sábado, 12 de julio de 2008

CUAL ES LA NECESIDAD DE LA REENCARNACIÓN ? (2)

PREG.-Cuál es la necesidad científica para la reencarnación?

RESP.— La ciencia exige ahora la reencarnación como comple­mento de su teoría de la evolución. Hay dos grandes doctrinas acerca de la evolución que se puede decir dividen al mundo científico. La primera es la enseñanza evolucionista de Charles Darwin; la segunda es la moderna enseñanza de Weissman. Ambas doctrinas, importantes como son, requieren la enseñanza de la reencarnación para complementarlas; pues en ambas surgen ciertas cuestiones que solamente la reencarnación puede resolver.

Considerando la enseñanza evolucionista de Darwin a la luz mas amplia posible, se presentan dos grandes puntos relacionados con el progreso de la inteligencia y la moralidad. Primero, la idea de que las cualidades son trasmitidas por los padres a la progenie y que por la acumulada fuerza de tal transmisión se desarrolla la inteligencia y la moralidad. A medida que la especie humana avanza paso tras paso, los resultados de su ascensión son transmitidos a su progenie, la cual, empezando por decirlo así desde la plataforma edificada por el pasa>' do, es capaz de ascender más en el presente y trasmitir a su posteri­dad, ya enriquecido, el legado que recibiera.

En segundo lugar, a la par que esto, aparece la doctrina del con­flicto, esto es, de aquello que se llama la supervivencia del más ap­to; de cualidades que capacitan a uno para sobrevivir y, por tal super­vivencia, transmitir a la progenie aquellas cualidades que le confieran ventajas para la lucha por la existencia.

Ahora bien, estos dos puntos capitales, la transmisión de cuali­dades de padres a la progenie, y la supervivencia del más apto en la lucha por la existencia, son dos de los problemas que difícilmente se solucionan desde el ordinario punto de mira Darviniano. En efecto, por lo que hace al segundo punto ¿cómo evolucionan las cualidades morales y sociales? Seguramente que no a causa de la lucha por la existencia. Las cualidades que .son humanas por excelencia, a saber, la compasión, el amor, la simpatía, el sacrificio del fuerte para la protección da débil, la disposición a dar uno su vida por el provecho de otros, son las cualidades que reconocemos como genuinamente humanos en contraposición a las que compartimos con los brutos. Mientras más cualidades de aquellas se manifiestan en el hombre, más humano se le considera. Pero, quienes se sacrifican a sí mismos, mueren.

Entre los animales domésticos y aún entre los más feroces, como las bestias de presa, la madre se sacrifica a sí misma por la indefensa prole, venciendo la ley de la propia conservación. El avemadre o el animalmadre sacrificarán su propia vida a fin de alejar a su ene­migo, el hombre, de la cueva o del nido en donde se hallan ocultos sus pequeñuelos. Siempre triunfa el amor maternal del amor por la vida. Pero la madre muere en el sacrificio. Las que más demuestran su afecto, perecen, se inmolan por amor maternal. Y entre los hom­bres se desarrollan las cualidades sociales y morales no a causa de la lucha por la existencia, lucha que requiere el cerebro más agudo y la conciencia menos escrupulosa. Las cualidades humanas de ter­nura y compasión pueden crecer solamente por el sacrificio de sí, pero aquí también como en el reino animal, el hombre que se sacri­fica muere; y si las virtudes sociales o humanas tienden a la muerte de sus poseedores; y a permitir que sólo viva el más egoísta y brutal ¿cómo podremos explicar el crecimiento, en el hombre, del espíritu de autosacrificio, el aumento continuo de cualidades tan divinas que incapacitan al ser para la lucha por la vida"?

