sábado, 15 de noviembre de 2008

LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE (3ª parte)


PREG. — ¿Cuáles son los alrededores en el mundo astral?

RESP. — En su mayoría la gente se construye allí sus propios alrededores. El mundo astral, se halla dividido en siete subdivisiones que se agrupan, en tres clases. Y contando desde la más elevada, las subdivisiones, 1, 2 y 3 forman una clase; las cuarta, quinta y sexta, otra clase; y la séptima sola la tercera clase. Como ya se explicó antes, aunque estas subdivisiones se ínter penetran libremente, la materia de las subdivisiones superiores se encuentra en su totalidad a una mayor elevación sobre la superficie de la tierra, que la masa de materia de las subdivisiones inferiores; por lo cual, si bien cualquier persona puede moverse en cualquier parte de aquel plano, su tendencia natural es flotar en el nivel que corresponde a la gravedad específica de la materia mas pesada de su cuerpo astral. Una persona que no haya permitido el reajuste en su cuerpo astral, puede flotar en cualquier región a voluntad, pero el hombre que consintió en tal reajuste se encuentra confinado a un nivel solamente, no porque no pueda elevarse a lo más alto, o sumirse en lo más denso, sino porque tan sólo está capacitado para sentir claramente lo de aquel subplano cuya materia esté, por entonces, en la parte externa de los cascarones concéntricos de su cuerpo astral.

El subplano inferior, o séptimo, el arrabal astral con su atmósfera lóbrega y deprimente, bajo la superficie de la tierra, es el más horrible y repulsivo y está poblado por la escoria de la humanidad, asesinos, rufianes, borrachos, libertinos, etc., flotando en la oscuridad y separados de los demás muertos, si bien son allí conscientes solamente los culpables de crímenes brutales, o de crueldad deliberada, o los poseídos por bajos apetitos. También se encuentran allí conscientes de un tipo generalmente mejor, por ejemplo, los suicidas que cometieron el asesinato de su cuerpo a fin de escapar al castigo merecido por su crimen.

Las subdivisiones cuarta, quinta y sexta pueden considerarse como el doble astral del plano físico. La gran mayoría de seres hacen cierta estancia en la sexta subdivisión, la cual es simplemente como la vida física menos el cuerpo físico y sus necesidades; en tanto que la quinta y la cuarta son meramente copias esterilizadas de la sexta, siendo allí la vida menos material.

Los niveles primero, segundo y tercero, si bien ocupan el mismo espacio, dan la idea de estar mucho más alejados del físico, puesto que los seres que allí habitan han perdido de vista la tierra y sus pertenencias, y se encuentran profundamente absortos en sí mismos. La tercera región es la "tierra estival o de promisión" de los espiritistas, en la cual los muertos, por el poder de sus pensamientos, dan forma a escuelas, iglesias y templos, casas y ciudades; o a bellos paisajes, como deleitosos jardines, encantadores lagos y magnificas montañas. Estas meramente son creaciones colectivas de pensamiento, pero la gente vive allí muy contenta por muchos años.

La segunda sección es el cielo material del ortodoxo ignorante; la residencia del religioso egoísta o falto de espiritualidad, que lleva en él su "corona de gloria" y adora la representación groseramente material, hechura suya, de la deidad particular de su tiempo y país. Es el delicioso "campo de caza" del piel roja: el "Valhalla" de los nórdicos; el "Paraíso lleno de huríes", del Mahometano; la "Nueva Jerusalén de las “puertas de oro”, del Cristiano; el cielo lleno de liceos y edificios del reformador materialista.

La región primera o superior, se halla ocupada por hombres y mujeres intelectuales, decididamente materialistas, o ansiosos de alcanzar, por los modos físicos de estudio, un conocimiento basado en egoísta ambición o en el placer de un ejercicio intelectual. Allí se encuentran muchos políticos, estadistas y hombres de ciencia.

La vida astral es el resultado de todos aquellos sentimientos que tienen en sí el elemento del "Yo". Si hubieren sido marcadamente egoístas, aportarán a su dueño condiciones de gran contrariedad en el mundo astral; si hubieren sido buenos y benévolos, aunque teñidos por pensamientos del "yo", le aportarán una vida astral relativamente agradable, pero aún limitada. En cambio, aquéllos pensamientos y sentimientos que hayan sido enteramente altruistas, producen su resultado en la vida del mundo mental; por consiguiente, tal vida en el mundo mental no puede producir más que bienaventuranza. La vida astral que el hombre ha hecho para sí, o llena de sufrimiento o relativamente gozosa, corresponde a lo que los cristianos llaman purgatorio; en tanto que la vida en él mental inferior, que siempre es por completo feliz, corresponde a lo que se llama “el cielo”.


PREG. — Entonces ¿no existe el infierno?

RESP. — No. El hombre fabrica para sí mismo su propio purgatorio o su cielo, que no son localidades, sino tan sólo estados de conciencia. No existe el infierno, que es tan sólo una ficción de la imaginación teológica. La creencia popular del cristiano en un fuego eterno y en un castigo sempiterno, no es más que una superstición peculiarmente perniciosa, enseñada por los monjes medievales. La única cosa que, desde el punto de vista cristiano, debería tener alguna importancia, es lo que el Mismo Cristo dijo acerca del particular. Hay en los Evangelios ocho pasajes en los cuales se supone que El mencionó un castigo eterno, y fácilmente se puede demostrar qué cada una de estas ocho citas nada tiene que ver con la idea popular que se les atribuye. Existe un libro llamado "SALVATOR MUNDI”, escrito por un clérigo Cristiano, el Padre Sandal Cox, que investiga muy cuidadosamente las palabras griegas originales de lo que se alega que dijo él Cristo, explicando lo que quiso significar, e indica las otras palabras que El debió haber usado, si hubiese hablado en griego, a fin de que encajaran en la interpretación popular. El no pudo significar lo que la gente generalmente piensa que dio a entender. Y eso demuestra que no hay una base racional para un castigo sempiterno, aparte de que el caso puede ser refutado desde muchos otros puntos de mira. Es fácil comprender que si hay un Dios, y que si El es un Padre amoroso, la crueldad de un castigo eterno, con su aparente injusticia, es absolutamente imposible.

Sin embargo, adviene un período en la evolución humana, el cual todavía dista millones de años, (el llamado Día del Juicio), cuando las almas jóvenes, o los seres, que tenazmente se hayan opuesto al progreso evolutivo, son puestas aparte no para un infierno perdurable, sino en una condición de animación relativamente suspendida, en la cual habrán de esperar el advenimiento de otro esquema de evolución que les ofrezca, en sus etapas primitivas, una oportunidad de adelanto mucho más en relación con los límites de sus débiles capacidades.

Tales seres quedan simplemente en la posición en que se hallaría un niño que no hubiere estado a la altura de sus compañeros de clase; no podrá trabajar en compañía de ellos cuando lleguen a la última, la más difícil parte del curso de estudios señalado para fin de año, por lo cual tendría que esperar hasta que, al empezar el próximo año escolar, otro grupo de niños empezara los mismos estudios que él no pudo seguir. Uniéndose a ellos y recorriendo así el mismo camino anterior podrá ahora sobrepasar con éxito las dificultades del sendero, a las cuales sucumbió anteriormente. He ahí todo lo que el asunto significa; podríamos llamarla una "condenación eónica", pues tal es la, verdadera traducción de las palabras que tan crasamente se malinterpretaron por "condenación eterna". De ningún modo es una damnación ni siquiera una condenación en algún mal sentido; sencillamente es una "suspensión" por el presente eón o dispensación. Pero la morbosa imaginación de los monjes medievales, siempre en busca de oportunidades para introducir en su credo horrores grotescamente agravados a fin de aterrorizar más a una feligresía increíblemente ignorante, con el objeto de extraer mayores óbolos para el sostenimiento de la "Santa Madre Iglesia", torció esta idea, perfectamente simple, de una "suspensión eónica", por una "condenación eterna".

Con todo, si un hombre viviera locamente, podrá preparar para sí un purgatorio desagradable y de larga duración, si bien ni el cielo ni el infierno pueden ser eternos ya que una causa finita tan sólo puede producir un resultado finito.


PREG. — Según eso, en Kamaloka o el mundo astral, ¿cuales serían, separadamente, las condiciones de un ser muy malo, de un ser que hubiese adquirido ya algunos intereses racionales?

RESP. — Las condiciones de la vida post-mortem son casi infinitas en su variedad. Todo ser ordinario que haya permitido el reajuste de su cuerpo astral después de la muerte, habrá de atravesar por las siete subdivisiones en turno, aunque no cada uno es consciente en todas ellas. Una persona ordinariamente buena; no tendrá en su cuerpo suficiente materia del subplano ínfimo para formarse una gruesa envoltura; generalmente tiene materia, el sexto subplano mezclada con una poca del séptimo; y así, después de la muerte, por regla general solamente le interesa la contraparte del mundo físico.

