domingo, 21 de septiembre de 2008

LA LEY DEL KARMA


La verdad y la fuerza impulsora que hay tras la reencarnación es lo que recibe el nombre de karma. En Occidente, el karma recibe a menudo una interpretación totalmente errónea que lo identifica con el sino o la predestinación, pero es más acertado concebirlo como la ley infalible de causalidad que rige el universo. La palabra karma significa literalmente «acción, acto», y designa tanto el poder latente que hay en las acciones como las consecuencias que se derivan de nuestros actos.

Toda acción implica un deseo que la originó y un pensamiento que la modeló, además del movimiento visible llamado el "acto". Un deseo estimula un pensamiento, y éste se personifica en una acción; en tanto que a veces es un pensamiento, en forma de recuerdo, el que despierta un deseo, y el deseo estalla en acción. Toda causa fue anteriormente un efecto, y cada efecto, a su vez se convierte en una causa. La acción es la forma externa de un pensamiento y un deseo invisibles, y en el propio instante de cumplirse, da nacimiento a un nuevo pensamiento y, deseo, formando los tres un círculo perennemente renovado.

La relación de estos tres, como "acción" y los interminables entrelazamientos de tales acciones como causas y efectos se hallan todos incluidos en la palabra KARMA, que es una sucesión de hechos reconocida en la Naturaleza, es, decir, una Ley. Por los cuales Karma se llama la Ley de Causación o Ley de Causa y Efecto; es la Ley de una fuerza y de los resultados por ella producidos. Esta fuerza puede actuar en el plano físico o mundo del movimiento en el astral o mundo del sentimiento, y en el mental o mundo del pensamiento.

Todo ser está usando continuamente los tres tipos de fuerza, el primero en las actividades de su cuerpo físico, el segundo en los sentimientos, de su cuerpo astral; y el tercero en los pensamientos concretos y abstractos de sus cuerpos mental y causal. Aspirar, soñar, planear, pensar, sentir, actuar, todo esto significa poner en movimiento fuerzas de los tres mundos; y, de acuerdo con el uso hecho por el hombre de tales fuerzas, crea buen karma o mal karma, al ayudar o perjudicar a otros. Puesto que es él una unidad en una humanidad de millones de individuos, y no una individualidad aislada, cada pensamiento, o sentimiento, o acción suya, afecta a sus semejantes en proporción a la proximidad de cada uno a él como distribuidor de fuerza.

Cada vez que hace uso de tales fuerzas, ya sea para auxiliar o para dañar al todo, del cual es una parte, le trae un resultado, esto es, una reacción resultante de su acción sobre los demás; en el mundo físico, un daño infligido por él a otros, producirá la reacción del dolor; en tanto que el karma o reacción de una acción benéfica es una fuerza que ajusta las circunstancias materiales de manera de producir un bienestar en el mundo astral. Las malas voluntades reaccionarán como pesares, en tanto que las simpatías le suministrarán felicidad; en el mundo mental inferior, las críticas y murmuraciones se convertirán en penas para él en tanto que el estudio y la búsqueda de la verdad le producirán inspiraciones; en el mundo mental superior, las aspiraciones serán fuente de ideales a seguir vida tras vida.

Hay muchas clases de karma: karma internacional, karma nacional, el karma de una ciudad, el de un individuo. Todos están intrisicamente relacionados y sólo pueden ser comprendidos en toda su complejidad por un ser iluminado.

En términos sencillos, ¿qué significa el karma? Significa que todo lo que hacemos, con el cuerpo, el habla o la mente, tiene su resultado correspondiente. Toda acción, aun la más insignificante, está llena de consecuencias. Dicen los maestros que incluso un poco de veneno puede causar la muerte, y que incluso una semilla minúscula puede convertirse en un árbol enorme. Y Buda dijo: «No descuides las acciones negativas sólo porque son pequeñas; por pequeña que sea una chispa, puede incendiar un pajar grande como una montaña». Y también: «No descuides las buenas acciones pequeñas creyendo que no aportan ningún beneficio; incluso las menores gotas de agua acaban llenando un recipiente enorme». El karma no se deteriora como las cosas externas ni se vuelve jamás inoperante. No puede ser destruido «por el tiempo, el fuego ni el agua». Su poder no desaparece nunca, hasta que madura.

Aunque quizá las consecuencias de nuestras acciones no hayan madurado aún, lo harán inevitablemente cuando se den las condiciones adecuadas. Por lo general, tendemos a olvidarnos de lo que hacemos, y las consecuencias no nos dan alcance hasta mucho después, cuando ya no somos capaces de relacionarlas con sus causas.

Los resultados de nuestras acciones suelen presentarse tarde, incluso en vidas futuras; no podemos atribuirles una causa, porque cualquier acontecimiento puede ser una combinación complejísima de muchos karmas que han madurado juntos. Así, tendemos a suponer que las cosas nos ocurren «por casualidad», y cuando todo va bien lo achacamos a la «buena suerte».

Sin embargo, ¿qué otra cosa, si no el karma, permite explicar de un modo satisfactorio las pronunciadas y extraordinarias diferencias que hay entre nosotros? Aunque hayamos nacido en el mismo país o en la misma familia, o en circunstancias semejantes, todos tenemos un carácter distinto, nos suceden cosas completamente distintas, tenemos distintos talentos, inclinaciones y destinos.

Dijo Buda:
«Lo que eres es lo que has sido, lo que serás es
lo que haces ahora».

Padmasambhava aún fue más lejos:
«Si quieres conocer tu vida pasada, contempla tu estado presente; si quieres conocer tu vida futura, contempla tus acciones presentes».
La clase de nacimiento que tendremos en la próxima vida viene determinado, pues, por la naturaleza de nuestras acciones en ésta.
Y es importante no olvidar nunca que el efecto de nuestras acciones depende por completo de la intención o motivación a que responden, y no de su envergadura.

Así pues, es nuestra motivación, ya sea buena o mala, la que determina el fruto de nuestros actos.

Shantideva dijo:
Todo la dicha que hay en este mundo, toda
proviene de desear que los demás sean felices;
y todo el sufrimiento que hay en este mundo,

todo proviene de desear ser feliz yo."'

Puesto que la ley del karma es inevitable e infalible, cada vez que perjudicamos a otros nos perjudicamos directamente a nosotros mismos, y cada vez que les proporcionamos felicidad, nos proporcionamos a nosotros mismos felicidad futura. Por eso el Dalai Lama dice:

“Si intentas dominar tus motivos egoístas, ira y demás, y cultivar más amabilidad y compasión hacia los demás, en último término tú mismo te beneficiará más de lo que te beneficiarías de otro modo. Por eso digo a veces que el egoísta sabio debería practicar de esta manera. Los egoístas necios siempre están pensando en ellos mismos, y el resultado es negativo. Los egoístas sabios piensan en los demás, ayudan a los demás tanto como pueden, y el resultado es que ellos también se benefician."

La creencia en la reencarnación nos demuestra que en el universo existe cierta justicia o bondad últimas. Es esta bondad la que todos intentamos descubrir y liberar. Cuando actuamos de un modo positivo, nos movemos hacia ella; cuando actuamos de un modo negativo, la obscurecemos y la inhibimos. Y cuando no podemos expresarla en nuestra vida y nuestros actos, nos sentimos desdichados y frustrados.

Así pues, si hubiera de extraer usted un mensaje esencial del hecho de la reencarnación, sería éste: cultive ese buen corazón que anhela que los demás seres encuentren una felicidad duradera y actúe para proporcionar esa felicidad. Alimente y practique la amabilidad. El Dalai Lama ha dicho: «No hay necesidad de templos, no hay necesidad de filosofías complicadas. Nuestro propio cerebro, nuestro propio corazón en nuestro templo; mi filosofía es la bondad».

El karma, pues, no es fatalismo ni predestinación. Karma es nuestra capacidad de crear y cambiar. Es creativo, porque podemos determinar cómo y por qué actuamos. Podemos cambiar. El futuro está en nuestras manos, y en manos de nuestro corazón.

"El karma lo crea todo, como un artista,
el karma compone, como un bailarín."

Para crear un hábito de pensamiento, deberá el hombre elegir una cualidad deseable, (una virtud, una emoción), y pensar entonces persistentemente en la cualidad elegida. Deberá meditar deliberadamente en ella todas las mañanas por algunos minutos, y persistir en aquella creación mental hasta que se forme un hábito y se haya creado la virtud dentro de su propio carácter, lo cual se efectúa especialmente cuando pone él en práctica el pensamiento en su diaria vida.

Como todo se halla bajo ley, no podrá obtener habilidades mentales, o virtudes morales sentándose a esperarlas; sólo podrá edificar su carácter mental y moral pensando esforzadamente y actuando de conformidad. Sus aspiraciones llegarán a ser capacidades; sus repetidos pensamientos se convertirán en tendencias y hábitos. En el pasado creó su carácter con el que nació en esta vida, y ahora está creando el carácter con el cual morirá, y con el que renacerá; y el carácter es la parte más importante del karma.

Milarepa está considerado como el mayor yogui, poeta y santo de Tíbet. En su juventud, Milarepa estudió para llegar a ser un hechicero y, movido por la sed de venganza, mató y arruinó a innumerables personas con su magia negra. Sin embargo, gracias a su arrepentimiento y a todas las pruebas y penalidades a que le sometió su gran maestro Marpa, consiguió redimir todos sus actos negativos. Y luego siguió practicando hasta alcanzar la Iluminación y convertirse en una figura que ha sido fuente de inspiración para millones de personas a lo largo de los siglos.

