplano ínfimo para formarse una gruesa envoltura; generalmente tiene materia, el sexto subplano mezclada con una poca del séptimo; y así, después de la muerte, por regla general solamente le interesa la contraparte del mundo físico.

Pero un ebrio, o un sensual que durante, la vida física hubieren sido presa del vino o de la lujuria al grado de supeditar a su vicio toda razón y sentimientos de decencia o afectos de familia, se encontraran, después de la muerte, en las más bajas subdivisiones del mundo astral pues sus anhelos fueron tales que exigían un cuerpo físico para su satisfacción. Esas ansias se manifiestan como vibración en el cuerpo astral, y mientras el hombre vivió en el mundo físico, la mayor parte de su fuerza se empleó en poner en movimiento las pesadas partículas físicas. Pero hallándose en el mundo astral sin cuerpo físico para amortiguar y demorar la fuerza de las vibraciones del deseo, siente los apetitos tal vez centuplicados en su poder y sin embargo se ve completamente incapaz de satisfacerlos por falta del organismo físico; y así su vida es entonces un verdadero infierno, el único infierno que existe. Empero, él se halla cosechando el resultado perfectamente natural de su propia acción y ningún poder externo lo está castigando. Gran parte del sufrimiento resulta allí de la falta de satisfacción del vicioso deseo fortalecido y fomentado mientras usaba el cuerpo físico; el pecador es su propio verdugo. Todo esto fue bien conocido en el mundo antiguo, aún entre los Griegos quienes lo representaban fielmente bajo el mito de Tántalo, quien constantemente sufría una rabiosa sed y estaba por siempre condenado a mirar que el agua se alejaba de él a medida que sus labios estaban a punto de tocarla.

Un asesino que en Kamaloka o mundo astral, está reconstruyendo una y otra vez las escenas del asesinato y los sucesos subsiguientes, repitiendo incesantemente su nefasto crimen y pasando de nuevo por todos los terrores de su arresto y ejecución, está sin duda experimentando un "infierno" en comparación del cual el fuego y el azufre son meras ficciones teatrales. En muchos casos, como el asesino piensa y piensa otra vez en el crimen cometido, por esta incesante meditación, medio maligna, medio terrorífica, producirá algo semejante a una obsesión de la escena de su violenta muerte.

Pero ninguna de estas condiciones es eterna y ninguna es punitiva. Son el inevitable resultado de causas puestas en fuego durante la vida en el mundo físico, condiciones que duran tan sólo mientras subsisten las fuerzas generadoras. Con el transcurso del tiempo se agota la fuerza deseo, pero tan sólo a costa de terrible sufrimiento para el hombre; y como en el mundo astral el tiempo se puede medir únicamente por medio de sensaciones, ya que no hay otro medio de computarlo como los que tenemos en el mundo físico, cada día puede compararse a mil años. Por tanto la blasfema idea de la condenación eterna parece ser una tergiversación de este hecho.

El destino de Sísifo, en la mitología Griega, tipifica exactamente la vida astral del hombre de ambiciones mundanas. Sísifo estaba para siempre condenado a empujar una pesada roca hacia la cima de una montaña únicamente para mirar cómo la piedra rodaba de nuevo hacia el abismo, ya al momento de obtener el éxito. El hombre de ambiciones egoístas alimentó durante toda su vida la costumbre de formal planes para su propio interés, por lo cual continuará haciendo lo mismo durante su vida en el mundo astral; él formula cuidadosamente sus planes hasta que, ya perfectos en su mente, se da cuenta de haber perdido el cuerpo físico necesario para su cumplimiento; caen por completo sus esperanzas; empero, de tal manera se inculcó la costumbre, que continúa una y otra vez rodando su misma piedra hacia la cúspide de la montaña de la ambición, hasta que llega el tiempo en que el vicio se agota por completo. Por ultimo se da cuenta de que no precisa empujar más su piedra y la deja que descanse en paz al pie de la montaña. Tomemos ahora el caso de un hombre ordinario, incoloro, que no posea vicios particulares pero que se encuentra apegado, aún, a las cosas del mundo físico; cuyas ideas no hayan pasado más allá de la murmuración o de lo que se llama "sport", que no haya pensado en otras cosas que sus negocios o sus trajes, y cuya vida hubiere transcurrido en hacer dinero o en pasatiempos sociales. El mundo astral lo llenará de fastidios pues le es imposible encontrar allí las cosas que ansia, ya que no existen en aquel mundo ni los negocios, ni los compromisos, ni los convencionalismos en los que se basa la sociedad del mundo físico.