Pero un ebrio, o un sensual que durante, la vida física hubieren sido presa del vino o de la lujuria al grado de supeditar a su vicio toda razón y sentimientos de decencia o afectos de familia, se encontraran, después de la muerte, en las más bajas subdivisiones del mundo astral pues sus anhelos fueron tales que exigían un cuerpo físico para su satisfacción. Esas ansias se manifiestan como vibración en el cuerpo astral, y mientras el hombre vivió en el mundo físico, la mayor parte de su fuerza se empleó en poner en movimiento las pesadas partículas físicas. Pero hallándose en el mundo astral sin cuerpo físico para amortiguar y demorar la fuerza de las vibraciones del deseo, siente los apetitos tal vez centuplicados en su poder y sin embargo se ve completamente incapaz de satisfacerlos por falta del organismo físico; y así su vida es entonces un verdadero infierno, el único infierno que existe. Empero, él se halla cosechando el resultado perfectamente natural de su propia acción y ningún poder externo lo está castigando. Gran parte del sufrimiento resulta allí de la falta de satisfacción del vicioso deseo fortalecido y fomentado mientras usaba el cuerpo físico; el pecador es su propio verdugo. Todo esto fue bien conocido en el mundo antiguo, aún entre los Griegos quienes lo representaban fielmente bajo el mito de Tántalo, quien constantemente sufría una rabiosa sed y estaba por siempre condenado a mirar que el agua se alejaba de él a medida que sus labios estaban a punto de tocarla.

Un asesino que en Kamaloka o mundo astral, está reconstruyendo una y otra vez las escenas del asesinato y los sucesos subsiguientes, repitiendo incesantemente su nefasto crimen y pasando de nuevo por todos los terrores de su arresto y ejecución, está sin duda experimentando un "infierno" en comparación del cual el fuego y el azufre son meras ficciones teatrales. En muchos casos, como el asesino piensa y piensa otra vez en el crimen cometido, por esta incesante meditación, medio maligna, medio terrorífica, producirá algo semejante a una obsesión de la escena de su violenta muerte.

Pero ninguna de estas condiciones es eterna y ninguna es punitiva. Son el inevitable resultado de causas puestas en fuego durante la vida en el mundo físico, condiciones que duran tan sólo mientras subsisten las fuerzas generadoras. Con el transcurso del tiempo se agota la fuerza deseo, pero tan sólo a costa de terrible sufrimiento para el hombre; y como en el mundo astral el tiempo se puede medir únicamente por medio de sensaciones, ya que no hay otro medio de computarlo como los que tenemos en el mundo físico, cada día puede compararse a mil años. Por tanto la blasfema idea de la condenación eterna parece ser una tergiversación de este hecho.

El destino de Sísifo, en la mitología Griega, tipifica exactamente la vida astral del hombre de ambiciones mundanas. Sísifo estaba para siempre condenado a empujar una pesada roca hacia la cima de una montaña únicamente para mirar cómo la piedra rodaba de nuevo hacia el abismo, ya al momento de obtener el éxito. El hombre de ambiciones egoístas alimentó durante toda su vida la costumbre de formal planes para su propio interés, por lo cual continuará haciendo lo mismo durante su vida en el mundo astral; él formula cuidadosamente sus planes hasta que, ya perfectos en su mente, se da cuenta de haber perdido el cuerpo físico necesario para su cumplimiento; caen por completo sus esperanzas; empero, de tal manera se inculcó la costumbre, que continúa una y otra vez rodando su misma piedra hacia la cúspide de la montaña de la ambición, hasta que llega el tiempo en que el vicio se agota por completo. Por ultimo se da cuenta de que no precisa empujar más su piedra y la deja que descanse en paz al pie de la montaña. Tomemos ahora el caso de un hombre ordinario, incoloro, que no posea vicios particulares pero que se encuentra apegado, aún, a las cosas del mundo físico; cuyas ideas no hayan pasado más allá de la murmuración o de lo que se llama "sport", que no haya pensado en otras cosas que sus negocios o sus trajes, y cuya vida hubiere transcurrido en hacer dinero o en pasatiempos sociales. El mundo astral lo llenará de fastidios pues le es imposible encontrar allí las cosas que ansia, ya que no existen en aquel mundo ni los negocios, ni los compromisos, ni los convencionalismos en los que se basa la sociedad del mundo físico.

Con todo, excepto para una pequeña minoría, la situación después de la muerte es para todos más feliz que sobre la tierra, puesto que desde luego ya no hay necesidad de ganarse el sustento diario. El cuerpo astral no siente hambre, ni frío, ni sufre enfermedades; cada ser, en el mundo astral, por el sólo ejercicio de su pensamiento, podrá vestirse como guste. Por vez primera, desde su temprana niñez, el hombre se siente allí enteramente libre para emplear su tiempo en hacer exactamente lo que le plazca.

Las personas que tuvieren los mismos gustos y propósitos se agruparan, naturalmente, tal como lo hacen en él mundo físico; y nunca faltará ocupación provechosa para un hombre que abrigue intereses razonables, con tal de que éstos no requieran un cuerpo físico para su expresión, Un enamorado de las bellezas de la naturaleza podrá viajar rápidamente, a cientos de kilómetros por segundo, sin fatiga, hasta los más deliciosos parajes del mundo; otro cuyo goce sea el Arte, tendrá a su disposición las obras maestras del mundo entero, en tanto que el estudiante de ciencias encontrará abiertos todos los laboratorios del mundo; podrá visitar a todos los hombres de ciencia y captar sus pensamientos. Para un ser que durante su vida terrenal hubiere hallado sus complacencias en acciones altruistas y en el trabajo por el bienestar de otros, este será un mundo de la más vivida alegría y del más rápido progreso. Para un hombre que haya sido inteligente a la par que útil, que comprenda las condiciones de esta existencia no física y se tome la molestia de adaptarse a ellas, se abre una espléndida perspectiva de oportunidades tanto para adquirir nuevos conocimientos, como para efectuar útiles labores. De hecho, podrá él hacer mayor bien en pocos años de tal existencia astral que el que pudo haber hecho durante su vida física, por larga que hubiere sido. Por consiguiente, el mundo astral está lleno de amplias posibilidades tanto para el júbilo cuanto para el progreso............ continuará.


LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE (4ª parte)


PREG. — ¿Cuales son las condiciones post-mortem para quienes hayan muerto, por accidente o se hubieren suicidado?

RESP. — Para los primeros hay una gran variedad de estados; los segundos tendrán que completar el período de vida que les fue asignado; el período fijado para ejercitar él karma de aquella vida.

Cuando la muerte acaece por accidente, no es raro que signifique el fin determinado por los Señores del Karma para esa reencarnación pero a veces no se trata de esto, y el accidente viene a constituir una interferencia motivada por nuevas fuerzas que se produjeron en dicha vida, (la iniciativa del mismo ser que elija pagar una deuda antes del plazo, como ya se dijo) o por acciones ajenas que lo afecten directamente. En tales casos, el plan perturbado tendrá que ajustarse al principiar la nueva existencia, de tal suerte que, al final de cuentas, nada pierde el alma cuyo destino fue momentáneamente desviado por sí ó por otras. Pero en ningún caso está señalado el suicidio en la vida de nadie; es el yo interno el directamente responsable por tal acción, si bien la responsabilidad puede ser compartida por otros.

Cuando se trata de personas que mueren a causa de la vejez o de una prolongada enfermedad, es casi seguro que el ansia de deseos terrenales ya se ha debilitado algo o mucho, y probablemente ya desecharon de sí las partículas más densas, de tal suerte que el hombre podrá encontrarse, posiblemente, en la sexta o quinta de las subdivisiones del mundo astral, o tal vez en las superiores pues sus principios se fueron preparando gradualmente para la separación y la sacudida no es, por consiguiente demasiado fuerte.

Pero en caso de muerte accidental, o suicidio, ninguna de estas preparaciones ha tenido lugar y la retirada de los principios, de su sujeción física, se ha comparado con justeza al acto de arrancar un hueso, o semilla, del fruto no maduro aún; gran cantidad de la clase más burda de materia astral se halla adherida aún a la personalidad, la cual, por consiguiente, se detiene en la séptima o ínfima de las subdivisiones del mundo astral.

Las víctimas de muerte repentina, cuyas vidas terrenales fueron nobles y puras/no tienen afinidad por este plano, y así, el tiempo de su permanencia en él, transcurre o bien en una feliz ignorancia y completo olvido, o bien en estado de quieto sopor en un sueño pleno de ensueños color de rosa". Pero si sus vidas terrenales hubieren sido de baja brutalidad, egoístas y sensuales, serán conscientes, como los suicidas, de toda la repulsividad de esta repugnante región, y podrán adquirir la tendencia a convertirse en entidades terriblemente malas.

Ordinariamente se comete un suicidio por debilidad o por cobardía, debido a una momentánea desesperación o a una sacudida que las almas débiles no pudieron resistir, o a una súbita desgracia resultante de cualquier mala acción que se descubra y a cuyo castigo desea el suicida escapar. A veces es un acto deliberado, pero siempre precipitado, de una persona que trata de salir de un terrible aprieto y escapar de una mortal angustia.