En Tíbet dicen que «la acción negativa tiene una buena cualidad: puede redimirse». De modo que siempre hay esperanza. Aún los asesinos y los criminales más empedernidos pueden cambiar y vencer el condicionamiento que los condujo a sus crímenes. Si la utilizamos hábilmente y con sabiduría, nuestra condición actual puede servirnos de inspiración para liberarnos de las cadenas del sufrimiento.

Cualquier cosa que nos esté ocurriendo ahora es reflejo de nuestro karma pasado. Si sabemos eso, si lo sabemos realmente, cuando nos acosan el sufrimiento y las dificultades no los consideramos un fracaso o un desastre especial, ni concebimos en modo alguno el sufrimiento como un castigo. Tampoco nos acusamos ni nos dejamos llevar por el odio hacia nosotros mismos. Vemos el dolor que estamos experimentando como el cumplimiento de los efectos, los frutos, de un karma pasado.

Los tibetanos dicen que el sufrimiento es «una escoba que barre todo nuestro karma negativo». Incluso podemos sentirnos agradecidos porque un karma está llegando a su fin. Sabemos que la «buena suerte», un fruto del buen karma, puede acabarse pronto si no la utilizamos bien, y que la «desgracia», resultado del karma negativo, en realidad puede estar ofreciéndonos una magnífica oportunidad de evolucionar.

Para los tibetanos, el karma posee un significado absolutamente vívido y práctico en su vida cotidiana. Viven según del principio del Karma, en el conocimiento de su verdad, y esta es la base de la ética budista. Comprenden que se trata de un proceso natural y justo. Por tanto, el karma les inspira un sentido de responsabilidad personal en todo lo que hacen.

¿Es realmente tan difícil ver el karma en funcionamiento? ¿Acaso no nos basta contemplar nuestra propia vida para ver claramente las consecuencias de algunos de nuestros actos? Cuando perjudicamos o herimos a alguien, ¿no se volvió nuestra acción contra nosotros? ¿No nos quedó un recuerdo amargo y negro, y las sombras del autodesprecio? Ese recuerdo y esas sombras son karma. Nuestros hábitos y temores también se deben al karma y son consecuencia de actos, palabras o pensamientos del pasado. Si examinamos nuestras acciones y les prestamos verdadera atención, veremos que hay una pauta que se repite en nuestros actos. Cada vez que actuamos de un modo negativo, la consecuencia es dolor y sufrimiento; cada vez que actuamos de un modo positivo, tarde o temprano el resultado es felicidad.

Me ha impresionado mucho descubrir la asombrosa precisión con que los informes sobre las experiencias de casi muerte confirman la verdad del karma. Uno de los elementos característicos de la experiencia de casi muerte, un elemento que ha dado mucho que pensar, es el «repaso panorámico de la vida». Al parecer, las personas que pasan por esta experiencia no sólo repasan con toda nitidez los acontecimientos de su vida pasada, sino que también pueden contemplar las más profundas implicaciones de todos sus actos. Experimentan, de hecho, la gama completa de efectos que sus actos produjeron sobre los demás y todos los sentimientos, por turbadores o desagradables que fueran, que suscitaron en ellos:

Toda mi vida fue sometida a examen. Muchas de las cosas
que experimenté me hicieron sentir avergonzado, porque me
parecía tener un conocimiento distinto.
[...] No sólo lo que
yo había hecho, sino cómo había afectado a otras personas.
[...] Descubrí que ni siquiera los pensamientos se pierden."

Mi vida pasó ante mí.
[...] Lo que ocurrió fue que volví a
sentir todas las emociones que había sentido en mi vida. Y
mis ojos me mostraban la base de cómo esa emoción afectó
a mi vida. Lo que mi vida había hecho hasta ese momento
para afectar las vidas de otras personas.
[...]

Yo era aquella misma gente a la que había hecho daño, y
era aquella misma gente a la que había ayudado a sentirse
bien.

Fue revivir totalmente todos los pensamientos que había
tenido, todas las palabras que había pronunciado y todos los
actos que había hecho en mi vida; más el efecto de cada
pensamiento, palabra y acto sobre todas y cada una de las
personas que alguna vez se habían acercado a mi entorno o
mi esfera de influencia, tanto si las conocía como si no...;
más el efecto de cada pensamiento, palabra y acto sobre

el clima, las plantas, los animales, la tierra, los árboles, el
agua y el aire.


Creo que estos testimonios deben tomarse muy en serio, pues nos ayudarán a todos a comprender plenamente las implicaciones de nuestros, actos, palabras y pensamientos, y nos inducirán a ser cada vez más responsables. He observado que mucha gente se siente amenazada por la realidad del karma, porque empiezan a darse cuenta de que no pueden escapar a esta ley natural. Hay quienes manifiestan un desprecio absoluto por el karma, pero en su interior albergan profundas dudas sobre su propia negación. Puede que durante el día muestren un osado desdén hacia toda moralidad, una confianza artificial y despreocupada, pero a solas por la noche su mente está con frecuencia sombría y angustiada.

Tanto Oriente como Occidente tienen su propia manera de eludir las responsabilidades que se derivan de la comprensión del karma. En Oriente la gente utiliza el karma como excusa para no prestar ayuda a nadie, alegando que, sufran lo que sufran, se trata de «su karma». En el Occidente «librepensador» hacemos lo contrario. Los occidentales que creen en el karma a veces son exageradamente «sensibles» y «cuidadosos» y dicen que ayudar efectivamente a alguien equivale a entrometerse en algo que esa persona «debe resolver por sí misma». ¡Qué manera de evadirse y de traicionar nuestra humanidad! ¿Acaso no podría decirse con el mismo fundamento que es nuestro karma encontrar el modo de ayudar?.

Conozco a unas cuantas personas ricas. La riqueza podría ser su destrucción, si fomenta en ellas la indolencia y el egoísmo; por otra parte, podrían aprovechar la oportunidad que les ofrece el dinero para ayudar realmente a otros, y, de ese modo, ayudarse a ellas mismas.

Nunca debemos olvidar que es por medio de nuestros actos, palabras y pensamientos como obtenemos una elección. Y si queremos podemos poner fin al sufrimiento y a las causas del sufrimiento, y contribuir a que despierte en nosotros nuestro verdadero potencial, nuestra naturaleza de buda. ( Un buda es una persona que ha puesto un definitivo final al sufrimiento y la frustración, ha despertado completamente de la ignorancia, abriendose a su basto potencial de sabiduria y así ha descubierto una paz y una felicidad duraderas e inmortales).

Hasta que esta naturaleza de buda no esté completamente despierta y nos veamos liberados de nuestra ignorancia y nos fusionemos con la mente iluminada inmortal, la sucesión de nacimientos y muertes no tendrá fin. Así pues, nos dicen las enseñanzas, si no asumimos la responsabilidad más amplia posible, respecto a nosotros mismos en esta vida, nuestro sufrimiento se prolongará no sólo durante unas cuantas, sino durante miles de vidas.

Es este grave conocimiento lo que hace pensar a los budistas que las vidas futuras son más importantes incluso que ésta, puesto que son muchas más las que nos aguardan en el futuro.

Esta visión a largo plazo rige su forma de vivir. Saben que si sacrificamos toda la eternidad por esta vida es como si nos gastáramos los ahorros de toda la vida en tomar una copa, prescindiendo neciamente de las consecuencias.

Pero si observamos la ley del karma y despertamos en nosotros el buen corazón del amor y la compasión, si purificamos nuestro continuo mental y despertamos gradualmente la sabiduría de la naturaleza de nuestra mente, podemos llegar a convertirnos en un ser verdaderamente humano y, en último término, iluminado.


Albert Einstein dijo:

Un ser humano es parte de un todo al que llamamos
"universo», una parte limitada en el tiempo y en el espacio. Este
ser humano se ve a sí mismo, sus pensamientos y sensaciones, como algo separado del resto, en una especie de ilusión óptica de su conciencia. Esta ilusión es para nosotros como una cárcel que nos limita a nuestros deseos personales y a sentir afecto por unas pocas personas que nos son más próximas. Nuestra tarea ha de consistir en liberarnos de esta cárcel ampliando nuestros círculos de compasión de modo que abarquen a todos los seres vivos y a toda la naturaleza en su esplendor.

Aquellas personas que dominan la ley del karma y alcanzan la realización pueden elegir seguir regresando vida tras vida para ayudar a otros.


Fuentes consultadas:
- Teosofía Explicada de P.Pavri.
- El Libro Tibetano de la vida y de la muerte de Sogyal Rimpoché.

sábado, 6 de septiembre de 2008

LA GRAN INVOCACIÓN

A continuación os transcribimos la Oración de la Gran Invocación, donde explica cuando fue creada, su significado y para que sirve. Esperamos que este en la línea de vuestras inquietudes.

Ángel y Pilar


LA GRAN INVOCACION de DWJAL KUHL


Desde el punto de Luz en la Mente de Dios,

Que afluya Luz a las mentes de los hombres;

Que la Luz descienda a la Tierra.

(Chakras 7,6,5)

Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,

Que afluya Amor a los corazones de los hombres;

Que Cristo** retorne a la Tierra.

(Chakras 4 y 3)

Desde el Centro donde la Voluntad de Dios es conocida,

Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres,

El Propósito que los Maestros conocen y sirven.

