viernes, 1 de agosto de 2008

MÚSICA Y VIBRACIÓN FUNDAMENTALES PARA NUESTRO EQUILIBRIO


La metafísica nos dice que somos un microcosmos del universo. Eso significa que en nuestro interior poseemos hasta cierto punto todas las energías. En nuestros cuerpos físicos y sutiles radican todas las vibraciones de energía inherentes al universo. Esta vibración puede ser a la vez física y no física, implicando energías tangibles e intangibles. La mayoría de los seres humanos consideran que es más fácil percibir la naturaleza física de una vibración, que es más definible y tangible, como las cadencias en el aire a partir del sonido u otras fuentes. Pero las vibraciones que no son sensiblemente físicas también nos afectan y las notamos cuando se agudizan las percepciones.

Podemos estimular un gran número de vibraciones por simpatía en el interior de nuestro cuerpo y de nuestra mente aprendiendo a dirigir y controlar nuestra voz y utilizando ciertos instrumentos musicales, tono y clases de música. Donde hay desequilibrio, podemos utilizar el sonido dirigido para volver a los parámetros normales. Poseemos la capacidad de hacer resonar toda vibración de sonido o responder a ella, ya sea positiva o negativa. Debemos mantenernos alerta a los sonidos de nuestro entorno y fortalecer nuestras energías a fin de que sólo se filtren en nuestro campo de energía los sonidos beneficiosos.

Para que se transmita una vibración resonante hacen falta tres condiciones: Primero, debe haber una fuente de energía vibrante original, que puede ser el pensamiento, los sonidos, colores, instrumentos musicales o voces. Segundo, debe existir un medio de transmisión; para los humanos, el aire es el transmisor más corriente, en el que el movimiento vibrante pasa de una molécula de aire a otra en forma sucesiva. El oído humano puede captar entre 16 y 20.000 vibraciones por segundo. No obstante, el cuerpo humano puede seguir notando pulsaciones que no se oyen. Aquellos que han desarrollado la capacidad psíquica de la clariaudiencia han aumentado su propia energía para captar incluso índices de vibración superiores. Tercero, tiene que haber un receptor de la vibración, que reciba y responda a la vibración emitida. Todo nuestro cuerpo funciona como una caja de resonancia con la capacidad de responder a múltiples vibraciones; esta recepción y respuesta puede darse por simpatía o de manera forzada.

La vibración por simpatía (resonancia) se produce cuando dos o más cuerpos tienen unas frecuencias de vibración similares o idénticas que las hacen compatibles. El factor más importante en la resonancia por simpatía es la disponibilidad de la persona a responder de una manera específica. Esto nos revela mucho sobre las relaciones que establecemos, y esclarece el axioma oculto: “Cuando el discípulo está preparado, el maestro aparece”. A través de la resonancia por simpatía se establece la relación de grupo y los individuos responden a las energías de los demás. A causa de esta cualidad, enseñar será simplemente ayudar a alguien a tomar consciencia de lo que ya sabe. En los grupos que se juntan con un objetivo concreto, tal objetivo constituye el medio para establecer la resonancia por simpatía entre los participantes del grupo.

La resonancia forzada se produce cuando dos sistemas de energía poseen frecuencias distintas, y la vibración más potente se transmite al otro por medio de la fuerza. Esto tiene aspectos positivos y negativos (los principios del sonido son neutrales y sólo su aplicación determina la “bondad” o “maldad” inherentes). Como resultado de una resonancia forzada pueden producirse distintas formas y manifestaciones de magia negra y abuso del poder de la mente. Muchos se ven atrapados en esta práctica por su impresionante fuerza. También a causa de la resonancia forzada se dan fenómenos como los de la influencia mutua. La fuerza o energía combinadas del grupo arrolla la energía de uno de los individuos y lo fuerza hacia la resonancia con todo el grupo. Pero la resonancia forzada, bien comprendida y correctamente usada, puede utilizarse para superar estados de desequilibrio en el cuerpo y para conseguir que distintos órganos y sistemas vuelvan a su funcionamiento normal. Para destruir pautas de energía negativa limitadora pueden utilizarse tonos altos. Pueden usarse también para crear una intensidad en el campo que lleve a una mejora global.

Estos aspectos de la resonancia nos ayudan a explicar los sentimientos de simpatía y antipatía que experimentamos con distintas personas. Cuando dos o más energías o realidades vibrantes se sincronizan o entran en resonancia mutua – por simpatía o por fuerza - se produce la transmisión. Las personas entran en fase, mezclándose y fusionándose en una combinada armonía de vibraciones. Es por esto que los grupos ocultos sólo poseen la fuerza de su miembro más débil. Cuando los sonidos influyen en el cuerpo humano, la resonancia puede tener efectos beneficiosos o perjudiciales. El cuerpo humano es bioeléctrico. Nuestros campos áureos constituyen campos de energía electromagnética que rodean nuestro cuerpo físico. Estamos constantemente emitiendo (aspecto eléctrico) y absorbiendo (aspecto magnético) energía. Siempre que establecemos una actuación recíproca con otra persona, se produce un intercambio de vibraciones de energía. A menos que aprendamos a reconocerlos y a despejar nuestros campos, acabaremos con problemas físicos, emocionales, mentales y espirituales. El poder secreto de la palabra en parte implica el control y la dirección de nuestra propia resonancia con otras energías, de ahí la importancia de que aprendamos a diferenciarlas.

El ritmo puede provocar cambios en los estados físicos, la melodía en los estados emocionales y mentales, y la armonía tiene la capacidad de elevar la consciencia al grado espiritual. Los cantos, mantrams, plegarias, canciones, narraciones, música y lenguaje utilizan el ritmo, la melodía y la armonía para alcanzar la unión de cuerpo, mente y espíritu. Prácticamente en todas las sociedades ha existido lo que se denomina “el canto de lo absoluto”, o la canción triple. A nivel numerológico, el tres es el gran número creativo. Es el número del artista, el músico, el poeta y el místico. Este canto triple utiliza tres aspectos del principio del sonido sagrado:

- Ritmo: a partir del cual nace todo el movimiento en el universo.

- Melodía: a partir de la cual nace la actuación recíproca entre lo divino y lo físico y nuestras interacciones con otras formas de vida.

- Armonía: a partir de la cual nace el auténtico poder espiritual que se manifiesta en el universo y en los seres humanos cuando se han armonizado las actuaciones recíprocas con todos los elementos de la vida.

El ritmo es el pulso de la vida y afecta todos los estados físicos. Puede utilizarse para restablecer las pulsaciones normales y saludables en una persona. Cuando nos exponemos a un ritmo regular y estable se desencadena una resonancia en los propios ritmos naturales del cuerpo. Los ritmos externos pueden activar una resonancia forzada y una transmisión de nuestros ritmos internos. Esto posee aplicaciones beneficiosas y perjudiciales. Determinados ritmos son anormales y pueden crear problemas. Pueden provocar que el ritmo cardíaco normal pase a un nivel perjudicial para la salud en el interior del cuerpo, como por ejemplo el anapesto, ritmo utilizado por los Rolling Stones en algunos trabajos de los años sesenta. Es también un ritmo empleado por ciertas bandas de rock, punk y heavy metal. Durante los sesenta se llevaron a cabo investigaciones al constatar que determinadas personas experimentaban problemas de respiración y arritmias en relación con la música. El latido normal del corazón sigue una pauta de “da-da/da-da/da-da”, y un ritmo anapéstico crea un ritmo cardíaco de “da-da-da/da-da-da”, que es lo opuesto al latido normal, pudiendo afectar a todas las funciones corporales. No es el único. Cualquier ritmo fuerte al que nos exponemos durante un período suficientemente largo crea un estado de excitación e hiperactividad en el interior del cuerpo a medida que entra en resonancia con él.