Quienes hayan estudiado las obras de Darwin saben que esta cuestión no se dilucida allí por completo: más bien se la evade que definirla. La reencarnación nos da la respuesta; en la vida intermi­nable ya sea del animal o del hombre, el autosacrificio hace surgir en el carácter un nuevo poder, una nueva, vida, una fortaleza compelente, la cual reaparece para bien del mundo, una vez y otra, en manifestaciones más y más elevadas; si bien la forma de la madre perece, el alma de la madre, sobrevive, y vuelve a la tierra de tiempo en tiempo; quienes han poseído tales almas de madre se entrenaron primero en el reino de los brutos y luego en el de los humanos, de tal suerte que lo ganado por el alma al tiempo del sacrificio del cuerpo, reaparece al reencarnarse el alma para bendición y exaltación del mundo. Y así cada mártir que muere por la verdad, cada héroe que sacrifica su vida por su país, cada médico que pierda la existencia en lucha contra alguna terrible enfermedad, cada madre que se inmola por su criatura, vuelven a la tierra mejorados por el sacrificio con aquella noble cualidad entretejida en la propia naturaleza de su alma, y cosechan los resultados del autosacrificio en un mayor poder para ayudar al mundo.

Ahora, por lo que hace al primer punto, es decir, la transmisión de cualidades, Weissmann ha establecido dos hechos fundamentales; primero, la continuidad de la vida física (y ya se verá que, para ser completa, necesita la continuidad de vida intelectual y moral). La razón para esto, según la línea seguida por Weissmann, es su segundo hecho fundamental, el de que las cualidades mentales y morales y otras que se adquieren no son transferidas a la progenie, que sola­mente, podrían serlo en caso de haberse elaborado lentamente y por grados en la propia contextura del cuerpo físico de los descendientes. No siendo, transmisibles las cualidades mentales y morales, ¿dónde ra­dicaría la razón para el progreso humano a menos que, lado a lado con la continuidad del protoplasma, tuviéremos la continuidad de un alma en desarrollo evolucionante.

Tal continuidad de alma en evolución es también necesaria por­que, paralela a la misma teoría, y respaldada, como lo está, por los hechos observados, encontramos que mientras más fino es el organis­mo, mayor es su tendencia a la esterilidad o hacia una gran limita­ción en el número de descendientes. De hecho, es ya un aforismo entre los científicos que el genio es estéril significándose con ello en primer lugar que un ser genial dio tiende a aumentar la raza y, en segundo lugar que, aunque el hombre de genio tenga un hijo éste no demuestra poseer las cualidades del genio, generalmente es un ser ordinario y hasta con tendencias a actuar por bajo el nivel medio de sus tiempos.

Hay dos tipos especiales de genio: el del intelecto puro o de la virtud, y el del arte. Este requiere la cooperación del cuerpo físico. Poco o nada exige el primero de la herencia física; pero no podríamos tener un gran genio musical a menos que llevase aparejado un cuerpo, físico especializado con su delicada organización nerviosa, la finura de su tacto y la agudeza de su oído. Estos factores físicos se requieren a fin de que el genio musical pueda expresar su más elevada fase; ahí precisa la cooperación de la herencia física. Cuando leemos la biografía de un genio musical generalmente encontramos que nació en el seno de una familia de músicos; que durante dos o tres genera­ciones antes de la aparición del. gran genio, la familia en la cual nació se había distinguido por su talento musical; y que, cuando el genio aparece, el talento musical muere y la familia se esfuma en el marco ordinario de la gente vulgar. La floración de la familia es el genio; pero este no transmite su genio a la posteridad.