(Chakra 2)

Desde el centro que llamamos la raza de los hombres,

Que se realice el Plan de Amor y de Luz

Y selle la puerta donde se halla el mal.

(Chakra 1)

Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.




** Cuando estemos reflexionando, meditando o invocando, a través de las
frases que se encuentran contenidas en la segunda estrofa de La Gran Invocación, podemos realizar nuestro llamado A Aquel Que Viene con uno de los Nombres con los que Se le conoce desde hace más de 2000 años, en Su carácter de Instructor Del Mundo, en las culturas: Cristiana, Bhudhista, Islámica, Hinduista, Israelita, Tibetana y Persa, tal como se encuentran transcriptos a modo de ejemplo, dentro de las frases que por orden alfabético , son presentadas a continuación:

Que Cristo retorne a la Tierra. Cristiana
Que El Bhodhishatva retorne a la Tierra. Bhudhista
Que El Iman Majdi retorne a la Tierra.
Islámica
Que El Mesías retorne a la Tierra. Israelita
Que Krishna retorne a la Tierra. Hinduista
Que Maitreya retorne a la Tierra. Tibetana
Que Muntazar retorne a la Tierra. Persa

En todos los casos estamos invocando A Ese Excelso Ser, Quien Es: Maestro de Maestros, Instructor de Angeles y hombres, Conductor de la Jerarquía Espiritual del Planeta, y Guía Espiritual de toda la Humandidad.


La Gran Invocación es una plegaria, una técnica de alineamiento, una fórmula de meditación y una invocación mántrica por Luz y Amor que evoca una respuesta.

La Gran Invocación es una serie de invocaciones codificadas. Es una herramienta de muchos niveles para alinear al alma individual con la presencia del Yo Soy. Sus tres niveles operan en el ámbito de la Luz, del Amor y de la Voluntad. He aquí una explicación de cada invocación:

Desde el punto de Luz en la mente de Dios,
Que afluya luz a las mentes de los hombres;
Que la luz descienda a la Tierra.

La Luz de la Verdad abre la mente hacia el propio yo-Dios. La búsqueda de la verdadera naturaleza del hombre generalmente comienza con el cuestionamiento mental y este verso invoca a la Verdad Divina para que inunde la mente, permitiéndonos comprender que somos parte de la Fuente (p. ej. iluminación). El descenso de la Luz da como resultado que cada persona quede alineada con su alma.

Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,
Que afluya amor a los corazones de los hombres;
Que Cristo retorne a la Tierra.

Este verso invoca la apertura del corazón hacia la compasión y el entendimiento. El Amor derramado en tu corazón da por resultado tu alineación con nuestro Yo Crístico. Y el retorno de Cristo a la Tierra invoca la apertura de cada uno de nosotros hacia la banda de la Unicidad o Consciencia Crística.

Desde el centro en donde la Voluntad de Dios es conocida,
Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres;
El propósito que los Maestros conocen y sirven.

Este verso te abre a ser el Divino Siervo. Cuando tu voluntad está alineada con la Voluntad Divina, te conviertes en un Instrumento Divino. Convertirte en un Instrumento Divino es "el propósito que los Maestros conocen y sirven". Los "Maestros" no están limitados a los Maestros Ascendidos sino que se aplica a cada persona en la medida en que logra su maestría. Lograr tu maestría te alinea con tu Presencia Yo Soy.

Desde el centro que llamamos la raza de los hombres,
Que se realice el Plan de Amor y de Luz
Y que selle la puerta donde se halla el mal.

El plan de Amor y de Luz se refiere a la ascensión. El sellar la puerta en donde mora la maldad se refiere a la disolución del velo de la separación. Sólo mediante un sentimiento de separación puede ser experimentada la ilusión de la maldad. Cuando cada uno de nosotros haya disuelto el velo de la separación, la ilusión quedará desterrada y el Plan funcionará.

Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan Divino en la Tierra.

Es una invocación final a la Verdad, al Amor y al Poder en el proceso de ascensión.



En Abril de 1945, el Maestro Djwhal Khul (El Tibetano), en instrucciones dadas a sus discípulos (A.A.Bailey. Discipulado en la Nueva Era II, 137-39. Buenos Aires. Fundación Lucis, 1970) dio a conocer “La Gran Invocación” para que fuera distribuida públicamente “en el momento de la luna llena de Junio de 1945”, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, como un poderoso instrumento para que los seres humanos pudieran invocar a la divinidad y establecer una relación con ella.

Desde entonces – hace más de 50 años – esta invocación ha sido difundida por personas de todos los credos.

Es un poderoso mantra destinado a facilitar en los hombres la receptividad de diversos tipos de “energía especializada” emanada de elevados centros espirituales entre los cuales se encuentran las de Amor-Sabiduría y Rectas Relaciones Humanas.(A.A. Bailey. La Exteriorización de la Jerarquía. 529. Buenos Aires. Fundación Lucis, 1968).

El valor de este mántra para la invocación de tales energías, con su sonido y ritmo propios, es enfatizado por el Mº D.K. en sus enseñanzas contenida en su libro “La Exteriorización de la Jerarquía” (A.A.Bailey. La Exteriorización de la Jerarquía. 542. Buenos Aires. Fundación Lucis, 1968). “Llamaré nuevamente la atención sobre el hecho de que el poder evocador de la Gran Invocación (empleada ahora por tantos centenares de miles de personas) y el sonido de su ritmo mántrico es crecientemente responsable de este trabajo; una gran parte de la efectividad resultante se debe a que la humanidad emplea este mántra en constante y creciente número, siendo –combinado con su empleo científico por la Jerarquía- fructíferos sus resultados. Debería tenerse aquí en cuenta (citando una antigua frase de los Maestros) que allí “donde está el enfoque se arraigarán las potencias descendentes de acuerdo a la inspiración mántrica”. Esto significa que, debido al esfuerzo de incontables miles de hombres y mujeres de todas partes, las energías que hasta hora sólo podían penetrar hasta la sustancia jerárquica y los niveles del plano mental superior, hoy pueden, por primera vez, arraigarse exitosamente en los niveles físicos densos o, por lo menos, en los niveles etéricos. Esta realidad es mucho más importante de lo que creen.

La Gran Invocación es una plegaria mundial traducida a más de 50 lenguas y dialectos. Es un poderoso medio para ayudar a que el Plan de Dios encuentre su plena expresión sobre la Tierra. Emplearla es un acto de servicio para la humanidad. Expresa ciertas verdades fundamentales que todos los hombres aceptan corriente y naturalmente:

Que existe una inteligencia básica a la que damos el nombre de Dios.

Que existe un divino Plan de evolución dentro del Universo cuyo poder motriz es el Amor.

Que una gran individualidad denominada por los cristianos Cristo – el Instructor del Mundo – vino a la Tierra hace dos mil años para encarnar ese Amor, a fin de que nosotros comprendiéramos que el amor y la inteligencia son efectos del Propósito, de la Voluntad y del Plan de Dios.

Que sólo por medio de la propia humanidad puede ser expresado el Plan Divino.

Por medio de la invocación, de la meditación y de la plegaria, ciertas energías divinas pueden ser liberadas y puestas en actividad. Hombres y mujeres de buena voluntad de todas las creencias y nacionalidades pueden unirse dentro del servicio mundial, llevándole el valor espiritual y la fuerza resolutiva a un mundo atribulado y lleno de conflictos. Por el empleo concentrado y unificado de esta Invocación pueden los hombres alterar los acontecimientos mundiales. El conocimiento de este hecho, científicamente aplicado, puede convertirse en uno de los grandes factores de liberación de la humanidad.

Nadie que emplee esta invocación o plegaria para la iluminación y el amor dejará de producir cambios en sus propósitos de vida y en sus actitudes. “Tal como piensa un hombre en su corazón así es él”.

La Gran Invocación no pertenece a religión particular alguna ni a ninguna secta o grupo.

viernes, 1 de agosto de 2008

MÚSICA Y VIBRACIÓN FUNDAMENTALES PARA NUESTRO EQUILIBRIO


La metafísica nos dice que somos un microcosmos del universo. Eso significa que en nuestro interior poseemos hasta cierto punto todas las energías. En nuestros cuerpos físicos y sutiles radican todas las vibraciones de energía inherentes al universo. Esta vibración puede ser a la vez física y no física, implicando energías tangibles e intangibles. La mayoría de los seres humanos consideran que es más fácil percibir la naturaleza física de una vibración, que es más definible y tangible, como las cadencias en el aire a partir del sonido u otras fuentes. Pero las vibraciones que no son sensiblemente físicas también nos afectan y las notamos cuando se agudizan las percepciones.

Podemos estimular un gran número de vibraciones por simpatía en el interior de nuestro cuerpo y de nuestra mente aprendiendo a dirigir y controlar nuestra voz y utilizando ciertos instrumentos musicales, tono y clases de música. Donde hay desequilibrio, podemos utilizar el sonido dirigido para volver a los parámetros normales. Poseemos la capacidad de hacer resonar toda vibración de sonido o responder a ella, ya sea positiva o negativa. Debemos mantenernos alerta a los sonidos de nuestro entorno y fortalecer nuestras energías a fin de que sólo se filtren en nuestro campo de energía los sonidos beneficiosos.