Con todo, excepto para una pequeña minoría, la situación después de la muerte es para todos más feliz que sobre la tierra, puesto que desde luego ya no hay necesidad de ganarse el sustento diario. El cuerpo astral no siente hambre, ni frío, ni sufre enfermedades; cada ser, en el mundo astral, por el sólo ejercicio de su pensamiento, podrá vestirse como guste. Por vez primera, desde su temprana niñez, el hombre se siente allí enteramente libre para emplear su tiempo en hacer exactamente lo que le plazca.

Las personas que tuvieren los mismos gustos y propósitos se agruparan, naturalmente, tal como lo hacen en él mundo físico; y nunca faltará ocupación provechosa para un hombre que abrigue intereses razonables, con tal de que éstos no requieran un cuerpo físico para su expresión, Un enamorado de las bellezas de la naturaleza podrá viajar rápidamente, a cientos de kilómetros por segundo, sin fatiga, hasta los más deliciosos parajes del mundo; otro cuyo goce sea el Arte, tendrá a su disposición las obras maestras del mundo entero, en tanto que el estudiante de ciencias encontrará abiertos todos los laboratorios del mundo; podrá visitar a todos los hombres de ciencia y captar sus pensamientos. Para un ser que durante su vida terrenal hubiere hallado sus complacencias en acciones altruistas y en el trabajo por el bienestar de otros, este será un mundo de la más vivida alegría y del más rápido progreso. Para un hombre que haya sido inteligente a la par que útil, que comprenda las condiciones de esta existencia no física y se tome la molestia de adaptarse a ellas, se abre una espléndida perspectiva de oportunidades tanto para adquirir nuevos conocimientos, como para efectuar útiles labores. De hecho, podrá él hacer mayor bien en pocos años de tal existencia astral que el que pudo haber hecho durante su vida física, por larga que hubiere sido. Por consiguiente, el mundo astral está lleno de amplias posibilidades tanto para el júbilo cuanto para el progreso............ continuará.


3 comentarios:

El filósofo dijo...

Desde luego lo que se describe aquí es alentador y hay mucha mezcla de referencias a diferentes aspectos de diferentes culturas, como el mito de Sísifo o los evangelios, incluso los apócrifos.
Se me antoja mucha materia para asimilar. Saludos.

Ángel y Pilar dijo...

Efectivamente es mucha materia, pero Zamora no se gano en una hora y te aseguramos que cuando estas metido en ello, es una maravilla, ya que te explica: que es Dios y donde está, de que manera estamos conectados con El y con el Universo, cual es la explicación de las aparentes injusticias de la vida, cual es el significado y la necesidad del sufrimiento y dolor, que es la buena suerte, el hado o el destino, que son los sueños y como se ocasionan, que es la vida, que es la muerte, etc. etc. Todo esto solamente se puede comprender, a nuestro entender, con la ayuda de la Teosofía.
Saludos

Anónimo dijo...

Me encanta!!!!!!!......Yo soy cantante lírico!!....me imaginé escuchando óperas o sinfonías o visitando ballenas!!!!!, jajajaja que lindo!!!!!!

Por eso repito sin parar Yo soy Luz eterna........ahora lo entiendo!!!.....cuando sea consciente que no estoy en mi cuerpo físico, seré Luz eterna!!!!!!

YO SOY LUZ ETERNA YO SOY AMOR ETERNO