Los ritmos uniformes y dirigidos restablecen los ritmos corporales cuando éstos están desequilibrados. Las personas con dolencias cardíacas, por ejemplo, sacan un gran partido de la música barroca, que posee un ritmo tranquilizador y revitalizador de las pulsaciones del corazón, por lo que a menudo se lo utiliza en cirugía cardíaca. Su ritmo ayuda en la curación y el fortalecimiento del corazón. Las pautas rítmicas siempre han formado parte del ritual y la revitalización. Los ritmos puros, específicos, se asociaban a las ideas, experiencias y procesos fisiológicos definidos. Las pautas de golpeteo del tambor se refieren a las emociones y a la exploración de la consciencia interna. En distintas prácticas chamánicas se utiliza el toque del tambor para provocar un cambio en el estado de la consciencia o un trance. Quien participa en una de las citadas prácticas se concentra en el toque del tambor y lo sigue, como si montara en él para realizar un viaje mítico hacia un estado interior del ser. Ello proporciona acceso a niveles de consciencia normalmente inaccesibles. En el chamanismo, el tambor establece una suerte de puente que permite al chamán conectar con un estado de consciencia mágico.

En los procesos de curación, el ritmo (tambores, maracas, campanillas, gongs), puede conferir vigor y estimular nuestras energías primigenias básicas. Los ritmos, sobre todo los de instrumentos de percusión, activan el bazo y los centros básicos de los chakras corporales, que están vinculados a las funciones del sistema circulatorio, las suprarrenales y nuestra fuerza vital básica. Son también nuestros centros de sexualidad: la expresión física de nuestra espiritualidad vital dinámica.

El vudú no pretende ocultar o disimular su utilización del tambor para la estimulación de determinados tipos de energía. Muchos de sus rituales se utilizan para bloquear la mente racional, activar las energías sexuales y conseguir el trance. El incesante y rítmico tamborileo desencadena una forzada resonancia con sus energías. El ritmo estimula la energía física. El tamborileo puede constituir un medio para aumentar el fluido sanguíneo por todo el cuerpo. El ritmo puede acelerar o desacelerar los latidos del corazón así como el de todos los órganos vinculados. Así pues, era prácticamente impensable que un antiguo chamán, curandero o sanador no poseyera un tambor o instrumento para el ritmo. Según la síncopa o las pausas entre ritmos, pueden crearse distintos efectos fisiológicos. En los relatos chamánicos, se utiliza el tambor para que la audiencia resuene entre sí y con las energías de la historia que se relata. Como su compañero el tambor, las maracas constituyen uno de los instrumentos de curación más antiguos y pertenecen a la familia de la percusión. Desgraciadamente, a menudo se olvidan sus aspectos curativos excepto en el caso de las personas interesadas en el chamanismo o en los procesos de curación tradicionales de los nativos. El tambor posee una versatilidad de curación por medio de sus ritmos de la cual carecen otros instrumentos. Además es fácil de manejar y transportar.

Las maracas y sus ritmos poseen la capacidad de vincular el despertar de la consciencia con las energías del cosmos o los niveles de consciencia internos profundos, los que pueden liberar una mayor cantidad de energía y potencia para el proceso de purificación y curación. Las maracas son un instrumento de purificación.

Nosotros mismos somos un sistema de energía bioquímico/ electromagnético. Nuestros pensamientos y emociones activan distintas frecuencias de impulsos electromagnéticos que actúan recíprocamente con nuestra bioquímica. Los pensamientos y emociones negativos instauran unas pautas de energía inflexible en el seno de nuestros campos áureos (algo muy parecido a la imagen de estática de un aparato de televisión con una señal de recepción deficiente). Dichas pautas son desviaciones de las auténticas pautas y frecuencias de energía que nos son propias. Si no purificamos estos residuos de energía estática y negativa, se mancillará toda energía que fluya hacia el cuerpo físico y a través de él. El cuerpo etéreo constituye el filtro del físico, donde los chakras modifican las energías que entran al cuerpo físico y que salen de él, por lo que se debe mantener completamente limpios estos filtros. A diario establecemos contacto con gran cantidad de residuos de energía que pueden entrar en resonancia y adherirse a nuestra ropia energía, tal como los grifos acumulan minerales y residuos que impiden la libre circulación del agua. La maraca es un instrumento rítmico que nos permite desprendernos de cualquier residuo de energía que haya quedado en el fondo de nuestros filtros y centros de mediación naturales. Su proceso es simple y lo puede realizar cualquier persona aunque no tenga conocimientos musicales. Se agita la maraca describiendo un círculo alrededor del cuerpo. Su sonido rítmico ayuda a aflojar las pautas de energía inflexibles que se han acumulado en el cuerpo etéreo. Seguidamente se agita la maraca a la vez que se la mueve de arriba abajo en el punto central del cuerpo, en la parte frontal y en la posterior. Con ello se sueltan los residuos de energía que se hayan acumulado en los centros de los chakras o alrededor de éstos. Algunos curanderos realizan movimientos adicionales en cada chakra, pues como son los centros de mayor actividad electromagnética, son mucho más propensos a acumular restos de energía.

La melodía constituye el segundo aspecto de los tres que posee la canción: ritmo, melodía y armonía. A partir de la melodía aprendemos mucho sobre nuestras relaciones con las demás energías. Sin relación no hay melodía; un todo por sí solo no crea una melodía, la que se forma al situar un tono junto a otros. La melodía, recitada, cantada o interpretada con un instrumento, apacigua y altera los estados emocionales y mentales. Equilibra la tensión mental y también sirve para aliviar el dolor. ¿Quién no ha visto a una madre cantando o tarareando dulcemente junto al hijo que llora? (A menudo la madre mece al mismo tiempo al niño, restituyendo su ritmo sedante en su metabolismo). Al cantar junto al niño, la madre establece un vínculo entre sus energías y las del pequeño (relación), por medio del cual lo calma, y equilibra dolor y emoción. Es una forma de resonancia forzada sin tener consciencia de ello. Resulta muy beneficioso y terapéutico canturrear en voz baja una dulce melodía a lo largo del día al niño que todos llevamos dentro. Nos alivia la tensión y ayuda a mantener el equilibrio.

Cada melodía consta de tonos que nos afectan a varios niveles. Por ejemplo, de vuelta a casa al salir del trabajo, si cantamos para nuestros adentros una sencilla melodía de nuestra niñez, nos ayudará a purificar la energía desprendiéndonos de los residuos negativos que hayamos podido acumular en el trabajo. Uno de los mejores métodos para relajarse consiste en escuchar una melodía suave y sencilla; no es necesario mucho tiempo para que surta efecto. Lo comprenderemos perfectamente si en alguna ocasión hemos oído a alguien cantar un par de estrofas de la canción de cuna de Brahms a un niño. Quienes no crean que una sencilla melodía puede desencadenar tales efectos pueden ir mañana al trabajo tarareando o silbando alguna estrofa de Pop, Goes the Weasel. A media mañana nos sorprenderá el número de personas que está tarareando, cantando o silbando el mismo aire.

La armonía constituye el tercer aspecto de la canción. A través de ella vinculamos el poder de nuestra energía individual con la energía de lo divino. La armonía no sólo encierra los aspectos físicos, emocionales y mentales del sonido sagrado sino también el espiritual. En el campo de la curación, cuanto más simple sea la melodía mejor. Al igual que en la melodía, la relación de un tono con otro se refleja por medio de la armonía. Un acorde consta de dos o más notas que suenan simultáneamente o se arreglan de acuerdo con la armonía. Lo óptimo es interpretar el tono principal, así como un armónico más. De esta forma se consigue armonizar los tonos para crear una combinación de vibraciones y energía que no se conseguiría con un solo tono. Trabajando con armonías conseguimos la clave de la transformación. Por medio de ella llegaremos a alterar, transmutar, aumentar y disminuir, adaptar y cambiar nuestras energías y capacidades a todos los niveles. La armonía nos permite transmutar circunstancias de nuestro cuerpo físico y alterar nuestro estado de consciencia. Al igual que el alquimista, convertimos el plomo de nuestra vida en oro. Cuando encontramos las adecuadas combinaciones de tono, ritmo y armonía somos capaces de desencadenar una resonancia en el interior del cuerpo, mente o alma que nos permite corregir los desequilibrios y alcanzar estados de consciencia más elevados.