Pues bien, no puede escapar. Cuando acaba de asesinar a su cuerpo se encuentra bien despierto en el otro lado de la muerte, exactamente el mismo hombre que fuera antes, excepto que carece del cuerpo físico; no ha cambiado más, que si simplemente se hubiese quitado su casaca. La causa que lo impulsó al suicidio fue de origen emocional o mental, según el caso; pero él no se ha despojado ni de su mente ni de sus emociones. Toda aquella parte de él que lo impulsó al suicidio, la conserva aún consigo; pues la acción no fue meramente corporal. El resultado de haber perdido su cuerpo físico es un gran aumento en su capacidad para sufrir. Se halla sujeto aún a las mismas fuerzas que lo llevaron a cometer su nefasta acción. Hay, sin embargo, una peculiaridad acerca de esto, a saber, que el suicida generalmente repite “en su imaginación”, como decimos, todo aquello que lo indujo al extremo de matar su cuerpo; repite automáticamente los sentimientos de desesperación y de temor que precedieron al auto-asesinato; repasa de nuevo su acción y su lucha mortal, con espantosa persistencia.

Este curioso efecto automático, la repetición incesante de una cosa en Kamaloka, es también una característica del asesino cuando muere, según ya se dijo, sea que se descubra o no el homicidio. Por supuesto, si el asesino es aprehendido y ahorcado, entonces aquello tiene lugar en rápida secuencia. He aquí uno de los modos de que el salvaje aprenda que es malo asesinar. En su caso, no podría decirse que el asesinato llegó a crimen, puesto que él mata sin pensar; con todo, debe aprender a abstenerse del homicidio. Y así, en la vida post-mortem él tiene un breve sufrimiento de esta clase, breve porque hubo muy poco esfuerzo, mental tras del acto y porque apenas fue una súbita emoción la que lo llevó a cometerlo. He aquí parte de la útil 'instrucción que sirve para la evolución del salvaje; aprende que asesinar es malo porque encuentra que le resulta doloroso para él. Y por supuesto, quienes están más evolucionados, sufrirán por un período mucho mayor si cometen un daño semejante.

La necedad del suicidio consiste en que el suicida erróneamente espera escapar de la vida y se encuentra vivo todavía. He aquí la futilidad de todo el asunto. El suicidio depende principalmente de la ignorancia. Si las gentes estuviesen convencidas de que no pueden escapar, de que el resultado de sus acciones es inevitable, este conocimiento actuaría sobre sus mentes al llegar la ocasión de un súbito impulso de suicidio, por el deseo de escapar de un mal. No pueden hacerlo, sino que, por el contrario, caen, por así decirlo, desde la cacerola hasta el fuego; tendrán que sufrir allí más que en el plano físico puesto que actúan ahora en materia más sutil, en la cual, debido a la menor resistencia de la tenue materia astral, el impacto del sentimiento es mucho más fuerte en su efecto sobre la conciencia, que en el mundo físico.

El suicida tiene mucha propensión a presentarse en las reuniones espiritistas. Puede ser inducido, por quienes tratan de ayudarlo en el otro lado de la muerte, a aceptar quieta y pacientemente los inevitables resultados de su acción; pero a menudo rechaza él todo consejo y pretende asirse de nuevo a la vida material por medios reprobados. Tal ser (así como alguien víctima de muerte repentina, cuya vida terrestre hubiera sido brutal, sensual o egoísta), inflamado por toda clase de horribles apetitos que ya no puede saciar por falta del cuerpo físico, trata a menudo de satisfacer sus ansias materiales y sus repugnantes pasiones, de modo vicario, por medio de un "apoderado" viviente (un médium o alguna persona sensitiva) a quien pueda obsesar. Desgraciadamente, sí logra hacerlo así, se capacita para prolongar enormemente su tenebrosa vida astral y para renovar, tal vez por periodo indefinido, su poder de generar mal karma preparando para sí una futura encarnación del género más degradado posible, aparte de correr él riesgo de perder una gran porción del poder mental que haya sido capaz de acumular. Pero si tiene, la fortuna de no encontrarse con algún sensitivo mediante el cual poder saciar sus pasiones, los no satisfechos deseos se irán consumiendo gradualmente y el sufrimiento vicariamente causado en el proceso podrá servir, probablemente, para redimirlo del mal karma de la vida pasada.

Pero debe recordarse que la culpabilidad del suicidio difiere considerablement,e según las circunstancias, desde el acto moralmente impecable de un Séneca o un Sócrates; o de un suicidio cometido por motivos nobles o en un arranque de amor maternal y de auto-sacrificio; hasta el atroz crimen del malvado que corta su propia vida a fin de escapar de los enredos en que lo complicó su villanía; y, naturalmente, la situación de éstos después de la muerte difiere en gran manera.


PREG. — Sí no existe el infierno, ¿a qué tanto sufrimiento en el mundo astral? ¿En qué sentido favorece al hombre el sistema de purgación?

RESP. — No hay infierno, ni eternidad alguna de tormentos irrazonables e inútiles que solo servirían para satisfacer la cruel malignidad de un déspota irresponsable en el cual la teología ortodoxa exige a sus devotos que crean; pero existe un "Purgatorio" que es, sencillamente, el proceso necesario, el único efectivo y por consiguiente el más benéfico, para la eliminación de los malos deseos. Por más terrible que pueda ser el sufrimiento, cualquier mal se va agotando gradualmente, y sólo cuando haya sucedido lo mismo con todos los malos deseos, podrá el hombre pasar a la vida superior del mundo celeste.

El hombre quedará definitivamente libre de un mal deseo particular cuando éste se consuma; y no necesite echarse de nuevo la carga de él en su próxima encarnación a menos que quiera hacerlo. Pero aunque el deseo en sí esté muerto, subsiste sin embargo la misma debilidad de carácter que indujo al hombre a sucumbir. En su próxima vida nacerá con un vehículo astral que contenga la cantidad de materia necesaria para la expresión de aquel mismo deseo, esto es, con un equipo, por decirlo así, que lo incite a repetir su última vida en tal respecto. Recibe él aquella materia porque en su última encarnación la buscó e hizo uso de ella; pero, si bien la tiene a su disposición otra vez, de ningún modo se le obliga a emplearla de igual manera que antes. Si como resultado de sus acciones previas, tuviere él la buena fortuna de encontrarse, siendo niño, en manos de padres capaces y cuidadosos, de quienes hubiere aprendido a considerar como malo tal deseo y a obtener control sobre él y reprimirlo en sus primeros brotes, entonces, la materia que debería expresarlo permanecerá sin vivificar y gradualmente se atrofiará por falta de uso, como muchos de nuestros músculos físicos.

La materia del cuerpo astral se está gastando lenta pero continuamente, y es reemplazada de igual manera que lo es la del cuerpo físico; y como desaparece la que ya se atrofió; será sustituida por materia de clase más refinada, que sea incapaz de responder a las vibraciones fuertes y toscas de aquel deseo sensual, y así, aquella abominación particular llegara a ser imposible para el. De hecho ya la habrá trascendido y, por último, la habrá vencido de tal manera que nunca, en toda la larga serie de sus vidas futuras, repetirá aquel error, pues el habrá creado ahora dentro de su Ego, la opuesta virtud de un completo control propio por lo que atañe a aquel vicio. A través de una vida de lucha victoriosa en contra de aquel deseo, pudo triunfar de el; y ahora ya no hay lucha, pues el considera el vicio bajó sus verdaderos colores, no tiene ya la menor atracción para el, y así, el sufrimiento en el plano astral que una vez le pareció, y era tan terrible, ha sido en realidad una bendición disfrazada, ya que mediante el pudo capacitarse para obtener esta inmensa victoria moral, para tomar este paso decidido en el sendero de la evolución; por lo cual parece no haber otro método mejor que el sufrimiento para poder alcanzar tan espléndidos resultados.


PREG. — Si no hay infierno ¿cómo explica usted la doctrina cristiana de "salvación"?

RESP. — La salvación, del latín “Salvus" (Salvo) no quiere decir escapar de una condenación eterna o de un infierno mítico. Ser salvo significa, realmente, quedar del lado derecho cuando tenga lugar cierta división de la raza humana en el futuro, en el "Día del Juicio" ya mencionado; tal división ha sido descrita como una separación entre las cabras y las ovejas, entre los "salvados" y los "condenados". En el esquema evolutivo de Dios no cabe lugar para la idea de algo "perdido", ya que Dios deseará que todos evolucionemos y ciertamente todos tendremos que hacerlo. Pero la cuestión radica en si nos hubimos individualizado lo suficientemente a tiempo, y también en si nos decidiremos a ir voluntariamente a lo largo del sendero de la evolución, o bien si ocasionaremos a otros y a nosotros gran suma de sufrimientos al tratar de resistir a la guía Divina.

Tal es el único significado de la salvación, a saber que un ser esté seguro de salir con bien en aquel futuro juicio, a la hora de juzgar si él se halla o no listo para pasar a un mundo superior y más evolucionado. Si no lo está, quedará separado esperando la próxima oleada de evolución; como el niño de la escuela ya mencionado antes, que por no estar todavía al nivel de su grado no puede pasar a una clase superior con sus camaradas, sino que habrá de esperar hasta el año siguiente para repetir la misma labor.