Para que se transmita una vibración resonante hacen falta tres condiciones: Primero, debe haber una fuente de energía vibrante original, que puede ser el pensamiento, los sonidos, colores, instrumentos musicales o voces. Segundo, debe existir un medio de transmisión; para los humanos, el aire es el transmisor más corriente, en el que el movimiento vibrante pasa de una molécula de aire a otra en forma sucesiva. El oído humano puede captar entre 16 y 20.000 vibraciones por segundo. No obstante, el cuerpo humano puede seguir notando pulsaciones que no se oyen. Aquellos que han desarrollado la capacidad psíquica de la clariaudiencia han aumentado su propia energía para captar incluso índices de vibración superiores. Tercero, tiene que haber un receptor de la vibración, que reciba y responda a la vibración emitida. Todo nuestro cuerpo funciona como una caja de resonancia con la capacidad de responder a múltiples vibraciones; esta recepción y respuesta puede darse por simpatía o de manera forzada.

La vibración por simpatía (resonancia) se produce cuando dos o más cuerpos tienen unas frecuencias de vibración similares o idénticas que las hacen compatibles. El factor más importante en la resonancia por simpatía es la disponibilidad de la persona a responder de una manera específica. Esto nos revela mucho sobre las relaciones que establecemos, y esclarece el axioma oculto: “Cuando el discípulo está preparado, el maestro aparece”. A través de la resonancia por simpatía se establece la relación de grupo y los individuos responden a las energías de los demás. A causa de esta cualidad, enseñar será simplemente ayudar a alguien a tomar consciencia de lo que ya sabe. En los grupos que se juntan con un objetivo concreto, tal objetivo constituye el medio para establecer la resonancia por simpatía entre los participantes del grupo.

La resonancia forzada se produce cuando dos sistemas de energía poseen frecuencias distintas, y la vibración más potente se transmite al otro por medio de la fuerza. Esto tiene aspectos positivos y negativos (los principios del sonido son neutrales y sólo su aplicación determina la “bondad” o “maldad” inherentes). Como resultado de una resonancia forzada pueden producirse distintas formas y manifestaciones de magia negra y abuso del poder de la mente. Muchos se ven atrapados en esta práctica por su impresionante fuerza. También a causa de la resonancia forzada se dan fenómenos como los de la influencia mutua. La fuerza o energía combinadas del grupo arrolla la energía de uno de los individuos y lo fuerza hacia la resonancia con todo el grupo. Pero la resonancia forzada, bien comprendida y correctamente usada, puede utilizarse para superar estados de desequilibrio en el cuerpo y para conseguir que distintos órganos y sistemas vuelvan a su funcionamiento normal. Para destruir pautas de energía negativa limitadora pueden utilizarse tonos altos. Pueden usarse también para crear una intensidad en el campo que lleve a una mejora global.

Estos aspectos de la resonancia nos ayudan a explicar los sentimientos de simpatía y antipatía que experimentamos con distintas personas. Cuando dos o más energías o realidades vibrantes se sincronizan o entran en resonancia mutua – por simpatía o por fuerza - se produce la transmisión. Las personas entran en fase, mezclándose y fusionándose en una combinada armonía de vibraciones. Es por esto que los grupos ocultos sólo poseen la fuerza de su miembro más débil. Cuando los sonidos influyen en el cuerpo humano, la resonancia puede tener efectos beneficiosos o perjudiciales. El cuerpo humano es bioeléctrico. Nuestros campos áureos constituyen campos de energía electromagnética que rodean nuestro cuerpo físico. Estamos constantemente emitiendo (aspecto eléctrico) y absorbiendo (aspecto magnético) energía. Siempre que establecemos una actuación recíproca con otra persona, se produce un intercambio de vibraciones de energía. A menos que aprendamos a reconocerlos y a despejar nuestros campos, acabaremos con problemas físicos, emocionales, mentales y espirituales. El poder secreto de la palabra en parte implica el control y la dirección de nuestra propia resonancia con otras energías, de ahí la importancia de que aprendamos a diferenciarlas.

El ritmo puede provocar cambios en los estados físicos, la melodía en los estados emocionales y mentales, y la armonía tiene la capacidad de elevar la consciencia al grado espiritual. Los cantos, mantrams, plegarias, canciones, narraciones, música y lenguaje utilizan el ritmo, la melodía y la armonía para alcanzar la unión de cuerpo, mente y espíritu. Prácticamente en todas las sociedades ha existido lo que se denomina “el canto de lo absoluto”, o la canción triple. A nivel numerológico, el tres es el gran número creativo. Es el número del artista, el músico, el poeta y el místico. Este canto triple utiliza tres aspectos del principio del sonido sagrado:

- Ritmo: a partir del cual nace todo el movimiento en el universo.

- Melodía: a partir de la cual nace la actuación recíproca entre lo divino y lo físico y nuestras interacciones con otras formas de vida.

- Armonía: a partir de la cual nace el auténtico poder espiritual que se manifiesta en el universo y en los seres humanos cuando se han armonizado las actuaciones recíprocas con todos los elementos de la vida.

El ritmo es el pulso de la vida y afecta todos los estados físicos. Puede utilizarse para restablecer las pulsaciones normales y saludables en una persona. Cuando nos exponemos a un ritmo regular y estable se desencadena una resonancia en los propios ritmos naturales del cuerpo. Los ritmos externos pueden activar una resonancia forzada y una transmisión de nuestros ritmos internos. Esto posee aplicaciones beneficiosas y perjudiciales. Determinados ritmos son anormales y pueden crear problemas. Pueden provocar que el ritmo cardíaco normal pase a un nivel perjudicial para la salud en el interior del cuerpo, como por ejemplo el anapesto, ritmo utilizado por los Rolling Stones en algunos trabajos de los años sesenta. Es también un ritmo empleado por ciertas bandas de rock, punk y heavy metal. Durante los sesenta se llevaron a cabo investigaciones al constatar que determinadas personas experimentaban problemas de respiración y arritmias en relación con la música. El latido normal del corazón sigue una pauta de “da-da/da-da/da-da”, y un ritmo anapéstico crea un ritmo cardíaco de “da-da-da/da-da-da”, que es lo opuesto al latido normal, pudiendo afectar a todas las funciones corporales. No es el único. Cualquier ritmo fuerte al que nos exponemos durante un período suficientemente largo crea un estado de excitación e hiperactividad en el interior del cuerpo a medida que entra en resonancia con él.

Los ritmos uniformes y dirigidos restablecen los ritmos corporales cuando éstos están desequilibrados. Las personas con dolencias cardíacas, por ejemplo, sacan un gran partido de la música barroca, que posee un ritmo tranquilizador y revitalizador de las pulsaciones del corazón, por lo que a menudo se lo utiliza en cirugía cardíaca. Su ritmo ayuda en la curación y el fortalecimiento del corazón. Las pautas rítmicas siempre han formado parte del ritual y la revitalización. Los ritmos puros, específicos, se asociaban a las ideas, experiencias y procesos fisiológicos definidos. Las pautas de golpeteo del tambor se refieren a las emociones y a la exploración de la consciencia interna. En distintas prácticas chamánicas se utiliza el toque del tambor para provocar un cambio en el estado de la consciencia o un trance. Quien participa en una de las citadas prácticas se concentra en el toque del tambor y lo sigue, como si montara en él para realizar un viaje mítico hacia un estado interior del ser. Ello proporciona acceso a niveles de consciencia normalmente inaccesibles. En el chamanismo, el tambor establece una suerte de puente que permite al chamán conectar con un estado de consciencia mágico.

En los procesos de curación, el ritmo (tambores, maracas, campanillas, gongs), puede conferir vigor y estimular nuestras energías primigenias básicas. Los ritmos, sobre todo los de instrumentos de percusión, activan el bazo y los centros básicos de los chakras corporales, que están vinculados a las funciones del sistema circulatorio, las suprarrenales y nuestra fuerza vital básica. Son también nuestros centros de sexualidad: la expresión física de nuestra espiritualidad vital dinámica.

El vudú no pretende ocultar o disimular su utilización del tambor para la estimulación de determinados tipos de energía. Muchos de sus rituales se utilizan para bloquear la mente racional, activar las energías sexuales y conseguir el trance. El incesante y rítmico tamborileo desencadena una forzada resonancia con sus energías. El ritmo estimula la energía física. El tamborileo puede constituir un medio para aumentar el fluido sanguíneo por todo el cuerpo. El ritmo puede acelerar o desacelerar los latidos del corazón así como el de todos los órganos vinculados. Así pues, era prácticamente impensable que un antiguo chamán, curandero o sanador no poseyera un tambor o instrumento para el ritmo. Según la síncopa o las pausas entre ritmos, pueden crearse distintos efectos fisiológicos. En los relatos chamánicos, se utiliza el tambor para que la audiencia resuene entre sí y con las energías de la historia que se relata. Como su compañero el tambor, las maracas constituyen uno de los instrumentos de curación más antiguos y pertenecen a la familia de la percusión. Desgraciadamente, a menudo se olvidan sus aspectos curativos excepto en el caso de las personas interesadas en el chamanismo o en los procesos de curación tradicionales de los nativos. El tambor posee una versatilidad de curación por medio de sus ritmos de la cual carecen otros instrumentos. Además es fácil de manejar y transportar.

Las maracas y sus ritmos poseen la capacidad de vincular el despertar de la consciencia con las energías del cosmos o los niveles de consciencia internos profundos, los que pueden liberar una mayor cantidad de energía y potencia para el proceso de purificación y curación. Las maracas son un instrumento de purificación.