Dicho proceso se refleja en todos los aspectos de la vida. Se hace asimismo patente en el proceso de desdoblamiento psíquico. Mientras trabajamos para desarrollar una capacidad espiritual o un don psíquico, otros se abren de forma automática armonizando con el primero. Empiezan a revelársenos aquellas áreas de expresión compatibles con nuestro punto de concentración.

Podemos denominar a este proceso armonía espiritual.

A pesar de que nos referimos a los tres elementos de forma diferenciada, todos tienen múltiples funciones. El ritmo afecta básicamente a lo físico; la melodía afecta a las emociones y pensamientos así como al cuerpo, y la armonía nos afecta a todos los niveles: físico, emocional, mental y espiritual. Al aprender a utilizar cada uno de estos elementos por separado y luego combinados, damos inicio a la creación de la canción triple del absoluto. Aprendemos a modelar y dar forma a las energías por medio de sus combinaciones de una forma creativa y extraordinariamente mágica.

Ted Andrews

Extractado por Silvia Martínez de
Ted Andrews.- La Curación por la Música.
E
d. Martínez Roca S.A.

Fuente: http://www.alcione.cl/nuevo/index.php?object_id=954

martes, 15 de julio de 2008

QUÉ ES LA REENCARNACIÓN? (1)


PRÓLOGO

Mucho se ha hablado de la Reencarnación, pero hasta ahora no habíamos encontrado ningún escrito que fuese tan extenso y determinante para la comprensión de este tema, tan sumamente defendido por unos y negado por otros. De cualquier manera, entendemos que LA VERDAD ESTA EN CADA UNO DE NOSOTROS.

Merece la pena esforzarnos un poquito y llegar hasta el final de la exposición, que P.Pavri hace de la reencarnación, máxime que con su forma de exponerlo (preguntas y respuestas) se hace mas ameno.

Ángel y Pilar


PREG.— Qué es Reencarnación?

RESP.— Es el renacimiento, el descenso del alma humana a su­cesivos cuerpos físicos. Cada ser deberá pasar por muchas vidas, vol­viendo a la tierra una y otra vez y habitando, en cada ocasión, en diferente cuerpo terrenal, de acuerdo con la Ley de Karma, según la cual cada uno cosecha lo que hubiere sembrado en previas vidas.

PREG.— ¿Pero, ¿qué es lo que reencarna, y cual es el objeto de la reencarnación?

RESP.— Por lo que hace a la etimología de la palabra (re, otra vez, in, en carocamis, carne reencarnar significa "repetidas entradas en envolturas carnales o físicas" e implica la existencia de algo rela­tivamente permanente que entra en algo relativamente impermanen­te. El hombre es una inteligencia espiritual revestida de cuerpos de materia. Esa inteligencia, que debe desplegar todos sus poderes y divinas capacidades, se desarrolla por descensos hacia la tosca ma­teria, ascendiendo después con los resultados de las experiencias así obtenidas. Es el Ego, es decir, el quinto principio. Manas, (1) con los dos principios superiores, Buddhi y Atrná, que toma dife­rentes cuerpos, si bien su residencia natural son las regiones más elevadas y espirituales. Aun no manifiesta la divinidad y debe apren­der a dominar la materia mediante largas experiencias y muchas lecciones. Tal como el ave marina revoloteando por los aires se precipita en el agua para coger su presa y se eleva de nuevo a su propio elemento, así sucede con el hombre real, el ser espiritual que pertenece a los mundos superiores, quien desciende a la tierra a obtener la experiencia, que es el alimento para el desarrollo del Espíritu y la cual lleva consigo a su hogar para asimilarla en capacidades innatas y poderes mentales y morales.

En cuanto ha sido asimilada la ex­periencia de una vida, regresa a la tierra por otra, vida a ingresar más. Primeramente viene a la tierra y toma un cuerpo que le ha sido preparado, generalmente el cuerpo de un salvaje, para aprender las primeras lecciones de la experiencia humana. Pasa luego al otro lado de la muerte y, mediante las lecciones del dolor, aprende los errores que cometió, así como de las lecciones de gozo, deduce cuáles fueron los pensamientos y sentimientos, rectos que tuvo; al paso que, durante la última parte de su vida postmortem, asimila lo que pudo recolectar en la tierra. Una vez asimilada tal experiencia, vuelve de nuevo a la tierra y ocupa un cuerpo mejor, adecuado a su condición ya más adelantada. Su vida real requiere, pues, millones, de años y lo que comunmente consideramos como su vida es tan solo un día de SU vida, ya que una existencia de unos sesenta años en este mundo ordinariamente es seguida en los mundos superiores por un período de dos a veinte veces aquella duración, de acuerdo con el desarrollo.

Cada vida es un día en la escuela, y cada vez que volvemos, a la tierra, reasumimos nuestras lecciones en el punto en que las dejamos antes, ayudados por lo que aventajamos con el estudio a domicilio, es decir el estudio en los "cielos", que son el hogar del alma. El salvaje se halla precisamente comenzando su educación humana, en tanto que un ser espiritualmente adelantado se está aproximando a su exa­men final en esta escuela del mundo. Algunos alumnos, que son ap­tos, aprenden rápidamente, mientras que otros egos, a manera de ni­ños poco inteligentes, requieren mayor tiempo para comprender sus lecciones. Ningún alumno habrá de fracasar jamás, pero la duración del tiempo que requiera para capacitarse para el examen superior, dependerá de su propio criterio. El discípulo juicioso considerando que esta vida escolar es meramente una preparación para otra más elevada, procura aprovechar el tiempo lo mejor posible y trata de comprender las reglas de la escuela y conformar su vida de acuerdo a días.

PREG.— ¿Acaso no tenemos bastante sufrimientos en una sola vida? Es horrible la idea de renacer para sufrir una y otra vez.

RESP.— Los hechos no se alteran por nuestro desagrado de la existencia o por falta de comprensión del propósito de la misma. Si en el mundo fuesen desconocidos los pesares y la aflicción, ¿acaso no sería un cruel sufrimiento el abandonar esta tierra de bienaven­turanzas a la hora de la muerte, y no sería, entonces, bienvenida la reencarnación? Por tanto, lo que desagrada no es la reencarnación sino las pruebas y sufrimientos de la vida terrenal. Pero las dificul­tades y pesares nos traen experiencia, nos enseñan algunas de las más grandes lecciones de la vida y nos compelen a desarrollar poderes que, de otra manera, famas entrarían en actividad. Según se explicara des. pues, en el Capítulo V nosotros cosechamos lo que sembramos; su­frimos en la presente vida a causa de errores en las pasadas; y nadie más que nosotros mismos puede causamos sufrimiento.

PREG.— ¿No parece injusto que seamos castigados por malas ac­ciones ya olvidadas, perpetradas hace miles de anos, en una vida an­terior? ¿Por qué ha de sufrir un hombre a consecuencia de aquello que no es consciente de haber hecho?

RESP.— Una persona puede sufrir enfermedades, ignorando las condiciones bajo las cuales sembró en su cuerpo los gérmenes de aquellas; pero la recta secuela de causa y efecto no se altera por su ignorancia. En el Universo no existe ta1 absurdo de un efecto sin una causa responsable.

Por otra parte, el olvido de los errores no destruye sus consecuen­cias, así como, el no recordar las buenas acciones, no impide al hom­bre gozar del fruto de las mismas.

De hecho el hombre real, el Ego, no olvida sus malas acciones, pero las recuerda como nosotros recordamos lo que hicimos ayer, si bien la memoria del cerebro físico del nuevo cuerpo no recuerda lo que fue hecho en el cuerpo que el Ego usó en su vida anterior. Un muchacho que robe manzanas hoy, será acreedor al castigo cuando se le aprehenda días después, aunque vaya usando un traje diferente. El Ego que creó el Karma cosecha el Karma. El labriego que sembró la semilla levanta la cosecha, aunque las ropas que haya usado al sembrar puedan haberse destruido durante el intervalo de la ciembra a la cosecha. Igualmente, pueden destruirse los ropajes físico, astral y mental del Ego entre la siembra y la cosecha, y cosechar él en un nuevo juego de vestiduras; pero, quien siembra, también recoge, y si empleó poca semilla o de mala calidad, él mismo tendrá que le­vantar una exigua Cosecha cuando llegare el tiempo.