Ahora bien, estos problemas y enigmas de la herencia encuen­tran su explicación razonable en la enseñanza de la Reencarnación. Un genio musical necesita un cuerpo especializado que nazca en una familia musical bajo las leyes de herencia; pero, como ya se explicó tal ley surte efectos sólo para el cuerpo físico, pues el carácter mental y moral no es transmisible. Y no viene el genio al mundo creado re­pentinamente por Dios, o como un mero juego de la naturaleza o a resultas de algún afortunado accidente; viene con las cualidades que gradualmente ha desarrollado luchando en el pasado. En la base de la escala humana de progreso esta el ínfimo salvaje; en la cima de tal escala se hallan el más grande santo y el más noble intelecto, genios lentamente creados por grados, producidos a fuerza de innumerables luchas por sus fracasos y sus victorias, por lo malo y por lo bueno. Los males del pasado son las gradas por las cuales asciende el hombre hasta la virtud, de tal modo que, aun en el más degradado criminal contemplamos la promesa de la divinidad. También el escaldera hasta donde se halla el santo y en todos los hijos de los nombres Dios se revelará al fin.

Esto explica por qué debe haber progresado el hombre aunque tenga razón Weissmann al decir que las cualidades adquiridas no son transmisibles; pues estas cualidades mentales y morales no constituyen un don del padre: son los trofeos de victoria duramente ganados por el alma individual, y cada alma vuelve a nuevo nacimiento en un cuerpo nuevo, con los resultados de sus vidas anteriores como base de su trabajo para la presente. Y así, la reencarnación con sus lecciones en la evolución de la vida, llena los vacíos que deja la teoría científica y hace comprensible el progreso del carácter y de la inteligencia paralelamente al de la evolución de la forma.

Por último, cada vez que observamos la Naturaleza y miramos cosas de la misma clase, las encontramos en diferentes etapas de crecimiento; vemos constantemente, en las criaturas más desarrolladas, la huella del pasado a través del cuál han evolucionado. Igualmente, cuando observamos a los hombres, vemos toda clase de grados de inteligencia y de etapas de crecimiento moral. ¿Cómo podrán ser explicadas científicamente? De seguro que no por el principio (sugerido tantas veces por. la ciencia) de una súbita creación, de una aparición repentina sin causa, sin antecedentes, sin nada que lo explique. Entonces, ¿por qué estas grandes diferencias? ¿O por qué, siquiera, las pequeñas diferencias? Si decimos "Crecimiento", nos hallamos en sólido terreno científico, ya que por doquiera vemos el crecimiento en la naturaleza, diferencias de tamaño, diferencias en desarrollo; y los signos del crecimiento de la inteligencia y la moralidad que vemos entre los hombres, son señales claras de un pasado de diferencias en la edad del alma. Además, encontramos en el intelecto humano marcas de pasado, semejantes a las marcas del pasado en los cuerpos humanos; la inteligencia, en un cuerpo nuevo, rápidamente recorre su pasada evolución como bien lo sabe todo observador que atentamente sigue el desarrollóle la inteligencia de un niño.

PREG.—¿Qué quiere Ud. decir al referirse a la necesidad moral para la reencarnación?
RESP.—La tercera necesidad, la moral, el argumento más poderoso para la reencarnación ya que, de otra manera, no podría haber Justicia Divina ni amor en este universo. Ya se ha demostrado que las otras dos posibles explicaciones para las desigualdades humanas, a saber, la herencia y la creación especial, carecen de razón. Un ser nace deforme, el otro es un atleta. ¿Por qué? uno es idiota de nacimiento, el otro un genio dotado de brillantes poderes intelectuales; uno magnánimo, el otro avaro y mezquino. ¿Por qué? Si Dios es autor de tales diferencias, ello implicar injusticia y desesperanza irremediable. Nace un alma en algún arrabal, de una meretriz y de un borracho; de niño nada aprende sino crímenes y maldiciones, se le obliga a robar para alimentarse, nada sabe de bondad o de hambre de hombre se convierte en criminal consuetudinario hasta que algún día, en estado de ebriedad, acomete a un semejante suyo y lo mata. Se le envía a la horca. ¿A dónde irá después de la muerte? Para el cielo es demasiado pecador, en tanto, que no sería justo enviarlo al infíerno, puesto que no tuvo una sola oportunidad de regeneración en toda su vida. Nace otra alma en el seno de una familia refinada y es cuidadosamente criada por sus amorosos padres. Se le impulsa a la virtud y se le da esmerada educación. Durante toda su vida recibe homenajes y elogios hasta por cosas que no hizo, y muere después de una existencia llena de utilidad y de gloria. ¿Qué hizo para merecer todo esto? Si cada una hubiere sido producto de una creación especial, con un cielo o un infierno sempiternos subsiguientes a la muerte, ¿dónde estaría la Divina Justicia? ¿Acaso no tendría derecho el criminal para reclamarle a Dios, ¿por qué me hiciste así?