Nosotros mismos somos un sistema de energía bioquímico/ electromagnético. Nuestros pensamientos y emociones activan distintas frecuencias de impulsos electromagnéticos que actúan recíprocamente con nuestra bioquímica. Los pensamientos y emociones negativos instauran unas pautas de energía inflexible en el seno de nuestros campos áureos (algo muy parecido a la imagen de estática de un aparato de televisión con una señal de recepción deficiente). Dichas pautas son desviaciones de las auténticas pautas y frecuencias de energía que nos son propias. Si no purificamos estos residuos de energía estática y negativa, se mancillará toda energía que fluya hacia el cuerpo físico y a través de él. El cuerpo etéreo constituye el filtro del físico, donde los chakras modifican las energías que entran al cuerpo físico y que salen de él, por lo que se debe mantener completamente limpios estos filtros. A diario establecemos contacto con gran cantidad de residuos de energía que pueden entrar en resonancia y adherirse a nuestra ropia energía, tal como los grifos acumulan minerales y residuos que impiden la libre circulación del agua. La maraca es un instrumento rítmico que nos permite desprendernos de cualquier residuo de energía que haya quedado en el fondo de nuestros filtros y centros de mediación naturales. Su proceso es simple y lo puede realizar cualquier persona aunque no tenga conocimientos musicales. Se agita la maraca describiendo un círculo alrededor del cuerpo. Su sonido rítmico ayuda a aflojar las pautas de energía inflexibles que se han acumulado en el cuerpo etéreo. Seguidamente se agita la maraca a la vez que se la mueve de arriba abajo en el punto central del cuerpo, en la parte frontal y en la posterior. Con ello se sueltan los residuos de energía que se hayan acumulado en los centros de los chakras o alrededor de éstos. Algunos curanderos realizan movimientos adicionales en cada chakra, pues como son los centros de mayor actividad electromagnética, son mucho más propensos a acumular restos de energía.

La melodía constituye el segundo aspecto de los tres que posee la canción: ritmo, melodía y armonía. A partir de la melodía aprendemos mucho sobre nuestras relaciones con las demás energías. Sin relación no hay melodía; un todo por sí solo no crea una melodía, la que se forma al situar un tono junto a otros. La melodía, recitada, cantada o interpretada con un instrumento, apacigua y altera los estados emocionales y mentales. Equilibra la tensión mental y también sirve para aliviar el dolor. ¿Quién no ha visto a una madre cantando o tarareando dulcemente junto al hijo que llora? (A menudo la madre mece al mismo tiempo al niño, restituyendo su ritmo sedante en su metabolismo). Al cantar junto al niño, la madre establece un vínculo entre sus energías y las del pequeño (relación), por medio del cual lo calma, y equilibra dolor y emoción. Es una forma de resonancia forzada sin tener consciencia de ello. Resulta muy beneficioso y terapéutico canturrear en voz baja una dulce melodía a lo largo del día al niño que todos llevamos dentro. Nos alivia la tensión y ayuda a mantener el equilibrio.

Cada melodía consta de tonos que nos afectan a varios niveles. Por ejemplo, de vuelta a casa al salir del trabajo, si cantamos para nuestros adentros una sencilla melodía de nuestra niñez, nos ayudará a purificar la energía desprendiéndonos de los residuos negativos que hayamos podido acumular en el trabajo. Uno de los mejores métodos para relajarse consiste en escuchar una melodía suave y sencilla; no es necesario mucho tiempo para que surta efecto. Lo comprenderemos perfectamente si en alguna ocasión hemos oído a alguien cantar un par de estrofas de la canción de cuna de Brahms a un niño. Quienes no crean que una sencilla melodía puede desencadenar tales efectos pueden ir mañana al trabajo tarareando o silbando alguna estrofa de Pop, Goes the Weasel. A media mañana nos sorprenderá el número de personas que está tarareando, cantando o silbando el mismo aire.

La armonía constituye el tercer aspecto de la canción. A través de ella vinculamos el poder de nuestra energía individual con la energía de lo divino. La armonía no sólo encierra los aspectos físicos, emocionales y mentales del sonido sagrado sino también el espiritual. En el campo de la curación, cuanto más simple sea la melodía mejor. Al igual que en la melodía, la relación de un tono con otro se refleja por medio de la armonía. Un acorde consta de dos o más notas que suenan simultáneamente o se arreglan de acuerdo con la armonía. Lo óptimo es interpretar el tono principal, así como un armónico más. De esta forma se consigue armonizar los tonos para crear una combinación de vibraciones y energía que no se conseguiría con un solo tono. Trabajando con armonías conseguimos la clave de la transformación. Por medio de ella llegaremos a alterar, transmutar, aumentar y disminuir, adaptar y cambiar nuestras energías y capacidades a todos los niveles. La armonía nos permite transmutar circunstancias de nuestro cuerpo físico y alterar nuestro estado de consciencia. Al igual que el alquimista, convertimos el plomo de nuestra vida en oro. Cuando encontramos las adecuadas combinaciones de tono, ritmo y armonía somos capaces de desencadenar una resonancia en el interior del cuerpo, mente o alma que nos permite corregir los desequilibrios y alcanzar estados de consciencia más elevados.

Dicho proceso se refleja en todos los aspectos de la vida. Se hace asimismo patente en el proceso de desdoblamiento psíquico. Mientras trabajamos para desarrollar una capacidad espiritual o un don psíquico, otros se abren de forma automática armonizando con el primero. Empiezan a revelársenos aquellas áreas de expresión compatibles con nuestro punto de concentración.

Podemos denominar a este proceso armonía espiritual.

A pesar de que nos referimos a los tres elementos de forma diferenciada, todos tienen múltiples funciones. El ritmo afecta básicamente a lo físico; la melodía afecta a las emociones y pensamientos así como al cuerpo, y la armonía nos afecta a todos los niveles: físico, emocional, mental y espiritual. Al aprender a utilizar cada uno de estos elementos por separado y luego combinados, damos inicio a la creación de la canción triple del absoluto. Aprendemos a modelar y dar forma a las energías por medio de sus combinaciones de una forma creativa y extraordinariamente mágica.

Ted Andrews

Extractado por Silvia Martínez de
Ted Andrews.- La Curación por la Música.
E
d. Martínez Roca S.A.

Fuente: http://www.alcione.cl/nuevo/index.php?object_id=954

martes, 15 de julio de 2008

QUÉ ES LA REENCARNACIÓN? (1)


PRÓLOGO

Mucho se ha hablado de la Reencarnación, pero hasta ahora no habíamos encontrado ningún escrito que fuese tan extenso y determinante para la comprensión de este tema, tan sumamente defendido por unos y negado por otros. De cualquier manera, entendemos que LA VERDAD ESTA EN CADA UNO DE NOSOTROS.

Merece la pena esforzarnos un poquito y llegar hasta el final de la exposición, que P.Pavri hace de la reencarnación, máxime que con su forma de exponerlo (preguntas y respuestas) se hace mas ameno.

Ángel y Pilar


PREG.— Qué es Reencarnación?

RESP.— Es el renacimiento, el descenso del alma humana a su­cesivos cuerpos físicos. Cada ser deberá pasar por muchas vidas, vol­viendo a la tierra una y otra vez y habitando, en cada ocasión, en diferente cuerpo terrenal, de acuerdo con la Ley de Karma, según la cual cada uno cosecha lo que hubiere sembrado en previas vidas.

PREG.— ¿Pero, ¿qué es lo que reencarna, y cual es el objeto de la reencarnación?

RESP.— Por lo que hace a la etimología de la palabra (re, otra vez, in, en carocamis, carne reencarnar significa "repetidas entradas en envolturas carnales o físicas" e implica la existencia de algo rela­tivamente permanente que entra en algo relativamente impermanen­te. El hombre es una inteligencia espiritual revestida de cuerpos de materia. Esa inteligencia, que debe desplegar todos sus poderes y divinas capacidades, se desarrolla por descensos hacia la tosca ma­teria, ascendiendo después con los resultados de las experiencias así obtenidas. Es el Ego, es decir, el quinto principio. Manas, (1) con los dos principios superiores, Buddhi y Atrná, que toma dife­rentes cuerpos, si bien su residencia natural son las regiones más elevadas y espirituales. Aun no manifiesta la divinidad y debe apren­der a dominar la materia mediante largas experiencias y muchas lecciones. Tal como el ave marina revoloteando por los aires se precipita en el agua para coger su presa y se eleva de nuevo a su propio elemento, así sucede con el hombre real, el ser espiritual que pertenece a los mundos superiores, quien desciende a la tierra a obtener la experiencia, que es el alimento para el desarrollo del Espíritu y la cual lleva consigo a su hogar para asimilarla en capacidades innatas y poderes mentales y morales.

En cuanto ha sido asimilada la ex­periencia de una vida, regresa a la tierra por otra, vida a ingresar más. Primeramente viene a la tierra y toma un cuerpo que le ha sido preparado, generalmente el cuerpo de un salvaje, para aprender las primeras lecciones de la experiencia humana. Pasa luego al otro lado de la muerte y, mediante las lecciones del dolor, aprende los errores que cometió, así como de las lecciones de gozo, deduce cuáles fueron los pensamientos y sentimientos, rectos que tuvo; al paso que, durante la última parte de su vida postmortem, asimila lo que pudo recolectar en la tierra. Una vez asimilada tal experiencia, vuelve de nuevo a la tierra y ocupa un cuerpo mejor, adecuado a su condición ya más adelantada. Su vida real requiere, pues, millones, de años y lo que comunmente consideramos como su vida es tan solo un día de SU vida, ya que una existencia de unos sesenta años en este mundo ordinariamente es seguida en los mundos superiores por un período de dos a veinte veces aquella duración, de acuerdo con el desarrollo.