Si fuésemos a recordar todas nuestras malas acciones pasadas, nos sentiríamos desolados ante la dolorosa visión de un pasado siempre lleno de debilidades, aunque estuviese libre de la mancha del crimen; y si supiéramos que cada uno de nuestros errores pasados, continua­mente presentes ante nuestros ojos, traería consigo 'su castigo, ¿no estaríamos, acaso,' obsesados a cada instante por el temor, y no sería nuestra vida un tormento intermináble, fuera dé toda proporción con el pecado cometido? Limitándonos a una sola vida, ¿cuántos crimi­nales podrían obtener mejor provecho de ella si tan sólo pudieran olvidar?; mas el recuerdo de su crimen es un grillete que les impide recobrarse y progresar. Y ¡cuánto más felices seríamos muchos de nosotros si pudiéramos anular varias páginas de nuestra historia de esta actual encarnación! Mientras no seamos suficientemente fuer­tes para soportar sin tristeza, remordimiento o ansiedad y sobre todo sin resentimiento, los recuerdos de la presente vida, no deseemos agregar al peso de ella la carga de un pasado milenario.

Por tanto, es un Banquero misericordioso el que nos ahorra la molestia de llevar, nuestras cuentas y quien, cada vez que nos ha­llamos a punto de comenzar un nuevo libro Mayor, fija el saldo y lo pasa a nueva cuenta con sus intereses acumulados. Por otra parte des pués de la muerte, el alma, libre ya de sus ilusorias envolturas, veri­fica una revista imparcial del pasado, anota sus errores y fracasos así como sus motivos y, por el conocimiento así adquirido, crece, en sabiduría y en poder, en inteligencia .y en conciencia.

PREG.— Pero, ¿por qué no tenemos recuerdo de nuestras vidas pasadas? Nos acordamos de todo lo que hemos experimentado si hubiésemos vivido antes, ¿por qué, habríamos de olvidarlo?

RESP.—En primer lugar anotemos el hecho de que olvidamos ¡de nuestra vida actual más de lo que recordamos no recordamos cuando aprendimos a leer, pero el hecho de que podamos leer demuestra .el aprendizaje. Evitamos que el fuego nos queme, pero no recordamos la ocasión particular en que; por primpra vez nos quemamos y apren­dimos la lección. Además estos acontecimientos no están por com­pleto olvidados; se hallan sumergidos, no destruidos, y pueden ser extraídos de las profundidades de la memoria, pueden ser recobrados del subconsciente de una persona si se la pone en trance mesmérico.

Si este olvido es un hecho tratándose de experiencias por las que pasamos en nuestro cuerpo astral ¿cómo esperar que nuestro cerebro actual recuerde experiencias en las que ni el ni el cuerpo tuvieron participación alguna? Nuestros cuerpos causal y superiores permanecen con nosotros a través de toda la serie de encarnaciones, pero los cuerpos físico, astral y mental se desintegran tras cada ecarnación; y cuando al iniciar una nueva existencia nos recubrirnos de tres Cuerpos mortales, estos nuevos cuerpos reciben, de la inteligencia espiritual que reencarna, no las experiencias detalladas del pasado, sino las cualidades, tendencias y capacidades obtenidas de aquellas expe­riencias; y nuestra conciencia, nuestra respuesta instintiva a los lla­mados emocionales e intelectuales, nuestro asentimiento a principios fundamentales de bien y nial, son vestigios de pasadas experiencias.

Hay muchísimos recuerdos inconscientes; que se manifiestan en facultad, en emoción, en poder; trazas del pasado impresas en el presente y descubribles por la observación de nosotros mismos y de los demás. De conformidad con nuestro Karma 0btenemos de nuestros padres, nuestro cuerpo físico mediante lo que se llama herencia física; pero la mentalidad que poseemos así como nuestro íntimo caracter, los hemos construido nosotros mismos. Toda persona trae consigo, a cada nueva encarnación, ciertas tendencias que son los acumulados recuerdos de pasadas vidas; ciertos poderes que asimismo son la suma de actividades del pasado; y ciertas características, ciertas facultade, que prontamente se revelan en la criatura y que hablan de lo que se hizo o dejó de hacerse durante previas vidas en la tierra. De aquí que los recuerdos del pasado puedan ser claros y definidos, lo­grados por la práctica del Yoga. (una disciplina o sistema de entrena­miento) o puedan ser inconscientes pero demostrados por los resul­tados, e íntimamente aliados, de muchos modos, a los que se llaman instintos, por los cuales hacemos ciertas cosas, pensamos a lo largo de ciertas lincas, ejercitamos ciertas funciones, y poseemos ciertos conocimientos sin haberlos adquirido conscientemente. En las actuales investigaciones de la Psicología, muchos arrebatos de sentimiento que llevan a cometer acciones violentas e impremeditadas, son atribuidos al subconciente es decir, a la conciencia que se demuestra en los pen­samientos, sentimientos y accione involuntarias; vienen a nosotros procediendo del remoto pasado, sin nuestra volición ni nuestra crea­ción concíente. Nuestros instintos son recuerdos enterrados en el, subconsciente, que influencian nuestras acciones y determinan nues­tros gustos; nuestro instinto moral es Conciencia, una masa de entretejidos recuerdos de pasadas experiencias, que habla con el mandato imperativo de todos los instintos, decidiendo acerca de lo "bueno" y de lo "malo" sin argumentar ni razonar, y previniéndonos, evitar pe­ligros ya experimentados en lo pasado.

¿Qué son las facultades innatas sino un recuerdo inconsciente de asuntos bien dominados en el pasado? Y aquí tenemos una prueba de b exactitud de la idea de Platón, acerca de que todo conocimien­to c.s una reminiscencia. Habiendo aprendido bien alguna ciencia, por ejemplo las Matemáticas, en esta vida, y habiéndola olvidado,durante años, podemos aprenderlas de nuevo, rápidamente, puesto que no sería más que repasar un asunto bien conocido. De igual manera, cuando comprendemos y aplicamos prontamente una filosofía, o cuando lle­gamos a dominar un arte sin mucho, estudio, la memoria de las vidas pasadas está allí en acción aunque los hechos del aprendizaje se hayan olvidado. Y, así sucede que una persona que hubo estudiado Ocultismo en una vida anterior, y llega a ponerse en contacto con la Teo­sofía en esta vida, la acepta inmediatamente, como quien reanuda una antigua relación, y hace rápidos progresos; en tanto que otra que por vez primera la estudia en esta vida no adelanta gran cosa.

Igualmente, cuando nos encontramos como en familia con un extranjeroque acabamos de conocer, o cuando dos seres se enamoran a primera vista, el recuerdo actúa allí, es el reconocimiento que el Espíritu hace de un amigo de anteriores encamaciones; es el llamado del Ego al Ego, antiguos camaradas que estrechan sus manos en per­fecta confianza y mutua comprensión. Y de modo semejante está presente el recuerdo cuando nos sobrecogemos con un sentimiento de repulsión a la vista en un ser en apariencia extraño a nosotros: no es más que el reconocimiento de un antiguo enemigo.

Por otra parte, el recuerdo de vidas pasadas se manifiesta, en oca­siones, en niños que tienen fugaces visiones de su'vida anterior y que rememoran algunas veces muchos detalles, especialmente si perecieron de muerte violenta en su última encamación. Sin duda alguna tal re­cuerdo se puede lograr, pero ello requiere firme esfuerzo y prolongada meditación'para controlar la siempre inquieta mente y tomarla sen­sitiva y fiel al llamado del Espíritu manifestado como un Ego, único que almacena todos los recuerdos del pasado; entonces se recuerdan las escenas de anteriores vidas, se reconocen los antiguos amigos, se ven los antiguos lazos. El hecho es que el Ego ha pasado por todos esos eventos y, en el mundo célico, después de la muerte, ha elabo­rado, de sus experiencias, facultades y carácter, intelecto y concien­cia. Pero solamente cuando un hombre alcance la memoria del Ego y llegue a unificarse con él conscientemente, y podrá recordarlo todo en su nuevo cerebro.