Por lo que hace al progreso, que se nos ha señalado en esta cadena particular de mundos, de ninguna manera estamos ya, la gran mayoría de nosotros, lo que técnicamente podría llamarse "salvos". Llegaremos a esa anhelada posición solamente cuando seamos miembros de la "Gran Fraternidad Blanca", que dura de eternidad a eternidad; esto es, cuando pasemos por la primera Gran Iniciación.

Quienes estén familiarizados con la enseñanza cristiana recordarán cómo el gran iniciado San Pablo indicó que la intención de la religión cristiana era provocar el nacimiento del Cristo dentro de cada creyente individual; y que el "Niño Dios", así nacido en el espíritu humano, creciera y se desarrollara hasta que el hombre alcanza la estatura del Cristo. Dentro de cada uno de nosotros hay un principio "Crístico" el cual dormita aun en la mayor parte de la humanidad, pero puede ser despertado, y el despertar de tal principio Crístico es el nacimiento del Cristo dentro del corazón de cada hombre. Leemos en las Escrituras Cristianas: "Cristo en vosotros, la esperanza de gloria"; y la presencia de aquel principio Crístico dentro de cada corazón, es lo que da la esperanza de gloria a toda alma humana. Tal principio está íntimamente relacionado con la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, aquel "Hijo de Dios" que tomó carne, que descendió al mundo y que llegó a ser parte de nosotros a fin de que, mediante El, pudiésemos elevamos a mayor gloria. Sin aquel principio Crístico, sin duda estaríamos perdidos y es necesaria la creencia en ese verdadero Cristo para la salvación. Ya lo dijo en el Siglo XVII Ángelus Silcisíus:

""Aunque Cristo naciera cada año, en Belén, si nunca naciere dentro de ti estarías perdido para siempre; y si dentro de ti no surgiere de nuevo, ni la Cruz del Gólgota podrá salvarte del dolor". Y esta creencia, la certeza de que el poder de Cristo esta dentro de cada uno de nosotros, es la que nos capacitara para alcanzar aquella etapa de salvación, para vivir la vida que debemos vivir. Y en este sentido se dice con verdad que la Creencia en el Cristo es necesaria. Dará la salvación; pero es en el Cristo que se halla dentro de nosotros mismos en el que debemos creer. La creencia en la mera leyenda de una vida vivida por el Cristo en el plano físico, de ninguna manera puede afectar nuestro futuro; lo que nos salvara, nos ayudará y nos fortalecerá en nuestro sendero, es el conocimiento de la Divinidad dentro del hombre y su poder para responder a La Divinidad fuera de él.

"Todos nosotros podemos ser Salvadores del Mundo, si creemos en La Divinidad que mora en nosotros y le rendimos culto".

El nacimiento del Cristo dentro del corazón del hombre es una cosa muy real. En este sentido podemos verdaderamente afirmar que el Cristo es el salvador del Mundo, pues entonces solamente es cuando el hombre puede alcanzar lo que Dios quiere que alcance, y al entrar conscientemente en la gloria y en la plenitud del Cristo mismo, hacer una realidad del Dios que lleva en sí.

Por tanto, para escapar de nacimientos y muertes que se repiten, es necesario el desarrollo del principio Crístico dentro de nosotros. A medida que se desenvuelve aquel principio, nos damos cuenta de que nuestra separada conciencia no es otra cosa que una ilusión; de que todos somos uno en Dios. Y a medida que nos damos cuenta de la paternidad de Dios, comprendemos también la realidad de la fraternidad del hombre.

El despertar del principio Crístico se denomina también la adquisición de la conciencia Búdica. Los Santos, en sus momentos de éxtasis, tocan inconscientemente la gloria de aquella maravillosa conciencia y se dan cuenta del Cristo dentro de sí; pero hay otros que, deliberada y científicamente, se proponen alcanzar este esplendor, y entran con toda conciencia en la gloria y plenitud del Cristo, haciendo, de Dios una realidad en si mismos, porque ellos son, conscientemente, parte de aquel Dios. He ahí el verdadero nacimiento del Cristo dentro del corazón del hombre. El hombre verdadero, siendo una chispa de La Divina Llama, ya es divino y no necesita salvación. Todo lo qué necesita es la capacidad de hacerse real a sí mismo, en todos los mundos y en todos los niveles posibles, para ser un canal de aquel Deífico poder, en el cumplimiento del Plan Divino.

Entre las naciones orientales, la palabra Salvación implica la idea de escapar del sufrimiento y del mal, de adquirir la condición de estar salvo, esto es, evitar las repetidas encarnaciones, eludir la rueda de nacimientos y muertes, lo que las Escuelas Órficas en el Siglo VI antes de Cristo llamaron "el Círculo de Generación", lo que los Budistas llaman "Sansára" o La Rueda de la Vida....... continuará


LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE (5ª parte)


PREG. — ¿De qué factores depende la detención de un hombre en cualquiera de las secciones del Mundo astral? ¿En qué tiempo y cómo pasa un hombre ordinario del mundo astral al celestial.

RESP. — El Ego concentra firmemente dentro de sí todas sus fuerzas, dejando atrás sección tras sección de la materia astral. Su detención en cualquiera sección será proporcionada a la cantidad de materia de aquella sección que contenga su cuerpo astral, dependiendo la proporción, de la vida que se vivió, de los deseos en los cuales consintió, y de la clase de materia que atrajo de esta manera para construir su astral.

Por consiguiente, mediante una vida pura y un pensar elevado, puede un hombre disminuir la cantidad de materia que adhiera a sí y que pertenezca a los niveles inferiores, del astral elevándola, de, aquel modo y en cada caso, a lo que podríamos llamar su punto crítico para que, al primer contacto con la fuerza desintegrante se rompa su cohesión y se reduzca a su condición original, dejándolo libre para pasar, prontamente próximo subplano.

También su actitud mental, después de la muerte influencia, su estancia allá, puesto que, por la comprensión de su situación y fijando su atención en asuntos espirituales, podrá facilitar la desintegración astral y contar su permanencia en los niveles inferiores.

En el caso de una persona por completo espiritualizada, que hubiere purificado su cuerpo astral con los constituyentes extraídos de los más finos grados de cada división de materia astral, la condición de etapa crítica mencionada arriba podrá obtenerse respecto a todas la subdivisiones de materia astral, y el resultado sería un pasaje prácticamente instantáneo a través de aquel plano, de tal suerte que recobraría su conciencia primeramente en el mundo célico. Un hombre menos desarrollado, pero moderado y puro, pasará a través de aquel plano menos rápidamente, si bien en un plácido ensueño, inconsciente de sus alrededores hasta que, habiendo desechado una tras otra sus envolturas astrales, despierta en el mudo celestial. Por supuesto, según ya se dijo, los subplanos se ínter penetran uno a otro y no están divididos uno de otro en el espacio; por lo cual, cuando se dice de una persona que pasa de una subdivisión a otra, no significa que se mueva para nada en el espacio, sino simplemente que el foco de conciencia ha cambiado del cascarón externo al próximo concéntrico.

El tiempo ordinario necesitado por las diferentes clases de personas en el mundo astral, ha sido ya detallado al final de nuestro artículo dedicado a La Reencarnación (5ª parte).

El hombre ordinario, al encontrarse en la sexta sección vagando todavía en torno a lugares y personas con las cuales estuvo en más íntimo contacto en la tierra, encuentra, a medida que pasa el tiempo, que los contornos terrestres se esfuman gradualmente y van siendo de menor importancia para él, y por lo mismo tiende más y más a modelar su medio circundante de acuerdo con el más persistente de sus pensamientos. Cuando llega al tercer nivel, encuentra que esta característica ha reemplazado por completo la visión de las realidades del mundo astral. Cuando se han consumido todas las bajas emociones y deseos, así como los pensamientos de carácter egoísta, y el Ego en su firme proceso de concentración ha pasado allende aún de la más fina clase de materia astral, adviene un tiempo en que el cuerpo astral, no enteramente desintegrado aun, es finalmente sacudido a la hora de la muerte astral y el alma (exceptuando el caso de un hombre inusitadamente malvado que no tenga ni gota de amor o de bondad para nadie, o que se haya degradado hasta un pecado y una bestialidad irredimible), el alma tiene una" especie de período gestatorio y se sumerge en un ensueño breve y apacible, una "Inconsciencia Predevachánica", para ser despertada por el sentimiento de una intensa bienaventuranza en aquella parte del mundo celestial a la cual pertenezca por su temperamento. No hay necesariamente movimiento alguno en el espacio, sino que la conciencia humana se encuentra ahora enfocada en el mundo mental inferior, en donde se encuentran también las de aquellos animales que antes de su muerte, se "individualizan" y alcanzan la estatura del alma humana.


PREG. — Si la muerte no es el fin de la Vida, sino tan sólo un paso desde una etapa de vida a otra, ¿qué objeto tiene él violento dolor de quienes lamentan la pérdida de sus seres queridos?