Cada vida es un día en la escuela, y cada vez que volvemos, a la tierra, reasumimos nuestras lecciones en el punto en que las dejamos antes, ayudados por lo que aventajamos con el estudio a domicilio, es decir el estudio en los "cielos", que son el hogar del alma. El salvaje se halla precisamente comenzando su educación humana, en tanto que un ser espiritualmente adelantado se está aproximando a su exa­men final en esta escuela del mundo. Algunos alumnos, que son ap­tos, aprenden rápidamente, mientras que otros egos, a manera de ni­ños poco inteligentes, requieren mayor tiempo para comprender sus lecciones. Ningún alumno habrá de fracasar jamás, pero la duración del tiempo que requiera para capacitarse para el examen superior, dependerá de su propio criterio. El discípulo juicioso considerando que esta vida escolar es meramente una preparación para otra más elevada, procura aprovechar el tiempo lo mejor posible y trata de comprender las reglas de la escuela y conformar su vida de acuerdo a días.

PREG.— ¿Acaso no tenemos bastante sufrimientos en una sola vida? Es horrible la idea de renacer para sufrir una y otra vez.

RESP.— Los hechos no se alteran por nuestro desagrado de la existencia o por falta de comprensión del propósito de la misma. Si en el mundo fuesen desconocidos los pesares y la aflicción, ¿acaso no sería un cruel sufrimiento el abandonar esta tierra de bienaven­turanzas a la hora de la muerte, y no sería, entonces, bienvenida la reencarnación? Por tanto, lo que desagrada no es la reencarnación sino las pruebas y sufrimientos de la vida terrenal. Pero las dificul­tades y pesares nos traen experiencia, nos enseñan algunas de las más grandes lecciones de la vida y nos compelen a desarrollar poderes que, de otra manera, famas entrarían en actividad. Según se explicara des. pues, en el Capítulo V nosotros cosechamos lo que sembramos; su­frimos en la presente vida a causa de errores en las pasadas; y nadie más que nosotros mismos puede causamos sufrimiento.

PREG.— ¿No parece injusto que seamos castigados por malas ac­ciones ya olvidadas, perpetradas hace miles de anos, en una vida an­terior? ¿Por qué ha de sufrir un hombre a consecuencia de aquello que no es consciente de haber hecho?

RESP.— Una persona puede sufrir enfermedades, ignorando las condiciones bajo las cuales sembró en su cuerpo los gérmenes de aquellas; pero la recta secuela de causa y efecto no se altera por su ignorancia. En el Universo no existe ta1 absurdo de un efecto sin una causa responsable.

Por otra parte, el olvido de los errores no destruye sus consecuen­cias, así como, el no recordar las buenas acciones, no impide al hom­bre gozar del fruto de las mismas.

De hecho el hombre real, el Ego, no olvida sus malas acciones, pero las recuerda como nosotros recordamos lo que hicimos ayer, si bien la memoria del cerebro físico del nuevo cuerpo no recuerda lo que fue hecho en el cuerpo que el Ego usó en su vida anterior. Un muchacho que robe manzanas hoy, será acreedor al castigo cuando se le aprehenda días después, aunque vaya usando un traje diferente. El Ego que creó el Karma cosecha el Karma. El labriego que sembró la semilla levanta la cosecha, aunque las ropas que haya usado al sembrar puedan haberse destruido durante el intervalo de la ciembra a la cosecha. Igualmente, pueden destruirse los ropajes físico, astral y mental del Ego entre la siembra y la cosecha, y cosechar él en un nuevo juego de vestiduras; pero, quien siembra, también recoge, y si empleó poca semilla o de mala calidad, él mismo tendrá que le­vantar una exigua Cosecha cuando llegare el tiempo.

Si fuésemos a recordar todas nuestras malas acciones pasadas, nos sentiríamos desolados ante la dolorosa visión de un pasado siempre lleno de debilidades, aunque estuviese libre de la mancha del crimen; y si supiéramos que cada uno de nuestros errores pasados, continua­mente presentes ante nuestros ojos, traería consigo 'su castigo, ¿no estaríamos, acaso,' obsesados a cada instante por el temor, y no sería nuestra vida un tormento intermináble, fuera dé toda proporción con el pecado cometido? Limitándonos a una sola vida, ¿cuántos crimi­nales podrían obtener mejor provecho de ella si tan sólo pudieran olvidar?; mas el recuerdo de su crimen es un grillete que les impide recobrarse y progresar. Y ¡cuánto más felices seríamos muchos de nosotros si pudiéramos anular varias páginas de nuestra historia de esta actual encarnación! Mientras no seamos suficientemente fuer­tes para soportar sin tristeza, remordimiento o ansiedad y sobre todo sin resentimiento, los recuerdos de la presente vida, no deseemos agregar al peso de ella la carga de un pasado milenario.

Por tanto, es un Banquero misericordioso el que nos ahorra la molestia de llevar, nuestras cuentas y quien, cada vez que nos ha­llamos a punto de comenzar un nuevo libro Mayor, fija el saldo y lo pasa a nueva cuenta con sus intereses acumulados. Por otra parte des pués de la muerte, el alma, libre ya de sus ilusorias envolturas, veri­fica una revista imparcial del pasado, anota sus errores y fracasos así como sus motivos y, por el conocimiento así adquirido, crece, en sabiduría y en poder, en inteligencia .y en conciencia.

PREG.— Pero, ¿por qué no tenemos recuerdo de nuestras vidas pasadas? Nos acordamos de todo lo que hemos experimentado si hubiésemos vivido antes, ¿por qué, habríamos de olvidarlo?

RESP.—En primer lugar anotemos el hecho de que olvidamos ¡de nuestra vida actual más de lo que recordamos no recordamos cuando aprendimos a leer, pero el hecho de que podamos leer demuestra .el aprendizaje. Evitamos que el fuego nos queme, pero no recordamos la ocasión particular en que; por primpra vez nos quemamos y apren­dimos la lección. Además estos acontecimientos no están por com­pleto olvidados; se hallan sumergidos, no destruidos, y pueden ser extraídos de las profundidades de la memoria, pueden ser recobrados del subconsciente de una persona si se la pone en trance mesmérico.

Si este olvido es un hecho tratándose de experiencias por las que pasamos en nuestro cuerpo astral ¿cómo esperar que nuestro cerebro actual recuerde experiencias en las que ni el ni el cuerpo tuvieron participación alguna? Nuestros cuerpos causal y superiores permanecen con nosotros a través de toda la serie de encarnaciones, pero los cuerpos físico, astral y mental se desintegran tras cada ecarnación; y cuando al iniciar una nueva existencia nos recubrirnos de tres Cuerpos mortales, estos nuevos cuerpos reciben, de la inteligencia espiritual que reencarna, no las experiencias detalladas del pasado, sino las cualidades, tendencias y capacidades obtenidas de aquellas expe­riencias; y nuestra conciencia, nuestra respuesta instintiva a los lla­mados emocionales e intelectuales, nuestro asentimiento a principios fundamentales de bien y nial, son vestigios de pasadas experiencias.

Hay muchísimos recuerdos inconscientes; que se manifiestan en facultad, en emoción, en poder; trazas del pasado impresas en el presente y descubribles por la observación de nosotros mismos y de los demás. De conformidad con nuestro Karma 0btenemos de nuestros padres, nuestro cuerpo físico mediante lo que se llama herencia física; pero la mentalidad que poseemos así como nuestro íntimo caracter, los hemos construido nosotros mismos. Toda persona trae consigo, a cada nueva encarnación, ciertas tendencias que son los acumulados recuerdos de pasadas vidas; ciertos poderes que asimismo son la suma de actividades del pasado; y ciertas características, ciertas facultade, que prontamente se revelan en la criatura y que hablan de lo que se hizo o dejó de hacerse durante previas vidas en la tierra. De aquí que los recuerdos del pasado puedan ser claros y definidos, lo­grados por la práctica del Yoga. (una disciplina o sistema de entrena­miento) o puedan ser inconscientes pero demostrados por los resul­tados, e íntimamente aliados, de muchos modos, a los que se llaman instintos, por los cuales hacemos ciertas cosas, pensamos a lo largo de ciertas lincas, ejercitamos ciertas funciones, y poseemos ciertos conocimientos sin haberlos adquirido conscientemente. En las actuales investigaciones de la Psicología, muchos arrebatos de sentimiento que llevan a cometer acciones violentas e impremeditadas, son atribuidos al subconciente es decir, a la conciencia que se demuestra en los pen­samientos, sentimientos y accione involuntarias; vienen a nosotros procediendo del remoto pasado, sin nuestra volición ni nuestra crea­ción concíente. Nuestros instintos son recuerdos enterrados en el, subconsciente, que influencian nuestras acciones y determinan nues­tros gustos; nuestro instinto moral es Conciencia, una masa de entretejidos recuerdos de pasadas experiencias, que habla con el mandato imperativo de todos los instintos, decidiendo acerca de lo "bueno" y de lo "malo" sin argumentar ni razonar, y previniéndonos, evitar pe­ligros ya experimentados en lo pasado.