Ningún cerebro puede conservar con todos sus detalles el recuer­do de acontecimientos de numerosas vidas, pasadas, y aunque pudie­se, siendo meros detalles, no valdrían la pena de ser, tomados en con­sideración por quien tiene que actuar bajo. el, acicate del momento. Sí cada vez que nos aproximamos al fuego tuviésemos que recordar todas las penas de quemaduras previas, volveríamos, a quemamos, mu­chas veces antes de pasar por todos los detalles de recuerdos pasados y deducir de ellos una linea de conducta. Mas cuando aquellos su­cesos se han sintetizado en juicios morales y mentales, están listos para uso inmediato. El recuerdo de numerosos asesinatos cometidos sería una carga inútil, en tanto que el instinto de la santidad de la vida humana es un recuerdo efectivo de aquellos.

Un hombre de edad es mas sabio y más inteligente que un jo­venzuelo, porque ha ganado mayor experiencia. Igualmente, un hom­bre civilizado es más sabio que un Salvaje, porque ha pasado por más encarnaciones.

PREG.— Pero, ¿acaso es siempre más sabio y mas inteligente un hombre de edad que un muchacho? A veces un joven civilizado, de veinte años, es más inteligente que un indígena dé cincuenta.

RESP.— Esto sólo viene a reforzar la teoría de la reencarnación. Un niño de diez años y diez días es más Sabio que otro de cinco anos y cincuenta días, pues los días nada significan ante los años. Igualmente, puesto que los años nada significan ante las vidas, un joven de veinte años y, probablemente, mil vidas tras él, debe ser más sabio que un indígena de cincuenta años y, probablemente, de cien vidas. Ahora bien, si no aceptamos la reencamación, todas las cria­turas deberían nacer con la misma suma de inteligencia, lo cual no es así. Solamente la reencamación explica la diferencia entre ellas, diferencia en crecimiento, debida a las diferentes edades de las almas.

PREG.— Pero si mantenemos y educamos en Europa a un negro, ¿no sería tan inteligente y tan sabio como un niño europeo?

RESP.— Si la inteligencia dependiese de la educación recibida en la juventud dos hijos de los mismos padres, igualmente preparados y educados, deberían ser igualmente inteligentes o igualmente tontos. No tan sólo no es así, sino que a menudo sucede justamente lo con­trario a que un hermano es sabio y virtuoso, mientras el otro es necio y vicioso. Además, los gemelos, que rio se distinguen en su infancia, desarrollan, al crecimiento, un intelecto muy distinto a pesar de la similaridad de entrenamiento y educación en todo respecto.

El negro es vivo y listo hasta cierto punto en él cual se detiene súbitamente, con mucho desagrado de su maestro que creyó llevarlo más adelante. La Reencarnación explica que una criatura viene al mundo con su carácter, sus cualidades, sus características, poderes y deficiencias; que hasta cierto punto podemos moldear y modificar aquel carácter, pero que nuestros poderes a este respecto son muy li­mitados. Como lo dijo Ludwíg Büchner: “El carácter es más fuerte que la educación"

PREG.— Se sabe (fue las peculiaridades físicas, mentales y mora­les de los niños proceden de los padres por la Ley de Herencia, ¿qué tiene de extraño pues, que un niño europeo sea inteligente y un negro sea estúpido? ¿Acaso la reencarnación ignora tal Ley?

RESP.— No; por el contrario, la ratifica en el plano físico. Al suministrar cuerpos físicos, los padres estampan en ellos su marca de fábrica, y así, las moléculas del cuerpecito infantil traen consigo el hábito de vibrar de cierto modo definido. De esta manera es como se trasmiten al niño las enfermedades hereditarias, asi como las pe­queñas manías o extravagancias.

Pero la transmisión de semejanzas y peculiaridades mentales y morales es verdadera hasta cierto límite y nunca hasta la extensión que se supone. Los padres suministran los átomos físicos así como los etéreos, y los elementos kámicos (estos son especialmente aportados por la madre), los cuales, actuando sobre las moléculas del cerebro, confieren al niño las características pasionales de los padres, modifícando en parte las manifestaciones del ego del niño. Si bien la Reen­camación admite todas estas influencias paternales en la criatura, va más lejos al afirmar que existe una acción del ego por completo 'inde­pendiente, la tendencia inherente a su naturaleza,dando así una ex. plicación plena de las diferencias lo mismo que de las semejanzas. La herencia puede explicar solamente las semejanzas y no las diferenciaciones.

Además, si bien la ley de herencia explica la evolución de los cuerpos, no arroja luz sobre la evolución de la inteligencia y "de" la conciencia, y las últimas deducciones demuestran qué las cualidades adquiridas no son trasmisibles y que el genio a menudo es estéril. Hay circunstancias de peso, que se oponen a la Ley de Herencia y que son fácilmente explicadas por la Reencamación, como los si­guientes casos que demuestran lo inadecuado de influencias mera­mente hereditarias:

1.— Hijos de los mismos padres que no son igualmente inteligentes ni de las mismas tendencias morales.

2.— Comparando las vidas de los gemelos se observa que los in­dividuos nacidos bajo condiciones precisamente idénticas y teniendo exactamente la misma herencia, a menudo difieren grandemente lo físico, en intelecto y en carácter.

3.— Las grandes diferencias de carácter y de inteligencia que pue­den existir entre padre e hijo a pesar de su parecido físico.

4.— El nacimiento de genios en circunstancias humildes y hasta vulgares, lo que irrefutablemente prueba que el alma individual so brepasa las sujeciones del nacimiento físico.

5— Hijos mediocres nacen de padres muy cultos, lo que demuestra la falta de adaptación de la influencia hereditaria en las capaci­dades y poderes mentales y morales.

6.— Hijos perversos que nacen de padres santificados.

7.— Hijos santificados que nacen de padres disolutos.

Grandes genios morales como el Buddha, Zoroástro Jesús etc., cuyo nacimiento no puede ser explicado por la herencia. Instintos musicales ¡o tendencias artísticas en un hermano, mientras el otro ni siquiera tiene una elemental noción del Arte.

Todos estos casos pueden ser explicados satisfactoria y fácílmente por la reencarnación.

PREG.— ¿No podría cada alma ser creada especialmente por Dios? Se dice que hay tres explicaciones para las desigualdades humanas, para las diferencias de facultades oportunidades y circunstan­cias: la Ley científica, la Herencia la creación especial por Dios, y la Reencamación. Habéis refutado la primera ¿que podríais decir de la segunda?

RESP.— Todo el mundo acepta la Ley de Evolución para toda cosa, excepto para el hombre. Lo que principia en el tiempo debe terminar en el tiempo, y la idea de creación especial implica la corre­lativa de aniquilación al tiempo, de la muerte pero se pretende que la inteligencia espiritual llamada hombre no tiene un pasado espi­ritual, si bien se admite que tiene un futuro interminable, lo cual hace pensar en el absurdo de una vara con una sola extremidad.

Según esta hipótesis, el carácter de un hombre, del que depende todo su destino, es creado especialmente para él por Dios y se le im­pone sin ninguna oportunidad de elegir. Si se le dota de noble ca­rácter y refinadas capacidades, deberá mostrarse agradecido aunque nada hizo para merecerlas. Sí nace con una enfermedad hereditaria, y con mal carácter y aun criminalidad congénita; o bien si nace li­siado o idiota, tampoco ha hecho nada para merecerlo. Todo depen­dería entonces del mero acaso, o del antojo, ó de la arbitraria volun­tad de Dios. Si así fuere el caso, ¿dónde está la justicia del Suma­mente Justo Dios, por no decir algo del amor del Padre Todo Amor? Se nos dice a veces que todas estas cosas deberán ser ajusta­das en la vida venidera. Podrá ser así; pero eso no da ninguna ex­plicación razonable acerca de por qué son así en esta vida actual, ni tampoco nos parece, muy razonable excluir especialmente a la vida humana, en esta tierra, del conjunto de ley y de orden del exquisito designio y propósito que se observa, por doquiera en el mundo natural. Además, un niño puede morir pocas horas que un alma haya sido especialmente creada para él. Tal alma tendrá que lamentar eternamente haber perdido aquella vida y las experiencias que hubiera obtenido sobre la tierra. Pero si las experiencias terre­nales no sirvieran después, y si la vida en la tierra no tuviere valor alguno excepto para ser juzgados en ir a un cielo eterno o a un in­fierno eterno, podríamos decir que a un alma que viniese a un cuerpo que viva hasta la vejez, le tocó 1a peor, parte, pues hubo de sufrir mo­lestias, miserias y .pecados, corriendo el riesgo aún de acabar en el infierno; en tanto que la criatura no corrió riesgo alguno, no sufrió miserias ni penalidades y al morir correrá tan buena suerte como otras almas.