RESP. — Según ya se explicó, su dolor no es por una pérdida real sino aparente, es el resultado de un engaño y de la ignorancia de las leyes de la naturaleza, y representa un sufrimiento innecesario aún para los mismos dolientes. El "muerto" está todavía cerca de ellos, y ellos, mientras se halla dormido su cuerpo físico, conversan con él, pero en cuanto despiertan, vuelven a su antigua ilusión de haberlo perdido y se llenan de pensamientos de tristeza durante todo el día, lo cual hace al muerto muy desgraciado e infeliz en el mundo emocional. Y no solo esto, sino que el pesar desenfrenado y los insensatos estallidos de tal sufrimiento producen un efecto muy doloroso en el difunto que apaciblemente está sumiéndose en la inconsciencia que precede a su despertar en la gloria del mundo celestial. A menudo se siente despertado; de su ensueño de felicidad a un recuerdo de su última vida terrestre por la apasionada tristeza y los deseos de sus amigos encamados, que despiertan las correspondientes vibraciones de pesar, con una fuerza centuplicada, en su cuerpo de deseos ya liberado causándole un gran malestar y depresión, y demorando seriamente su progreso ulterior. Por otra parte, este dolor desenfrenado de los parientes ignorantes, aunque bien intencionados, obstaculiza grandemente la ayuda de los protectores astrales quienes tratan de explicar al muerto las condiciones del mundo astral para levantar su ánimo y acondicionarlo a su nuevo ambiente.

No es que aconsejemos el olvido, sino el recuerdo, pero en una forma que sea benéfica y no dañina, sustituyendo la tristeza egoísta y desolada por buenos deseos, ardientes y amorosos, por la luz perpetua y la eterna paz para el difunto.


PREG. — ¿Tienen algún valor las plegarias por los difuntos? Sí es así, ¿cómo deberían, ofrecerse?

RESP. — Las plegarias siempre tienen valor tanto para los vivientes como para los muertos, cuando éstas son dictadas por el amor; pero una plegaría será eficaz en proporción a la intensidad del pensamiento expresado por ella, de la pureza y fuerza de voluntad con la cual se dirige hacia la persona en cuestión, y del conocimiento que posea el que la produce. Una oración, como un pensamiento, crea una forma, un elemental artificial, "un poder benéfico activo" que va hacia la persona para cuyo beneficio fue creada y que la ayuda en cuanto se presente la oportunidad. Esta energía puesta en juego en el plano astral puede afectar a cualquier persona en su cuerpo astral; por tanto, es posible auxiliar y proteger a un muerto con tales formas mentales mientras él permanezca en el mundo astral.

Un hombre que sepa, que comprenda la constitución del cuerpo astral y el poder del pensamiento, puede aumentar enormemente su ayuda por el envío deliberado de un elemental artificial que ayude en la desintegración de los cascarones astrales que aprisionan el alma, y que impulse en gran manera su paso hacia el Devachán. Algunos de los Mantras de los Shradhas Indús (ceremonias para los muertos) tienen este objeto en perspectiva y son muy eficaces cuando se emplean por un hombre santo y sabio.

Pero el hombre ordinario conoce tan poco de la condición de sus seres queridos ya muertos, que hará muy bien en abstenerse de poner en movimiento una fuerza que pueda ser mal dirigida por falta de conocimiento, más exacto acerca de lo que ellos necesitan. Tal persona procedería mejor si usara aquella hermosa antífona que tan a menudo se escucha en los servicios para los difuntos, en la Iglesia Católica Cristiana: "Concédele Señor, eterno descanso y que la luz perpetua brille para el". Pues estas dos cláusulas expresan exactamente las condiciones que más necesita el difunto; primero, perfecto descanso de todo cuidado y pensamiento terrestre, a fin de que no sea perturbado su progreso hacia el mundo celestial; y segundo, la luz perpetua del divino amor brillando claramente sobre él a través de la parte superior y más espiritual de su propia naturaleza, atrayéndolo siempre hacia esa elevada luz para que su progresó pueda ser rápido. En verdad, muy poca ayuda posterior puede la tierra ofrecer a un hombre para quien esta plegaria se repita constante y fervorosamente. En esta forma cualquiera puede ayudar a sus amigos o seres queridos, elevándose hacia un nivel superior, olvidándose de sí y del engaño de la aparente pérdida, enviando pensamientos de "luz perpetua y eterna paz", y sustituyendo la tristeza egoísta e inútil por buenos deseos, sinceros y amorosos, para que el progreso de aquellos sea rápido desde el mundo astral hasta el celestial.

PREG. — ¿Podemos hacer algo en ayuda de una persona que está próxima a morir? Si así fuere, ¿cómo y cuando?

RESP. — Ciertamente podemos hacer mucho en ayuda de ella. Si nos es dado estar a su lado físicamente durante su enfermedad, podremos explicarle las condiciones después de la muerte; cualquiera explicación razonable de estas condiciones, en un dialogo íntimo y apacible acerca de la vida allende la tumba, aliviara en gran manera su ánimo. Empero, si nos es imposible la comunicación física, podremos ayudar a un moribundo desde el plano astral. Debe uno fijar en su mente, antes de entregarse al sueño, la intención de ayudar a aquella persona particular con las razones que se le pueden presentar. El objetivo capital del que ayuda, es calmar y fortalecer al que sufre e inducirlo a, darse cuenta de que la muerte es un proceso perfectamente natural explicándole la naturaleza del plano astral y de las preparaciones necesarias para progresar hacía el mundo celestial.

Por otra parte, quien trate de auxiliar deberá poseer las siguientes cualidades: saber enfocar su mente en la labor exclusiva de auxilio; perfecto control de sí sobre su temperamento y nervios; perfecta calma, serenidad y estado de gozo; conocimiento de los planos superiores, y ausencia total de egoísmo, con un corazón, lleno de amor. He ahí cómo se puede ayudar efectivamente al moribundo y al difunto.

El muerto puede permanecer inconsciente después de la muerte por un momento o por pocos minutos, horas, días, o aún semanas; y sí bien una persona entrenada puede observarlo por sí mismo, quien no lo estuviere, debería hallarse listo para ayudar durante varias noches sucesivas a fin de no fallar a la hora que el muerto recobre su conciencia en el mundo astral.


PREG. — ¿Encontraremos a los seres queridos que nos han precedido en la muerte?

RESP. — Seguramente que sí, pues la atracción actuará como un imán y nos reunirá. Si el ser amado murió recientemente, lo encontraremos en el plano astral, pero, si él abandonó la tierra hace mucho tiempo, es posible que haya pasado ya del astral al mundo celestial; y cuando nosotros lleguemos hasta aquel mundo, lo tendremos de nuevo a nuestro lado en su mejor condición posible, mediante nuestra forma o imagen mental de él, vivificada por el Ego de aquel amigo, como se explicará en breve. No hemos perdido a aquellos a quienes amamos; cuando el afecto existe, la reunión es segura, ya que es uno de los mayores poderes del Universo, sea en Vida o en Muerte.


PREG. — ¿Por qué es perjudicial a un hombre la muerte repentina y cuál es la razón de la antigua plegaría de la Iglesia: "De muerte repentina líbranos Señor?

RESP. — Las condiciones de vida de un hombre después de la muerte dependen en primer lugar, de la duración del tiempo que él permanezca en cualquiera de los subplanos, y en segundo lugar, de la cantidad de conciencia suya que enfoque en él; mientras que la duración del tiempo en cualquiera de los subplanos dependerá de la cantidad de materia de aquel subplano que tuviere en su cuerpo. Y así los dos factores de la existencia post-mortem, dependen, no de la naturaleza de la muerte, sino de la naturaleza de la Vida que se vivió, ya que ningún accidente puede afectar al hombre.

Empero, si bien una muerte repentina no empeora necesariamente la posición de un hombre en el mundo astral, tampoco la mejora en nada. El lento desgaste de los cuerpos ancianos, o el deterioro que ocasiona una prolongada enfermedad, invariablemente debilitan y disgregan las partículas astrales, consumiendo la mayor parte de los bajos deseos, de tal suerte que cuando un hombre recobra su conciencia en el plano astral, mucha de su labor allá quedó ya hecha para él por haber sido ya consumidas y alejadas de sí las partículas que pertenecían a los niveles inferiores; en tanto que la víctima de muerte repentina, conservando un cuerpo astral mucho más fuerte con el cual tendrá que habérselas, podrá prolongar algo más su residencia en los subplanos inferiores del mundo astral. Al mismo tiempo, si aprende el a hacer buen uso de aquella Vida, puede generar mucho más buen karma que el que hubiere sido capaz de crear en igual tiempo en el plano físico; y así hay siempre dos conceptos que tomar en consideración en cada caso.