Pero la reencarnación restaura la Justicia a Dios y el poder al hombre y explica que el criminal es un alma joven aún no desarrollada, un salvaje que ha aparecido en la corriente evolutiva, con posterioridad a otra alma de más experiencia, con muchas vidas tras de si; que ambos son el resultado de su pasado y que las diferencias entre ellos sólo son de edad y crecimiento.

Entre otros muchos, la reencarnación resuelve los siguientes problemas:

I.—Explica las actuales desigualdades de condición y de privilegios sociales.

II.—Aleja la necesidad metafísica de tener que atribuir un aspecto de injusticia a la Suprema Justicia.

III.—Introduce en los mundos morales y espirituales, el mismo orden que la observación y la ciencia han descubierto en el físico.

IV.—Explica la aparición de hombres de genio en familias cuyos otros miembros carecen de habilidades extraordinarias.

V.—Explica la frecuente ocurrencia de casos de ambiente hostil que a menudo amarga la buena disposición y paraliza el esfuerzo.

VI.—Justifica la violenta antítesis entre el carácter y la condición, demostrando que aquel es resultado 'del crecimiento y no de un divino "hágase".

VII.—Explica las variaciones del sentido moral de la humanidad, es decir, los problemas de conciencia.

VIII.—Explica por qué ocurren los accidentes, desgracias y la muerte prematura o la repentina.

IX.—Nos explica por qué algunos individuos poseen poderes psíquicos.

X.—Da la razón de ser y aclara la evolución Darwiniana.

XI.—Suministra la solución razonable del problema de cuál será el futuro de los hombres que, habiéndoles Dios otorgado el don de la existencia física, jamás han aprendido a estimarla; por ejemplo, el avaro cuyo único goce es contar cierto número de monedas de metal amarillo; o el sensual que no tiene otro concepto de la vida que la bestialidad.

XII.—Explica la tremenda contradicción que a menudo surge entre nuestros deseos y nuestra voluntad, nuestro carácter según nosotros lo conocemos y nuestras acciones según son miradas por los demás.

XIII.—Soluciona la dificultad de conciliar el Amor de Dios con Su Poder.

XIV.—Explica el capricho, en apariencia sin significado, de la muerte.

PREG.—Y respecto a un niño que muere a poco de nacer, ¿cómo podrá usted explicar ese nacimiento inútil?
RESP.—Uno de los factores bajo los cuales tiene lugar la reencarnación es la ley de Karma o Ley de Causa y Efecto. A veces un ego tiene deudas con dicha Ley por haber ocasionado sin malicia ni intención/la muerte de" alguna persona matando meramente por descuido, como, por ejemplo, si al encender un puro arrojase inadvertidamente él fósforo encendido sobre un montón de paja, comunicando el fuego a una casa y quemando mortalmente a su ocupante. Tal ego deberá pagar su descuido, no su criminalidad, con una breve demora al tomar un cuerpo nuevo. Paga su cuenta mediante la temprana pérdida del cuerpo infantil y la consiguiente demora; pero pronto toma otro, generalmente a los pocos meses.