Hay más aún: esta teoría hace de Dios un servidor del hombre ya que El tendrá que esperar para Crear una nueva alma hasta que el hombre, impelido por sus pasiones, suministre material para un nuevo cuerpo físico. Por otra parte, si bien por un lado se afirma que Dios castiga al que peca, por otro lado El mismo se pone a crear una nueva alma para los cuerpos pecaminosamente producidos. Por consi­guiente, la teoría de una creación especial también parece ilógica, injusta y absurda, subsistiendo la reencarnación como la explicación más razonable y justa.

PREG.— Una objeción más: si no hay creación especial tiene que existir un número fijo de egos humanos (que vuelvan a la tierra una y otra vez. ¿Cómo podría explicarse, pues, el aumento de po­blación del mundo?

RESP.—Hay en la actualidad un número fijo de espíritus huma­nos, unos sesenta mil millones, que forman nuestra humanidad. En determinado punto de la evolución, hubo un influjo de ellos, del reino animal al reino humano; pero eso pasó hace mucho. Por su­puesto, unos pocos que proceden del reino animal, se individualizan ocasionalmente y entran al reino humano, pero tal número es in­significante como lo es el de quiénes dejan nuestra humanidad para pasar a la evolución super humana y así el número de espíritus que forman nuestra humanidad, prácticamente se mantiene constante.

Si bien el número de egos es, pues, fijo, quienes sé hallan actualmente encarnados en cualquier momento forman una pequeña minoría, como de 1 por cada 10 del total, puesto que la población de todo el mundo, se dice, asciende a 6.000 millones en contra del total de 60,000 millones de egos. Muchos se hallan en los planos as­tral y mental y permanecen largos períodos alejados de la tierra a medida que evolucionan, encarnando más lentamente las almas ade­lantadas que las retrasadas. Podría compararse el mundo a un salón municipal que estuviese medio vacío, lleno, o a reventar, en tanto que; la población total de la ciudad permaneciese comparativamente constante; y al acelerar ligeramente la reencarnación, o acortar el periodo celeste, se aumentaría en gran manera la población física de nuestro globo sin aumento alguno en el número total de espíritus que reen­carnan.

Por lo demás, no hay prueba decisiva de que la población de nuestra tierra haya aumentado, pues si bien en ciertos países el censo puede ser digno de fe, en otros densamente poblados, como China, los datos se basan en sus suposiciones.

PREG.— Y bien, ¿cuál es la necesidad de la reencarnación?

RESP.— La reencarnación es necesaria lógicamente, científica­mente y moralmente.

PREG.— Sírvase explicar cada una en detalle. En primer lugar, ¿Cuál es el argumento desde el punto de vista lógico?

RESP.— La reencarnación es una necesidad lógica ya que en ella, sin nada que satisfaga la razón, la vida sería un desesperante enigma.

¿Hay algún propósito para nuestra vida entre la cuna y la tumba? ¿Nos preparamos de alguna manera a nosotros mismos o no, para la vida después de la muerte? Si existe una vida de bienaventuranza allende la tumba, debe merecerse de algún modo ya sea por resistir a la tentación o por un positivo bien obrar. Si se requiere un es­fuerzo para ganar la vida celestial, ¿cómo explicar el caso de una cria­tura que muere en la infancia sin haber tenido oportunidad de ha­cerlo? Se diría que ella, no habiendo causado mal alguno, entra luego al cielo. En tal caso parece duro para otro tener que pasar una larga vida de tentaciones y peligros, corriendo el riesgo de ir por último al infierno; por lo cual, si aquello fuese así, la plegaria de las madres debería ser, no que su recién nacido viva y crezca, sino que muera inmediatamente. Ahora bien, sí el resultado fuere el mismo, esto es, si llegaren al cielo tanto la criatura que perece en la infancia, cuanto el hombre bueno que alcanza una vejez madura, entonces la vida es una especie de trampa, peor que inútil, ya que está llena de miseria y dolor innecesario. Por otra parte, si la vida celestial debiera lograrse por el esfuerzo individual, habría que dar, iguales oportunidades a todos. Pero vemos que no es así, puesto que todos nacen diferentes, con distintos poderes, capacidades y oportunidades, en medio de cir­cunstancias y ambientes diversos, uno como salvaje, otro como imbé­cil o criminal congénito, en tanto que otros vienen dotados de buenas tendencias y favorables oportunidades. Ni podría esperarse poco de uno y mucho de otro, pues ello equivaldría a admitir que esta vida es innecesaria y que es justo que el uno deba llevar aquí una vida de ignorancia y sufrimiento, y el otro una vida de goce o de refinamien­to, y sin embargo cosechar ambos el mismo resultado. Ni bastaría afirmar que el primero recibirá una recompensa mayor en el ciclo, a causa de sus mayores dificultades aquí; pues entonces podría el otro exigir para él, también, una oportunidad semejante a fin de alcanzar la mayor exaltación posible.

Todos estos problemas parecen de difícil solución, a no ser por la teoría de la reencarnación que todo lo vuelve inteligible.

Veamos el caso de un salvaje sin mentalidad ni moralidad para quién su propia esposa es el mejor alimento; que se come a sus pa­dres cuando no sirven para nada, y a sus hijos porque aún no son útiles para algo; él mata, y roba y se embriaga hasta que finalmente sucumbe a manos de otro salvaje más fuerte. ¿Es esa vida estrecha y brutal todo lo que el mundo tiene que ofrecerle, cuando sabemos que el mundo es para otros tan bello, maravilloso y lleno de mejores do­nes? ¿Qué será de él al otro lado de la muerte? No se le puede enviar al cielo; por él contrario, lo mas probable es que vaya al infierno.

Veámoslo ahora a la luz de la reencarnación. En cuánto su cuer­po físico muere y el salvaje pasa al mundo intermedio, descubre que aquellos a quienes mató se encuentran aún con vida y, como no han olvidado lo que les sucedió a manos de él, lo reciben con la mayor hostilidad. Así comienza á aprender su primera lección, a saber que si mata a un hombre hoy, se encontrará con él al siguiente día. No aprende eso en una vida, pero tiene todas las necesarias para apren­derlo. Por otra parte tendrá también alguna buena experiencia postmortem en el mundo celeste. Pudo haber sentido algún ligero afecto por su mujer y sus hijos antes de que la extrema necesidad lo impul­sase a devorarlos; aquel pequeño germen crecerá, le aportará un poco de felicidad y se trasmutará en una cualidad moral con la que re­nacerá y la que también le comunicará cierta tendencia a resistir un poco al impulso de matar. Y así adquiere experiencias en cada vida, las transmuta en cualidades y facultades, y se va civilizando paula­tinamente hasta que llega al punto alcanzado por los niños que hoy nacen.

Además, si la reencarnación no fuere un hecho, ¿qué objeto ten­drían las cualidades que con tanto esfuerzo y dificultad adquirimos aún en una sola vida? Un hombre revela mayor sabiduría cuando lle­ga a su vejez, pero muere en cuanto es de mayor utilidad y valer; si acaso se salvase o condenase irremisiblemente sería llevado a mundos en los cuales habría de ser inútil para siempre aquel conocimiento ad­quirido a fuerza de tantas y variadas experiencias; de ser así, toda la vida humana carecería de razón de ser. Pero la reencarnación explica que el ser humano renace con aquellas cualidades ya formando parte de su carácter por lo cual nada se perdió. Por consiguiente, mientras más se aplican los puntos de mira lógicos razonables, más inevita­ble parece ser la reencarnación.... continuará

(1) Manas (actividad) Buddhi (Sabiduría) Atma (Voluntad).

sábado, 12 de julio de 2008

CUAL ES LA NECESIDAD DE LA REENCARNACIÓN ? (2)

PREG.-Cuál es la necesidad científica para la reencarnación?