¿Qué son las facultades innatas sino un recuerdo inconsciente de asuntos bien dominados en el pasado? Y aquí tenemos una prueba de b exactitud de la idea de Platón, acerca de que todo conocimien­to c.s una reminiscencia. Habiendo aprendido bien alguna ciencia, por ejemplo las Matemáticas, en esta vida, y habiéndola olvidado,durante años, podemos aprenderlas de nuevo, rápidamente, puesto que no sería más que repasar un asunto bien conocido. De igual manera, cuando comprendemos y aplicamos prontamente una filosofía, o cuando lle­gamos a dominar un arte sin mucho, estudio, la memoria de las vidas pasadas está allí en acción aunque los hechos del aprendizaje se hayan olvidado. Y, así sucede que una persona que hubo estudiado Ocultismo en una vida anterior, y llega a ponerse en contacto con la Teo­sofía en esta vida, la acepta inmediatamente, como quien reanuda una antigua relación, y hace rápidos progresos; en tanto que otra que por vez primera la estudia en esta vida no adelanta gran cosa.

Igualmente, cuando nos encontramos como en familia con un extranjeroque acabamos de conocer, o cuando dos seres se enamoran a primera vista, el recuerdo actúa allí, es el reconocimiento que el Espíritu hace de un amigo de anteriores encamaciones; es el llamado del Ego al Ego, antiguos camaradas que estrechan sus manos en per­fecta confianza y mutua comprensión. Y de modo semejante está presente el recuerdo cuando nos sobrecogemos con un sentimiento de repulsión a la vista en un ser en apariencia extraño a nosotros: no es más que el reconocimiento de un antiguo enemigo.

Por otra parte, el recuerdo de vidas pasadas se manifiesta, en oca­siones, en niños que tienen fugaces visiones de su'vida anterior y que rememoran algunas veces muchos detalles, especialmente si perecieron de muerte violenta en su última encamación. Sin duda alguna tal re­cuerdo se puede lograr, pero ello requiere firme esfuerzo y prolongada meditación'para controlar la siempre inquieta mente y tomarla sen­sitiva y fiel al llamado del Espíritu manifestado como un Ego, único que almacena todos los recuerdos del pasado; entonces se recuerdan las escenas de anteriores vidas, se reconocen los antiguos amigos, se ven los antiguos lazos. El hecho es que el Ego ha pasado por todos esos eventos y, en el mundo célico, después de la muerte, ha elabo­rado, de sus experiencias, facultades y carácter, intelecto y concien­cia. Pero solamente cuando un hombre alcance la memoria del Ego y llegue a unificarse con él conscientemente, y podrá recordarlo todo en su nuevo cerebro.

Ningún cerebro puede conservar con todos sus detalles el recuer­do de acontecimientos de numerosas vidas, pasadas, y aunque pudie­se, siendo meros detalles, no valdrían la pena de ser, tomados en con­sideración por quien tiene que actuar bajo. el, acicate del momento. Sí cada vez que nos aproximamos al fuego tuviésemos que recordar todas las penas de quemaduras previas, volveríamos, a quemamos, mu­chas veces antes de pasar por todos los detalles de recuerdos pasados y deducir de ellos una linea de conducta. Mas cuando aquellos su­cesos se han sintetizado en juicios morales y mentales, están listos para uso inmediato. El recuerdo de numerosos asesinatos cometidos sería una carga inútil, en tanto que el instinto de la santidad de la vida humana es un recuerdo efectivo de aquellos.

Un hombre de edad es mas sabio y más inteligente que un jo­venzuelo, porque ha ganado mayor experiencia. Igualmente, un hom­bre civilizado es más sabio que un Salvaje, porque ha pasado por más encarnaciones.

PREG.— Pero, ¿acaso es siempre más sabio y mas inteligente un hombre de edad que un muchacho? A veces un joven civilizado, de veinte años, es más inteligente que un indígena dé cincuenta.

RESP.— Esto sólo viene a reforzar la teoría de la reencarnación. Un niño de diez años y diez días es más Sabio que otro de cinco anos y cincuenta días, pues los días nada significan ante los años. Igualmente, puesto que los años nada significan ante las vidas, un joven de veinte años y, probablemente, mil vidas tras él, debe ser más sabio que un indígena de cincuenta años y, probablemente, de cien vidas. Ahora bien, si no aceptamos la reencamación, todas las cria­turas deberían nacer con la misma suma de inteligencia, lo cual no es así. Solamente la reencamación explica la diferencia entre ellas, diferencia en crecimiento, debida a las diferentes edades de las almas.

PREG.— Pero si mantenemos y educamos en Europa a un negro, ¿no sería tan inteligente y tan sabio como un niño europeo?

RESP.— Si la inteligencia dependiese de la educación recibida en la juventud dos hijos de los mismos padres, igualmente preparados y educados, deberían ser igualmente inteligentes o igualmente tontos. No tan sólo no es así, sino que a menudo sucede justamente lo con­trario a que un hermano es sabio y virtuoso, mientras el otro es necio y vicioso. Además, los gemelos, que rio se distinguen en su infancia, desarrollan, al crecimiento, un intelecto muy distinto a pesar de la similaridad de entrenamiento y educación en todo respecto.

El negro es vivo y listo hasta cierto punto en él cual se detiene súbitamente, con mucho desagrado de su maestro que creyó llevarlo más adelante. La Reencarnación explica que una criatura viene al mundo con su carácter, sus cualidades, sus características, poderes y deficiencias; que hasta cierto punto podemos moldear y modificar aquel carácter, pero que nuestros poderes a este respecto son muy li­mitados. Como lo dijo Ludwíg Büchner: “El carácter es más fuerte que la educación"

PREG.— Se sabe (fue las peculiaridades físicas, mentales y mora­les de los niños proceden de los padres por la Ley de Herencia, ¿qué tiene de extraño pues, que un niño europeo sea inteligente y un negro sea estúpido? ¿Acaso la reencarnación ignora tal Ley?

RESP.— No; por el contrario, la ratifica en el plano físico. Al suministrar cuerpos físicos, los padres estampan en ellos su marca de fábrica, y así, las moléculas del cuerpecito infantil traen consigo el hábito de vibrar de cierto modo definido. De esta manera es como se trasmiten al niño las enfermedades hereditarias, asi como las pe­queñas manías o extravagancias.

Pero la transmisión de semejanzas y peculiaridades mentales y morales es verdadera hasta cierto límite y nunca hasta la extensión que se supone. Los padres suministran los átomos físicos así como los etéreos, y los elementos kámicos (estos son especialmente aportados por la madre), los cuales, actuando sobre las moléculas del cerebro, confieren al niño las características pasionales de los padres, modifícando en parte las manifestaciones del ego del niño. Si bien la Reen­camación admite todas estas influencias paternales en la criatura, va más lejos al afirmar que existe una acción del ego por completo 'inde­pendiente, la tendencia inherente a su naturaleza,dando así una ex. plicación plena de las diferencias lo mismo que de las semejanzas. La herencia puede explicar solamente las semejanzas y no las diferenciaciones.

Además, si bien la ley de herencia explica la evolución de los cuerpos, no arroja luz sobre la evolución de la inteligencia y "de" la conciencia, y las últimas deducciones demuestran qué las cualidades adquiridas no son trasmisibles y que el genio a menudo es estéril. Hay circunstancias de peso, que se oponen a la Ley de Herencia y que son fácilmente explicadas por la Reencamación, como los si­guientes casos que demuestran lo inadecuado de influencias mera­mente hereditarias:

1.— Hijos de los mismos padres que no son igualmente inteligentes ni de las mismas tendencias morales.

2.— Comparando las vidas de los gemelos se observa que los in­dividuos nacidos bajo condiciones precisamente idénticas y teniendo exactamente la misma herencia, a menudo difieren grandemente lo físico, en intelecto y en carácter.

3.— Las grandes diferencias de carácter y de inteligencia que pue­den existir entre padre e hijo a pesar de su parecido físico.

4.— El nacimiento de genios en circunstancias humildes y hasta vulgares, lo que irrefutablemente prueba que el alma individual so brepasa las sujeciones del nacimiento físico.

5— Hijos mediocres nacen de padres muy cultos, lo que demuestra la falta de adaptación de la influencia hereditaria en las capaci­dades y poderes mentales y morales.

6.— Hijos perversos que nacen de padres santificados.

7.— Hijos santificados que nacen de padres disolutos.

Grandes genios morales como el Buddha, Zoroástro Jesús etc., cuyo nacimiento no puede ser explicado por la herencia. Instintos musicales ¡o tendencias artísticas en un hermano, mientras el otro ni siquiera tiene una elemental noción del Arte.

Todos estos casos pueden ser explicados satisfactoria y fácílmente por la reencarnación.

PREG.— ¿No podría cada alma ser creada especialmente por Dios? Se dice que hay tres explicaciones para las desigualdades humanas, para las diferencias de facultades oportunidades y circunstan­cias: la Ley científica, la Herencia la creación especial por Dios, y la Reencamación. Habéis refutado la primera ¿que podríais decir de la segunda?

RESP.— Todo el mundo acepta la Ley de Evolución para toda cosa, excepto para el hombre. Lo que principia en el tiempo debe terminar en el tiempo, y la idea de creación especial implica la corre­lativa de aniquilación al tiempo, de la muerte pero se pretende que la inteligencia espiritual llamada hombre no tiene un pasado espi­ritual, si bien se admite que tiene un futuro interminable, lo cual hace pensar en el absurdo de una vara con una sola extremidad.