Además, a menudo persisten después de la muerte el terror mental y la agitación, cosas que no son preparaciones favorables para la vida astral. En nuestra actual etapa de evolución, frecuentemente pasamos casi toda una noche en considerar y reconsiderar el último pensamiento definido que ocupó nuestra mente antes de entregamos al sueño. De igual manera, no carece de importancia el último pensamiento en la mente antes de morir, especialmente tratándose de una persona de poco desarrollo, cuya conciencia astral sea vaga y caótica; ya que su último pensamiento ocupara su mente por largo tiempo y hasta cierto punto establecerá la clave que dará el tono a gran parte de su vida astral. Por eso valdría la pena de cuidar que tal pensamiento fuese de buena clase; lo que no es posible en caso de una muerte súbita. Por supuesto, tratándose de gente regularmente desarrollada e inteligente, la actitud general de su mente, la tendencia general de sus pensamientos durante la vida terrestre, darían el tono a su labor probable durante la vida astral, y la idea particular que ocupara su pensamiento en el momento de la transición de un estado a otro, no significaría mucho.


PREG. — ¿Hay otros habitantes en él mundo astral además de los muertos?

RESP. — El mundo astral está habitado no tan sólo por los muertos, sino también por una tercera parte de los vivientes, quienes temporalmente han dejado sus cuerpos físicos durante el sueño. Como la materia astral es muy plástica bajo la influencia del pensamiento, un hombre en el mundo astral aparece semejante a sí mismo, usando los trajes en los cuales piensa. Igualmente es allí el lugar de residencia de los Adeptos y Sus discípulos; de personas que se han desarrollado psíquicamente sin la guía de un Maestro y de magos negros y sus alumnos.

En aquel mundo se encuentra también un gran número de seres humanos de otra clase, sin cuerpos físicos; algunos muy sobre el nivel humano, como los Nirmánakayas; los discípulos de los Maestros en espera de reencarnación, etc. y otros bajo dicho nivel, como los despojos astrales y los cascarones de los muertos; los cascarones vitalizados para la Magia Negra; los magos negros muertos, los Discípulos de ellos, etc.

Residen en este plano, asimismo, seres no humanos como la esencia elemental de nuestra evolución, y los cuerpos astrales de animales y gran parte de la población del mundo astral la forman espíritus de la naturaleza de varias clases que se llaman Hadas, Duendes, trasgos, faunos, sátiros, espíritus chocarreros, etc., los cuales tienen una línea diferente de evolución y generalmente usan una forma humana diminuta; así como también Devas o Ángeles mucho más adelantados en la evolución que el hombre. Igualmente, es esta la residencia, de entidades artificiales, los elementales inconscientemente formados por hombres ordinarios, y conscientemente formados por Adeptos y magos negros; así como de elementales artificiales humanos empleados en las sesiones espiritistas.

De consiguiente nosotros no somos los únicos ni los principales habitantes del mundo astral, ya que tal mundo está poblado en su mayor parte por seres pertenecientes a otras líneas de evolución que corren paralelamente a la nuestra, y los cuales, si bien pasan por un nivel correspondiente al de la Humanidad, no pasan jamás por la Humanidad.

Normalmente los sentidos de los habitantes del mundo astral son capaces de responder tan sólo a las ondulaciones de su propio mundo. Un hombre qué vive en el mundo físico ve, oye y siente por vibraciones conectadas con la materia física alrededor de sí. Igualmente se halla rodeado por los mundos astral, elemental y otros que ínter penetran su propio mundo más denso, pero normalmente no es consciente de ellos porque sus sentidos no pueden responder a las oscilaciones de aquellas materias, así como nuestros OJOS físicos no pueden responder a las vibraciones de la luz ultravioleta. Un ser que viva en él mundo astral, podrá estar ocupando el mismo espacio que un ser viviente en el mundo físico; sin embargo, cada uno será enteramente inconsciente del otro y no impedirá en manera alguna sus libres movimientos. Y esto, mismo es verdad respecto de los otros mundos. Estamos continuamente rodeados por los mundos de materia más fina, que se hallan tan cerca de nosotros como este mundo que miramos, y sus habitantes están pasando a través de nosotros y cerca de nosotros, pero no nos damos cuenta de ello..... continuará


LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE (6ª parte)


PREG. — ¿Qué sucede con el cadáver astral después de que un ser pasa al Devachán o cielo?
RESP. — A la hora de morir, el hombre se separa completamente de su cuerpo físico pero un ser ordinario se identifica estrechamente con sus bajos deseos que tuvo durante la vida y permite a su Manas inferior (manifestación de la Mónada o fragmento de Divinidad) enredarse de tal manera con Karma, que el Ego, a pesar de toda su fuerza de arranque, no puede separarse por completo de él. Y así, cuando finalmente él hombre desecha su cuerpo astral, en parte desintegrado, deja tras de sí una porción de Manas aprisionada y envuelta en el cuerpo deseos. Esta entidad fragmentaria, que se llama una sombra, tiene pues, cierta vitalidad y, como se mueve libremente en el mundo astral con sus recuerdos pasados, con su conciencia fragmentaria y con sus tendencias a repetir automáticamente vibraciones familiares de amor, de deseos y pensamientos, sin inteligencia, se la confunde a menudo con el hombre mismo en sesiones espiritistas de gente ignorante.
En una etapa ulterior, (en pocas horas, o en pocos meses o años, de acuerdo con el carácter espiritual o material del Ego que haya pasado al mundo celestial), la conciencia fragmentaria se muere en el cuerpo astral y se aleja de él si bien no retorna al Ego a quien perteneció, y entonces el cadáver astral, sin reminiscencia alguna de su vida pasada, es transformado ahora en un "cascaron”, se desintegra lentamente en el mundo astral como lo hizo el cuerpo físico en su propio mundo.

PREG. — ¿Qué sucede entonces con el ser que pasa al Devachán o cielo?
RESP. — El Devachán, (la residencia de “los Devas” o sea el lugar de luz, o de bienaventuranza), es una parte del mundo especialmente resguardada y en la cual, por la acción de ciertos Devas, o Dioses, no se permite la existencia de males ni pesares.
Realmente no es un lugar sino un estado de conciencia, y se halla aquí, alrededor de nosotros, a cada momento, tan cerca como el aire que respiramos. Después de su segunda muerte en el mundo astral, despierta el hombre a una nueva gloria de vida y de color y vive en el radiante cuerpo mental en el mundo célico. Gradualmente despierta a un sentido de inefable júbilo y bienaventuranza indescriptible; las más delicadas melodías susurran a su derredor, su ser se haya inundado de luz, resplandeciendo, a través de dorada neblina, los rostros, de sus seres queridos en la tierra.
Durante la vida terrestre, cada ser ordinario se halla rodeado por una masa de formas mentales que representan los intereses capitales de su vida y que se fortalecen cada vez más, permaneciendo con él aún después de la muerte. La fuerza de las formas mentales egoístas ya fueren de cólera, ambición, orgullo, avaricia, glotonería, embriaguez, sensualidad, etc., se vierte en la materia astral y se agota en el mundo astral cuando el hombre está calcinando aquella parte inferior de su naturaleza durante la vida purgatoria. Pero sus pensamientos altruistas, ya fueren puramente intelectuales o de naturaleza compasiva, tierna, devota, o amorosa, etc., pertenecen a su cuerpo mental, y los lleva él consigo al Devachán, puesto que, tan sólo mediante tales pensamientos refinados podrá apreciar el mundo celestial.
Ahora bien, "su cuerpo, mental es un vehículo que de ninguna manera se halla por completo desarrollado como el astral y que lo aleja del mundo mental alrededor de sí, en lugar de capacitarlo para verlo; ya que solamente se hallan en plena actividad aquellas partes de su cuerpo mental que usó de manera altruista durante su vida terrestre. Los pensamientos elevados, refinados y nobles, las aspiraciones in-egoístas que él generó durante su vida terrestre, se agrupan entonces en torno a él formando alrededor de sí una especie de cascarón mediante el cual puede responder a ciertos tipos de vibración en la refinada materia del mundo mental.
Estos pensamientos que lo rodean son los poderes mediante los cuales se da cuenta de la riqueza del mundo celeste, y si bien aquel mundo es un almacén de extensión infinita (toda gloria y toda belleza ya concebibles), él puede aprovecharlos exactamente de acuerdo con su capacidad de pensar sin egoísmo. Cada una de tales formas de pensamiento es una ventana a través de la cual mira, desde su cuerpo mental, la gloria y la belleza del mundo mental. Si él ha tenido especial complacencia en las cosas físicas durante su vida terrenal, entonces apenas contará con unas pocas ventanas por las cuales tal gloria superior pueda brillar cerca de él. Un alma enteramente in-egoísta, y altamente evolucionada, es todo ventana, tiene plena conciencia aquí, se puede mover en su vehículo mental tan libremente como el hombre ordinario emplea su cuerpo físico, y mediante él inspecciona vastos campos de conocimiento superior que se extienden ante sí. Empero, cada hombre pudo haber tenido algún toque de sentimiento puro, in-egoísta, aunque haya sido una sola vez en toda su vida, y aquel podrá ser ahora una "ventana" para él. Todo ser, exceptuando uno enteramente salvaje en sus primitivas etapas, tendrá con seguridad algo de esta maravillosa vida de buena venturanza. Por consiguiente y de hecho, en lugar de que algunas "almas" vayan al cielo y otras al infierno, la mayor parte tienen su etapa tanto de purgatorio como de cielo, las cuales solamente difieren en sus proporciones relativas.
Pensar pensamientos amorosos o nobles, apreciar una obra maestra literaria, o alguna adorable obra de arte en el mundo físico, es abrirse una ventana en el mundo celestial; acostumbrarse a pensamientos elevados y altruistas, es mantener aquella ventana siempre abierta de par en par. Pero la condición de un hombre en el mundo celestial es principalmente receptiva, y su visión de algo fuera de su propia concha de pensamiento, es del más limitado carácter; no puede él construir nuevas ventanas, a lo largo de nuevas líneas de actividad si no tuvo interés en éstas durante su vida física. Los pensamientos superiores pueden seguir muchas direcciones, algunas de ellas personales, como el afecto hacia una persona o la devoción a una deidad personal; y otras de ellas impersonales. Entre éstas se cuentan el arte, la música y la filosofía; y un ser, cuyo interés haya girado alrededor de estas líneas encuentra inconmensurable goce e ilimitada instrucción, es decir, la cantidad de júbilo y de conocimientos quedará limitada tan sólo por su poder de percepción. Como un trabajador que regresa al hogar con su salario del día, el hombre extrae del Devachán tanto cuanto se haya preparado a obtener por sus esfuerzos durante la vida terrenal.
En este plano existe la infinita plenitud de la Mente Divina, abierta en todo su ilimitado influjo para toda alma, justamente en la proporción en que aquella alma se hubiere calificado a sí misma para recibir. Es un mundo cuyo poder de respuesta a las aspiraciones del hombre está limitado solamente por la capacidad de éste para aspirar. En el oriente se dice que cada ser trae consigo su propia copa; que algunas son grandes y otras pequeñas; pero que cada copa, grande o pequeña, será colmada hasta el máximo de su capacidad; aquel océano de bienaventuranza contiene mucho más de lo que es necesario para todos.