RESP.— La ciencia exige ahora la reencarnación como comple­mento de su teoría de la evolución. Hay dos grandes doctrinas acerca de la evolución que se puede decir dividen al mundo científico. La primera es la enseñanza evolucionista de Charles Darwin; la segunda es la moderna enseñanza de Weissman. Ambas doctrinas, importantes como son, requieren la enseñanza de la reencarnación para complementarlas; pues en ambas surgen ciertas cuestiones que solamente la reencarnación puede resolver.

Considerando la enseñanza evolucionista de Darwin a la luz mas amplia posible, se presentan dos grandes puntos relacionados con el progreso de la inteligencia y la moralidad. Primero, la idea de que las cualidades son trasmitidas por los padres a la progenie y que por la acumulada fuerza de tal transmisión se desarrolla la inteligencia y la moralidad. A medida que la especie humana avanza paso tras paso, los resultados de su ascensión son transmitidos a su progenie, la cual, empezando por decirlo así desde la plataforma edificada por el pasa>' do, es capaz de ascender más en el presente y trasmitir a su posteri­dad, ya enriquecido, el legado que recibiera.

En segundo lugar, a la par que esto, aparece la doctrina del con­flicto, esto es, de aquello que se llama la supervivencia del más ap­to; de cualidades que capacitan a uno para sobrevivir y, por tal super­vivencia, transmitir a la progenie aquellas cualidades que le confieran ventajas para la lucha por la existencia.

Ahora bien, estos dos puntos capitales, la transmisión de cuali­dades de padres a la progenie, y la supervivencia del más apto en la lucha por la existencia, son dos de los problemas que difícilmente se solucionan desde el ordinario punto de mira Darviniano. En efecto, por lo que hace al segundo punto ¿cómo evolucionan las cualidades morales y sociales? Seguramente que no a causa de la lucha por la existencia. Las cualidades que .son humanas por excelencia, a saber, la compasión, el amor, la simpatía, el sacrificio del fuerte para la protección da débil, la disposición a dar uno su vida por el provecho de otros, son las cualidades que reconocemos como genuinamente humanos en contraposición a las que compartimos con los brutos. Mientras más cualidades de aquellas se manifiestan en el hombre, más humano se le considera. Pero, quienes se sacrifican a sí mismos, mueren.

Entre los animales domésticos y aún entre los más feroces, como las bestias de presa, la madre se sacrifica a sí misma por la indefensa prole, venciendo la ley de la propia conservación. El avemadre o el animalmadre sacrificarán su propia vida a fin de alejar a su ene­migo, el hombre, de la cueva o del nido en donde se hallan ocultos sus pequeñuelos. Siempre triunfa el amor maternal del amor por la vida. Pero la madre muere en el sacrificio. Las que más demuestran su afecto, perecen, se inmolan por amor maternal. Y entre los hom­bres se desarrollan las cualidades sociales y morales no a causa de la lucha por la existencia, lucha que requiere el cerebro más agudo y la conciencia menos escrupulosa. Las cualidades humanas de ter­nura y compasión pueden crecer solamente por el sacrificio de sí, pero aquí también como en el reino animal, el hombre que se sacri­fica muere; y si las virtudes sociales o humanas tienden a la muerte de sus poseedores; y a permitir que sólo viva el más egoísta y brutal ¿cómo podremos explicar el crecimiento, en el hombre, del espíritu de autosacrificio, el aumento continuo de cualidades tan divinas que incapacitan al ser para la lucha por la vida"?

Quienes hayan estudiado las obras de Darwin saben que esta cuestión no se dilucida allí por completo: más bien se la evade que definirla. La reencarnación nos da la respuesta; en la vida intermi­nable ya sea del animal o del hombre, el autosacrificio hace surgir en el carácter un nuevo poder, una nueva, vida, una fortaleza compelente, la cual reaparece para bien del mundo, una vez y otra, en manifestaciones más y más elevadas; si bien la forma de la madre perece, el alma de la madre, sobrevive, y vuelve a la tierra de tiempo en tiempo; quienes han poseído tales almas de madre se entrenaron primero en el reino de los brutos y luego en el de los humanos, de tal suerte que lo ganado por el alma al tiempo del sacrificio del cuerpo, reaparece al reencarnarse el alma para bendición y exaltación del mundo. Y así cada mártir que muere por la verdad, cada héroe que sacrifica su vida por su país, cada médico que pierda la existencia en lucha contra alguna terrible enfermedad, cada madre que se inmola por su criatura, vuelven a la tierra mejorados por el sacrificio con aquella noble cualidad entretejida en la propia naturaleza de su alma, y cosechan los resultados del autosacrificio en un mayor poder para ayudar al mundo.

Ahora, por lo que hace al primer punto, es decir, la transmisión de cualidades, Weissmann ha establecido dos hechos fundamentales; primero, la continuidad de la vida física (y ya se verá que, para ser completa, necesita la continuidad de vida intelectual y moral). La razón para esto, según la línea seguida por Weissmann, es su segundo hecho fundamental, el de que las cualidades mentales y morales y otras que se adquieren no son transferidas a la progenie, que sola­mente, podrían serlo en caso de haberse elaborado lentamente y por grados en la propia contextura del cuerpo físico de los descendientes. No siendo, transmisibles las cualidades mentales y morales, ¿dónde ra­dicaría la razón para el progreso humano a menos que, lado a lado con la continuidad del protoplasma, tuviéremos la continuidad de un alma en desarrollo evolucionante.

Tal continuidad de alma en evolución es también necesaria por­que, paralela a la misma teoría, y respaldada, como lo está, por los hechos observados, encontramos que mientras más fino es el organis­mo, mayor es su tendencia a la esterilidad o hacia una gran limita­ción en el número de descendientes. De hecho, es ya un aforismo entre los científicos que el genio es estéril significándose con ello en primer lugar que un ser genial dio tiende a aumentar la raza y, en segundo lugar que, aunque el hombre de genio tenga un hijo éste no demuestra poseer las cualidades del genio, generalmente es un ser ordinario y hasta con tendencias a actuar por bajo el nivel medio de sus tiempos.

Hay dos tipos especiales de genio: el del intelecto puro o de la virtud, y el del arte. Este requiere la cooperación del cuerpo físico. Poco o nada exige el primero de la herencia física; pero no podríamos tener un gran genio musical a menos que llevase aparejado un cuerpo, físico especializado con su delicada organización nerviosa, la finura de su tacto y la agudeza de su oído. Estos factores físicos se requieren a fin de que el genio musical pueda expresar su más elevada fase; ahí precisa la cooperación de la herencia física. Cuando leemos la biografía de un genio musical generalmente encontramos que nació en el seno de una familia de músicos; que durante dos o tres genera­ciones antes de la aparición del. gran genio, la familia en la cual nació se había distinguido por su talento musical; y que, cuando el genio aparece, el talento musical muere y la familia se esfuma en el marco ordinario de la gente vulgar. La floración de la familia es el genio; pero este no transmite su genio a la posteridad.

Ahora bien, estos problemas y enigmas de la herencia encuen­tran su explicación razonable en la enseñanza de la Reencarnación. Un genio musical necesita un cuerpo especializado que nazca en una familia musical bajo las leyes de herencia; pero, como ya se explicó tal ley surte efectos sólo para el cuerpo físico, pues el carácter mental y moral no es transmisible. Y no viene el genio al mundo creado re­pentinamente por Dios, o como un mero juego de la naturaleza o a resultas de algún afortunado accidente; viene con las cualidades que gradualmente ha desarrollado luchando en el pasado. En la base de la escala humana de progreso esta el ínfimo salvaje; en la cima de tal escala se hallan el más grande santo y el más noble intelecto, genios lentamente creados por grados, producidos a fuerza de innumerables luchas por sus fracasos y sus victorias, por lo malo y por lo bueno. Los males del pasado son las gradas por las cuales asciende el hombre hasta la virtud, de tal modo que, aun en el más degradado criminal contemplamos la promesa de la divinidad. También el escaldera hasta donde se halla el santo y en todos los hijos de los nombres Dios se revelará al fin.