Según esta hipótesis, el carácter de un hombre, del que depende todo su destino, es creado especialmente para él por Dios y se le im­pone sin ninguna oportunidad de elegir. Si se le dota de noble ca­rácter y refinadas capacidades, deberá mostrarse agradecido aunque nada hizo para merecerlas. Sí nace con una enfermedad hereditaria, y con mal carácter y aun criminalidad congénita; o bien si nace li­siado o idiota, tampoco ha hecho nada para merecerlo. Todo depen­dería entonces del mero acaso, o del antojo, ó de la arbitraria volun­tad de Dios. Si así fuere el caso, ¿dónde está la justicia del Suma­mente Justo Dios, por no decir algo del amor del Padre Todo Amor? Se nos dice a veces que todas estas cosas deberán ser ajusta­das en la vida venidera. Podrá ser así; pero eso no da ninguna ex­plicación razonable acerca de por qué son así en esta vida actual, ni tampoco nos parece, muy razonable excluir especialmente a la vida humana, en esta tierra, del conjunto de ley y de orden del exquisito designio y propósito que se observa, por doquiera en el mundo natural. Además, un niño puede morir pocas horas que un alma haya sido especialmente creada para él. Tal alma tendrá que lamentar eternamente haber perdido aquella vida y las experiencias que hubiera obtenido sobre la tierra. Pero si las experiencias terre­nales no sirvieran después, y si la vida en la tierra no tuviere valor alguno excepto para ser juzgados en ir a un cielo eterno o a un in­fierno eterno, podríamos decir que a un alma que viniese a un cuerpo que viva hasta la vejez, le tocó 1a peor, parte, pues hubo de sufrir mo­lestias, miserias y .pecados, corriendo el riesgo aún de acabar en el infierno; en tanto que la criatura no corrió riesgo alguno, no sufrió miserias ni penalidades y al morir correrá tan buena suerte como otras almas.

Hay más aún: esta teoría hace de Dios un servidor del hombre ya que El tendrá que esperar para Crear una nueva alma hasta que el hombre, impelido por sus pasiones, suministre material para un nuevo cuerpo físico. Por otra parte, si bien por un lado se afirma que Dios castiga al que peca, por otro lado El mismo se pone a crear una nueva alma para los cuerpos pecaminosamente producidos. Por consi­guiente, la teoría de una creación especial también parece ilógica, injusta y absurda, subsistiendo la reencarnación como la explicación más razonable y justa.

PREG.— Una objeción más: si no hay creación especial tiene que existir un número fijo de egos humanos (que vuelvan a la tierra una y otra vez. ¿Cómo podría explicarse, pues, el aumento de po­blación del mundo?

RESP.—Hay en la actualidad un número fijo de espíritus huma­nos, unos sesenta mil millones, que forman nuestra humanidad. En determinado punto de la evolución, hubo un influjo de ellos, del reino animal al reino humano; pero eso pasó hace mucho. Por su­puesto, unos pocos que proceden del reino animal, se individualizan ocasionalmente y entran al reino humano, pero tal número es in­significante como lo es el de quiénes dejan nuestra humanidad para pasar a la evolución super humana y así el número de espíritus que forman nuestra humanidad, prácticamente se mantiene constante.

Si bien el número de egos es, pues, fijo, quienes sé hallan actualmente encarnados en cualquier momento forman una pequeña minoría, como de 1 por cada 10 del total, puesto que la población de todo el mundo, se dice, asciende a 6.000 millones en contra del total de 60,000 millones de egos. Muchos se hallan en los planos as­tral y mental y permanecen largos períodos alejados de la tierra a medida que evolucionan, encarnando más lentamente las almas ade­lantadas que las retrasadas. Podría compararse el mundo a un salón municipal que estuviese medio vacío, lleno, o a reventar, en tanto que; la población total de la ciudad permaneciese comparativamente constante; y al acelerar ligeramente la reencarnación, o acortar el periodo celeste, se aumentaría en gran manera la población física de nuestro globo sin aumento alguno en el número total de espíritus que reen­carnan.

Por lo demás, no hay prueba decisiva de que la población de nuestra tierra haya aumentado, pues si bien en ciertos países el censo puede ser digno de fe, en otros densamente poblados, como China, los datos se basan en sus suposiciones.

PREG.— Y bien, ¿cuál es la necesidad de la reencarnación?

RESP.— La reencarnación es necesaria lógicamente, científica­mente y moralmente.

PREG.— Sírvase explicar cada una en detalle. En primer lugar, ¿Cuál es el argumento desde el punto de vista lógico?

RESP.— La reencarnación es una necesidad lógica ya que en ella, sin nada que satisfaga la razón, la vida sería un desesperante enigma.

¿Hay algún propósito para nuestra vida entre la cuna y la tumba? ¿Nos preparamos de alguna manera a nosotros mismos o no, para la vida después de la muerte? Si existe una vida de bienaventuranza allende la tumba, debe merecerse de algún modo ya sea por resistir a la tentación o por un positivo bien obrar. Si se requiere un es­fuerzo para ganar la vida celestial, ¿cómo explicar el caso de una cria­tura que muere en la infancia sin haber tenido oportunidad de ha­cerlo? Se diría que ella, no habiendo causado mal alguno, entra luego al cielo. En tal caso parece duro para otro tener que pasar una larga vida de tentaciones y peligros, corriendo el riesgo de ir por último al infierno; por lo cual, si aquello fuese así, la plegaria de las madres debería ser, no que su recién nacido viva y crezca, sino que muera inmediatamente. Ahora bien, sí el resultado fuere el mismo, esto es, si llegaren al cielo tanto la criatura que perece en la infancia, cuanto el hombre bueno que alcanza una vejez madura, entonces la vida es una especie de trampa, peor que inútil, ya que está llena de miseria y dolor innecesario. Por otra parte, si la vida celestial debiera lograrse por el esfuerzo individual, habría que dar, iguales oportunidades a todos. Pero vemos que no es así, puesto que todos nacen diferentes, con distintos poderes, capacidades y oportunidades, en medio de cir­cunstancias y ambientes diversos, uno como salvaje, otro como imbé­cil o criminal congénito, en tanto que otros vienen dotados de buenas tendencias y favorables oportunidades. Ni podría esperarse poco de uno y mucho de otro, pues ello equivaldría a admitir que esta vida es innecesaria y que es justo que el uno deba llevar aquí una vida de ignorancia y sufrimiento, y el otro una vida de goce o de refinamien­to, y sin embargo cosechar ambos el mismo resultado. Ni bastaría afirmar que el primero recibirá una recompensa mayor en el ciclo, a causa de sus mayores dificultades aquí; pues entonces podría el otro exigir para él, también, una oportunidad semejante a fin de alcanzar la mayor exaltación posible.

Todos estos problemas parecen de difícil solución, a no ser por la teoría de la reencarnación que todo lo vuelve inteligible.

Veamos el caso de un salvaje sin mentalidad ni moralidad para quién su propia esposa es el mejor alimento; que se come a sus pa­dres cuando no sirven para nada, y a sus hijos porque aún no son útiles para algo; él mata, y roba y se embriaga hasta que finalmente sucumbe a manos de otro salvaje más fuerte. ¿Es esa vida estrecha y brutal todo lo que el mundo tiene que ofrecerle, cuando sabemos que el mundo es para otros tan bello, maravilloso y lleno de mejores do­nes? ¿Qué será de él al otro lado de la muerte? No se le puede enviar al cielo; por él contrario, lo mas probable es que vaya al infierno.

Veámoslo ahora a la luz de la reencarnación. En cuánto su cuer­po físico muere y el salvaje pasa al mundo intermedio, descubre que aquellos a quienes mató se encuentran aún con vida y, como no han olvidado lo que les sucedió a manos de él, lo reciben con la mayor hostilidad. Así comienza á aprender su primera lección, a saber que si mata a un hombre hoy, se encontrará con él al siguiente día. No aprende eso en una vida, pero tiene todas las necesarias para apren­derlo. Por otra parte tendrá también alguna buena experiencia postmortem en el mundo celeste. Pudo haber sentido algún ligero afecto por su mujer y sus hijos antes de que la extrema necesidad lo impul­sase a devorarlos; aquel pequeño germen crecerá, le aportará un poco de felicidad y se trasmutará en una cualidad moral con la que re­nacerá y la que también le comunicará cierta tendencia a resistir un poco al impulso de matar. Y así adquiere experiencias en cada vida, las transmuta en cualidades y facultades, y se va civilizando paula­tinamente hasta que llega al punto alcanzado por los niños que hoy nacen.

Además, si la reencarnación no fuere un hecho, ¿qué objeto ten­drían las cualidades que con tanto esfuerzo y dificultad adquirimos aún en una sola vida? Un hombre revela mayor sabiduría cuando lle­ga a su vejez, pero muere en cuanto es de mayor utilidad y valer; si acaso se salvase o condenase irremisiblemente sería llevado a mundos en los cuales habría de ser inútil para siempre aquel conocimiento ad­quirido a fuerza de tantas y variadas experiencias; de ser así, toda la vida humana carecería de razón de ser. Pero la reencarnación explica que el ser humano renace con aquellas cualidades ya formando parte de su carácter por lo cual nada se perdió. Por consiguiente, mientras más se aplican los puntos de mira lógicos razonables, más inevita­ble parece ser la reencarnación.... continuará

(1) Manas (actividad) Buddhi (Sabiduría) Atma (Voluntad).