PREG. — ¿Entonces no tiene uno la misma clase de cielo, o la misma intensidad de bienaventuranza en él?

RESP. — Las imágenes mentales (o formas de pensamiento) in-egoístas que hayan existido como semillas en el cuerpo mental, comienzan a manifestarse como árboles en el Devachán, de tal suerte que cuando un hombre hubiere formado muchas imágenes mentales, ya fuere por su aspiración al conocimiento, o por altruista deseo de ayudar a la humanidad, (por más que tales imaginaciones hayan sido consideradas en el mundo como castillos en el aire) se materializan ahora en la materia más fina del mundo mental y el hombre se encuentra allí haciendo cada cosa de acuerdo con sus deseos.

Siendo la materia mental más sutil que la materia física, los pensamientos son cosas en el mundo mental o celeste; y mediante el poder del pensamiento, cada uno crea en los cielos su propio mundo de acuerdo con sus deseos. Tal como son los pensamientos de un hombre, así es su Devachán, y como no son iguales los pensamientos ni de dos personas, sus cielos deben, por consiguiente, ser diferentes. Sin embargo, como cada uno se encuentra allí a cada momento exactamente de acuerdo con su deseo, todos son extremadamente dichosos, si bien disfrutando de diferente grado de felicidad.

Además, si los goces celestiales fueren tan sólo de un tipo particular, como lo sostienen las teorías ortodoxas, siempre habría algunos que pronto se cansarían debido a su falta de habilidad para participar de estos goces, ya fuere por encontrar gusto en cierta felicidad particular, o por carecer de la necesaria educación. Y así el cielo de un hombre no puede ser impuesto a todos los demás, de igual manera que un individuo de los arrabales no puede sentirse dichoso en el glorioso ambiente de un artista, pues lo que ocasiona felicidad a uno puede no ocasionarla en manera alguna a otro. El hecho es que cada uno crea su propio cielo por sus propias formas de pensamiento, por la selección que hace en los esplendores inefables del pensamiento de Dios Mismo. Por las causas que él mismo engendró durante su vida terrenal, decide, para si mismo, tanto la duración como el carácter de su vida célica; por lo tanto tendrá exactamente la cantidad que ha merecido, y exactamente la calidad de goce que sea él más adecuado de acuerdo con sus idiosincrasias. He aquí él único arreglo imaginable que puede hacer feliz a cada uno hasta él máximum de su capacidad para serlo.


PREG. — ¿Qué les ocurre a los niños en el mundo celestial?

RESP. — De todos quienes entran a aquel mundo, los niños son los más dichosos y los que por completo se sienten como en su casa. No pierden a sus padres, hermanos, hermanas, ni a los compañeros de juego a quienes amaron; sencillamente los tienen cerca de sí para jugar con ellos durante lo que nosotros llamamos noche, en lugar del día, de tal suerte que ellos no sienten ni la pérdida ni la separación. Durante nuestro" día” jamás se les deja solos, pues en aquél mundo, lo mismo que en éste, los niños se reúnen, juegan entre sí, se divierten en una especie de Campos Elíseos, llenos de raras atracciones y siempre están plenos de júbilo, y a menudo turbulentamente felices.

Aún aquellos niños cuyos pensamientos naturalmente se vuelvan más hacia los asuntos religiosos, nunca dejan de encontrar lo que anhelan. Pues existen los ángeles y los santos de antaño y no son meramente piadosas fantasías; y quienes creen en Dios y los necesitan son infaliblemente atraídos hacia ellos, encontrándolos más gloriosos y benignos de lo que soñara su imaginación. Y aún aquellos que hubieren de encontrar al Mismo Dios (Dios en forma material), no quedarán contrariados; pues Instructores gentilísimos y muy bondadosos les explican que todas las formas son formas de Dios, ya que El se halla por doquiera, y quienes sirvan y ayuden a la más ínfima de sus criaturas verdaderamente lo están sirviendo y ayudando a El. Como a los niños les agrada ser de utilidad, en aquellos mundos superiores se abre ante ellos, un vasto campo de ayuda y bienestar en sus gestiones de misericordia y amor para los ignorantes.

No deberíamos temer por las pequeñas criaturas que aún fueren incapaces de jugar; pues muchas madres difuntas esperan allá para atraerlos amorosamente hacia su seno, para recibirlos y amarlos como si fuesen sus propios hijos. Generalmente tales criaturas descansan en el mundo espiritual por muy poco tiempo, como ya se dijo antes, y retoman de nuevo a la tierra para ser muy a menudo hijos del mismo padre y la misma madre.


PREG. — ¿Cómo encontraremos a nuestros amigos y seres queridos en el mundo celeste?

RESP. — Si un ser ama a otro con amor profundo y altruista, crea una forma lo suficientemente fuerte de pensamiento o imagen mental de aquel amigo o pariente, y naturalmente llevará consigo aquella imagen al mundo celestial, ya que tal amor, en virtud de su carencia de egoísmo, pertenece a aquel nivel de materia.

La fuerza de tal amor es suficientemente poderosa para actuar sobre el Ego del amigo en la parte superior de su cuerpo mental, porque es el Ego o el alma y no el cuerpo físico lo que el ser amó con amor puro. Ahora bien, el Ego del ser amado, sintiendo aquella vibración, responde súbitamente a ella, y se infunde así mismo en aquella forma de pensamiento creada por el residente del Devachán. Y así, el amigo de aquel ser se halla realmente presente ante él muy vividamente; y no importa que esté vivo o muerto, pues la llamada se hace, no al fragmento del amigo que muchas veces está prisionero en un cuerpo físico, sino al Ego que puede así responder simultáneamente a los afectos de un centenar de amigos, ya que ninguna cantidad de manifestaciones en un nivel inferior puede agotar la plenitud del Ego, así como ninguna cantidad de líneas pueden hacer un cuadrado, o ningún numero de cuadrados un cubo.

Por consiguiente, en el mundo celestial cada ser tendrá siempre alrededor de sí a todos los amigos y parientes que deseare y éstos se le presentarán siempre bajo su mejor aspecto, ya que entonces se hallan dos etapas más cerca de la realidad que cuando habitaron en las limitaciones del cuerpo físico.

Esta misma observación tiene valor cuando se trate de un hombre cuya inspiración hubiere sido la devoción hacia una deidad personal; la deidad estará siempre presente ante el muerto mucho más vividamente que en el plano físico.


PREG. — ¿Acaso un muerto, en el cielo espera y observa a sus amigos y seres queridos que están sobre la tierra?

RESP. — No. ¿Cómo podría el muerto ser dichoso en el cielo si mirase hacia la tierra y viese que los seres que ama están llenos de pesares o cometiendo algún pecado; o por ejemplo, si su mujer estuviese desesperada por la pérdida de él, o, lo que sería peor todavía, si ella se hubiese casado prontamente con otro?

Tratándose de esperar, no mejora mucho el caso, pues entonces él tendría un largo y cansado período de espera, que a veces se extendería durante años, pudiendo suceder que el amigo llegase tan cambiado que ya no le fuere agradable su compañía. Pero, de acuerdo con el arreglo natural, todas estas dificultades se evitan, y aquéllos a quienes el muerto amó se encuentran siempre con él y siempre bajo su aspecto más noble y mejor, ya que no podría acaecer ningún cambio o discordia entre ellos puesto que él recibe de Dios, en todo tiempo, exactamente lo que espera.