Esto explica por qué debe haber progresado el hombre aunque tenga razón Weissmann al decir que las cualidades adquiridas no son transmisibles; pues estas cualidades mentales y morales no constituyen un don del padre: son los trofeos de victoria duramente ganados por el alma individual, y cada alma vuelve a nuevo nacimiento en un cuerpo nuevo, con los resultados de sus vidas anteriores como base de su trabajo para la presente. Y así, la reencarnación con sus lecciones en la evolución de la vida, llena los vacíos que deja la teoría científica y hace comprensible el progreso del carácter y de la inteligencia paralelamente al de la evolución de la forma.

Por último, cada vez que observamos la Naturaleza y miramos cosas de la misma clase, las encontramos en diferentes etapas de crecimiento; vemos constantemente, en las criaturas más desarrolladas, la huella del pasado a través del cuál han evolucionado. Igualmente, cuando observamos a los hombres, vemos toda clase de grados de inteligencia y de etapas de crecimiento moral. ¿Cómo podrán ser explicadas científicamente? De seguro que no por el principio (sugerido tantas veces por. la ciencia) de una súbita creación, de una aparición repentina sin causa, sin antecedentes, sin nada que lo explique. Entonces, ¿por qué estas grandes diferencias? ¿O por qué, siquiera, las pequeñas diferencias? Si decimos "Crecimiento", nos hallamos en sólido terreno científico, ya que por doquiera vemos el crecimiento en la naturaleza, diferencias de tamaño, diferencias en desarrollo; y los signos del crecimiento de la inteligencia y la moralidad que vemos entre los hombres, son señales claras de un pasado de diferencias en la edad del alma. Además, encontramos en el intelecto humano marcas de pasado, semejantes a las marcas del pasado en los cuerpos humanos; la inteligencia, en un cuerpo nuevo, rápidamente recorre su pasada evolución como bien lo sabe todo observador que atentamente sigue el desarrollóle la inteligencia de un niño.

PREG.—¿Qué quiere Ud. decir al referirse a la necesidad moral para la reencarnación?
RESP.—La tercera necesidad, la moral, el argumento más poderoso para la reencarnación ya que, de otra manera, no podría haber Justicia Divina ni amor en este universo. Ya se ha demostrado que las otras dos posibles explicaciones para las desigualdades humanas, a saber, la herencia y la creación especial, carecen de razón. Un ser nace deforme, el otro es un atleta. ¿Por qué? uno es idiota de nacimiento, el otro un genio dotado de brillantes poderes intelectuales; uno magnánimo, el otro avaro y mezquino. ¿Por qué? Si Dios es autor de tales diferencias, ello implicar injusticia y desesperanza irremediable. Nace un alma en algún arrabal, de una meretriz y de un borracho; de niño nada aprende sino crímenes y maldiciones, se le obliga a robar para alimentarse, nada sabe de bondad o de hambre de hombre se convierte en criminal consuetudinario hasta que algún día, en estado de ebriedad, acomete a un semejante suyo y lo mata. Se le envía a la horca. ¿A dónde irá después de la muerte? Para el cielo es demasiado pecador, en tanto, que no sería justo enviarlo al infíerno, puesto que no tuvo una sola oportunidad de regeneración en toda su vida. Nace otra alma en el seno de una familia refinada y es cuidadosamente criada por sus amorosos padres. Se le impulsa a la virtud y se le da esmerada educación. Durante toda su vida recibe homenajes y elogios hasta por cosas que no hizo, y muere después de una existencia llena de utilidad y de gloria. ¿Qué hizo para merecer todo esto? Si cada una hubiere sido producto de una creación especial, con un cielo o un infierno sempiternos subsiguientes a la muerte, ¿dónde estaría la Divina Justicia? ¿Acaso no tendría derecho el criminal para reclamarle a Dios, ¿por qué me hiciste así?

Pero la reencarnación restaura la Justicia a Dios y el poder al hombre y explica que el criminal es un alma joven aún no desarrollada, un salvaje que ha aparecido en la corriente evolutiva, con posterioridad a otra alma de más experiencia, con muchas vidas tras de si; que ambos son el resultado de su pasado y que las diferencias entre ellos sólo son de edad y crecimiento.

Entre otros muchos, la reencarnación resuelve los siguientes problemas:

I.—Explica las actuales desigualdades de condición y de privilegios sociales.

II.—Aleja la necesidad metafísica de tener que atribuir un aspecto de injusticia a la Suprema Justicia.

III.—Introduce en los mundos morales y espirituales, el mismo orden que la observación y la ciencia han descubierto en el físico.

IV.—Explica la aparición de hombres de genio en familias cuyos otros miembros carecen de habilidades extraordinarias.

V.—Explica la frecuente ocurrencia de casos de ambiente hostil que a menudo amarga la buena disposición y paraliza el esfuerzo.

VI.—Justifica la violenta antítesis entre el carácter y la condición, demostrando que aquel es resultado 'del crecimiento y no de un divino "hágase".

VII.—Explica las variaciones del sentido moral de la humanidad, es decir, los problemas de conciencia.

VIII.—Explica por qué ocurren los accidentes, desgracias y la muerte prematura o la repentina.

IX.—Nos explica por qué algunos individuos poseen poderes psíquicos.

X.—Da la razón de ser y aclara la evolución Darwiniana.

XI.—Suministra la solución razonable del problema de cuál será el futuro de los hombres que, habiéndoles Dios otorgado el don de la existencia física, jamás han aprendido a estimarla; por ejemplo, el avaro cuyo único goce es contar cierto número de monedas de metal amarillo; o el sensual que no tiene otro concepto de la vida que la bestialidad.

XII.—Explica la tremenda contradicción que a menudo surge entre nuestros deseos y nuestra voluntad, nuestro carácter según nosotros lo conocemos y nuestras acciones según son miradas por los demás.

XIII.—Soluciona la dificultad de conciliar el Amor de Dios con Su Poder.

XIV.—Explica el capricho, en apariencia sin significado, de la muerte.

PREG.—Y respecto a un niño que muere a poco de nacer, ¿cómo podrá usted explicar ese nacimiento inútil?
RESP.—Uno de los factores bajo los cuales tiene lugar la reencarnación es la ley de Karma o Ley de Causa y Efecto. A veces un ego tiene deudas con dicha Ley por haber ocasionado sin malicia ni intención/la muerte de" alguna persona matando meramente por descuido, como, por ejemplo, si al encender un puro arrojase inadvertidamente él fósforo encendido sobre un montón de paja, comunicando el fuego a una casa y quemando mortalmente a su ocupante. Tal ego deberá pagar su descuido, no su criminalidad, con una breve demora al tomar un cuerpo nuevo. Paga su cuenta mediante la temprana pérdida del cuerpo infantil y la consiguiente demora; pero pronto toma otro, generalmente a los pocos meses.

Ahora bien, en tales casos son los padres quienes más sufren. ¿Por qué? posiblemente esos padres, en una vida anterior, tomarían a su cuidado, simplemente por cubrir las apariencias, el huérfano de algunos parientes lejanos al cual no trataron con la debida benevolencia, sino, tal vez, con una crueldad que pudo ocasionarle la muerte. Conforme a la Ley de Karma, cosechan ellos lo que sembraron y tienen que saldar la cuenta pendiente, de su falta de amor, con la pérdida prematura del cuerpo de su propio hijo, tan idolatrado por sus corazones, y aprender así a tratar con ternura y bondad a todos los niños. El niño que muere inmediatamente después de su nacimiento nada pierde; tan sólo su progreso se demora un poco pero los padres sufren su merecido Kármico al perder al único hijo tan deseado. Su Karma toma así contacto, con el de aquella persona que tiene la deuda de una vida y ambos destinos se cumplen a la muerte de, la criatura... continuará