PREG. — Si un alma pasa tanto tiempo en el Devachán entre dos encarnaciones, ¿cuáles son sus oportunidades de desarrollo durante esa estancia?

RESP. —

I. —A causa de las cualidades que desarrolló en sí, tal ser abrió las correspondientes "ventanas” en el mundo celestial y por el ejercicio continuado de estas cualidades durante largo tiempo, las reforzará en gran manera y volverá a la tierra ricamente equipado a este respecto. Como los pensamientos se intensifican por el uso reiterado, un hombre que hubiere empleado cientos de años en verter afecto desinteresado, ciertamente sabrá cómo amar más fuertemente y mejor. La vida en el Devachán es de asimilación y las formas-pensamiento de las aspiraciones o de experiencias mentales y morales, acumuladas en la tierra, son entretejidas en el carácter del alma como facultades mentales y morales, y llegan a ser los poderes y las cualidades, las capacidades y tendencias, para su próxima vida sobre la tierra.

II. — Debido a sus aspiraciones se pondrá en contacto con alguna de las grandes jerarquías de espíritus y aprenderá mucho de ellos. Por ejemplo, de los Gandharvas, una gran Orden Angélica que se dedica especialmente a la música, podrá aprender maravillosas y nuevas combinaciones de tonos musicales.

III. — Obtendrá información adicional y mayor instrucción mediante las imágenes mentales hechas por otros, si éstos estuviesen lo suficientemente desarrollados para ser capaces de instruirlo. Alguien que estuviese ante una fuerte imagen del Maestro, obtendrá así enseñanza y ayuda precisa a través de aquélla.


PREG. — ¿Hay 7 clases diferentes de cielos como ordinariamente se cree, y pasa un ser a través de todos ellos sucesivamente como lo hace en el plano astral?

RESP. — Como ya se explicó, hay siete subdivisiones en el mundo mental lo mismo que en el astral. Las tres superiores, los niveles Arupa-Loka o "Sin Forma", son la residencia del Ego en el cuerpo causal, en tanto que los cuatro niveles inferiores, los Rupa-Loka, forman el cielo en donde los seres pasan su vida celestial en el cuerpo mental. Como en el cuerpo mental nada hay que corresponda a la redistribución de la materia astral, un ser no pasa a través de las sucesivas etapas o regiones del mundo celestial una tras otra, como sucede en el mundo astral, sino que es atraído hacia el nivel que corresponda más íntimamente al grado de su desarrollo, y transcurre allí toda su vida en el cuerpo mental.

La característica dominante de la subdivisión inferior o sea la séptima, es el afecto in-egoista por la familia, pues todo tinte de egoísmo requiere ser agotado en el plano astral. La sexta tiene la característica de la devoción religiosa antropomórfica, en tanto que la quinta tiene la característica de la devoción que se expresa a si misma en trabajo de cualquier clase. Todas estas tres subdivisiones se refieren a la acción propia de una devoción a personalidades, ya sea familia, amigos, o deidad personal.

La cuarta sección tiene como su nota dominante la más extensa devoción hacia la humanidad, que incluye aquellas actividades conectadas con propósitos in-egoístas, de conocimiento espiritual, alta filosofía o pensamiento científico, habilidad artística o literaria desprovista de egoísmo, y en general el servicio por amor al servicio.

Al final de la vida celeste que dura diferentes períodos, según se explicó, llega al cuerpo mental su turno de ser desechado, como les sucedió a los otros, y comienza entonces la vida del hombre en el cuerpo causal.


PREG.—¿Qué le ocurre al hombre en el ciclo superior, en los tres subplanos más elevados del mundo mental, cuando se halla en su cuerpo causal terminada ya su vida celestial en el mundo mental inferior?

RESP.—Todas las facultades mentales que se expresan en los niveles inferiores, son atraídas hacia el cuerpo causal con todos los gérmenes de vida pasional que se infundieron en el cuerpo mental, procedentes del astral, al tiempo de abandonar el cascarón astral; y, terminada una ronda de su peregrinación, el Pensador reside por algún tiempo en su propia patria nativa; el alma aquí no necesita "ventanas", pues todas las paredes se han desvanecido; pero como la mayoría de los hombres tienen tan sólo una oscura conciencia de sus alrededores en estas alturas, descansan allí por un poco de tiempo, apenas conscientes, pero asimilando sin embargo los pequeños resultados de la reciente vida terrestre.

Con todo, si el hombre está ya desarrollado, su vida en el nivel "Arupa" es mucho más larga, rica e intensa, ya que su cuerpo causal crece y se organiza mejor; y él retoma a la vida terrestre con un conocimiento mayor y con un poder más efectivo para ayudarse a sí y ayudar a los demás. En el subplano más elevado viven los Maestros y Adeptos y Sus discípulos más adelantados; en el inmediato inferior, las almas cuya superior evolución es testimoniada por su cultura interna y su refinamiento natural cuando viven en cuerpos terrestres; y en el tercer subplano la vasta mayoría de los 60.000 millones de almas de que antes se habló que forman la masa de nuestra aún retrasada humanidad.

La duración de la estancia de un ser en el mundo mental superior, depende de su etapa evolutiva, lo mismo que de su profundo pensar y noble vivir durante la vida terrenal, según ya se describió cuando se habló de la Reencarnación.

Sin embargo, para todo hombre, por poco que haya progresado, adviene un momento de clara visión antes de su retorno a la tierra, y entonces ve él su vida pasada con las causas que tendrán que ser elaboradas en el futuro, y, mirando hacia lo porvenir, ve también su próxima encarnación que lo espera con sus posibilidades y oportunidades. Entonces las nubes de la materia se cierran sobre él y oscurecen su visión, y principia un nuevo ciclo de otra encarnación con el despertar de los poderes de la mente inferior a través de Tanhá, la sed ciega por la vida manifestada, según, se explicó ya al hablar de la reencarnación.


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viernes, 24 de octubre de 2008

LAS MANOS DE DIOS


Hace poco vimos una película titulada LAS MANOS dirigida por Alejandro Doria en el año 2006. La Academia de Cine de la Argentina la distinguió con ocho estatuillas, entre ellas, las de mejor película, mejor director, mejor actriz y mejor actor protagonista.

Película inspirada en episodios de la vida del Padre Mario Pantaleo, un cura nacido en Pistoia, Italia, y radicado en la Argentina, que guiado por los misterios de la fe tenía "poderes" para diagnosticar y sanar enfermedades a través de la imposición de manos. Gracias a la ayuda de los que creen en su don y a Perla, su colaboradora, construye su propia iglesia. A partir de ese momento nada será fácil para el Padre Mario, deberá luchar contra las autoridades de la iglesia católica, el gobierno y por si fuera poco, la policía para poder continuar con su obra.

A nosotros, nos ha parecido una película extraordinaria que os recomendamos, ya que dentro de su sencillez guarda una serie de mensajes y pensamientos filosóficos que son dignos de tener en cuenta. A continuación os transcribimos uno de esos pensamientos filosóficos que desarrollo el protagonista y que encierra formas tan sencillas, que se explican desde el punto de la comprensión de la intuición…

“En el Oriente, a diferencia de nuestra cultura occidental, que privilegió la razón como fuente exclusiva del conocimiento, se considera a la intuición como otra fuente de conocimiento de suprema importancia, para su percepción sin el uso de la razón podemos conocerla y esta es potestad de la conciencia humana. Entre nosotros quiero decir en Occidente, por no ser usada se atrofió, pero no desapareció, sigue estando ahí, y en Oriente se la sigue aplicando como solución de distintos trastornos del cuerpo.

El cuerpo humano es una masa energética en constante evolución, se regenera así mismo, nace y muere a cada instante, transformando su propia estructura celular y este proceso, lógicamente, provoca diferentes niveles de energía que se pueden registrar. Si hacemos observaciones puntuales sobre el cuerpo del enfermo, podemos sentir estas vibraciones de energía. Como explicarlo, es como si en una orquesta uno pudiera descomponer el sonido total y escuchar cada instrumento en particular. Yo sugiero esta tarea de ejercitar el oído, para poder llegar a escuchar, y de esto doy fe, cual es el instrumento que verdaderamente desafina y de esta manera nosotros también podemos registrar, sentir, las crisis energéticas dañadas en el cuerpo. Yo no curo, yo registro (chequeo) hay veces que no puedo hacer nada y lo digo, pero atentos yo no hago nada, soy la guitarra el guitarrero es el que está arriba. Pero no fui yo el que se puso ahí, créanme que no soy tan imbécil para creerme indispensable. Fui llamado para eso. Me di cuenta cuando no me di cuenta, fue así. La contradicción arrasa con la lógica pero es el motor de la vida, el cielo y el infierno están aquí dentro de nosotros, no afuera y la tarea de nuestra vida es hacerlo paraíso y a eso aspiro yo y les digo que ustedes también.”

Deseamos que os haya servido para comprender esas fuerzas internas, que están dentro de todos nosotros y que fluyen constantemente en nuestra vida.

Ángel y Pilar