Ahora bien, en tales casos son los padres quienes más sufren. ¿Por qué? posiblemente esos padres, en una vida anterior, tomarían a su cuidado, simplemente por cubrir las apariencias, el huérfano de algunos parientes lejanos al cual no trataron con la debida benevolencia, sino, tal vez, con una crueldad que pudo ocasionarle la muerte. Conforme a la Ley de Karma, cosechan ellos lo que sembraron y tienen que saldar la cuenta pendiente, de su falta de amor, con la pérdida prematura del cuerpo de su propio hijo, tan idolatrado por sus corazones, y aprender así a tratar con ternura y bondad a todos los niños. El niño que muere inmediatamente después de su nacimiento nada pierde; tan sólo su progreso se demora un poco pero los padres sufren su merecido Kármico al perder al único hijo tan deseado. Su Karma toma así contacto, con el de aquella persona que tiene la deuda de una vida y ambos destinos se cumplen a la muerte de, la criatura... continuará

jueves, 10 de julio de 2008

LA REENCARNACIÓN EN DISTINTAS RELIGIONES (3)


PREG.—¿Qué tan extendida se encuentra la creencia en la Reencarnación entre las religiones y filosofías antiguas y modernas? ¿Cuántas personas, aproximadamente, tienen la idea de la reencarnación como parte de su credo religioso?

RESP.—La filosofía de la Reencarnación es más antigua que la más remota antigüedad atribuida al mundo puesto que es el corolario indispensable de la inmortalidad del alma. La Reencarnación, se menciona en las. grandes epopeyas de los Hindúes como un hecho innegable en el cual se basa la moralidad. Indiscutiblemente los Egipcios enseñaban esta doctrina y su concepto de ella, conforme la interpretación sacerdotal, se muestra en el clásico "Libro de los Muertos", una de sus principales Escrituras, que describe la ruta seguida por el alma después de la muerte, copia del cual se depositaba en cada ataúd. En la antigua fe Persa, apenas se la percibe en los escritos hoy existentes del "Avesta” cuya mayor parte se perdió irremisiblemente, si bien hay un pasaje en el "Vandidád”, (el más ortodoxo de los libros Zoroastrianos) que se refiere a la doctrina de la transmigración de la vida animal. El Buddha la enseñó constantemente, hablando de sus anteriores nacimientos. Entre los remanentes de las antiguas razas del continente americano, esparcidos aquí y allá. se encuentra ocasionalmente dicha creencia como por ejemplo, entre los indios Zuni. Los Hebreos de hoy parece que no aceptan la reencarnación, si bien se alude a ella en la Kábala, pues la creencia que antaño se tenía de ella, surge en esta o aquélla página de dicha obra. En la "Sabiduría de Salomón" se afirma que el nacer en un cuerpo sin lacra era la recompensa de "ser bueno". Algunos pocos millares de quienes son reconocidos como Cristianos creen ahora en ella, si bien el sistema cristiano actual la rechaza, por más que el Cristo la aceptó cuando dijo a sus discípulos, que Juan el Bautista era Elías. Orígenes, el más instruido de todos los Santos Padres Cristianos declaró que “Cada hombre recibe un cuerpo de acuerdo con sus merecimientos y sus previas acciones". Los Sufíes Mahometanos sostienen tal creencia, la cual ha llegado hasta nosotros en la Edad Media, por un sabio hijo del Islam, el poeta y místico Persa JaláludDin Rumi, quien dijo:

"Morí en el mineral y llegué a ser una planta,

"Morí en la planta y reaparecí en un animal,

"Morí en el animal y llegué a ser hombre,

"Por qué pues, habría de temer? ¿Cuándo desmerecí por haber muerto?

"Después moriré en el hombre para qué me broten las alas del ángel.

Con razón dijo Max MüIIer que las más excelsas mentes que la humanidad ha producido, habían aceptado la reencarnación. Pitágoras la enseñó. Platón la Incluyó en sus escritos filosóficos. Virgilio y Ovidio la dieron por admitida. Las escuelas Neoplatónicas la aceptaron y los Gnósticos y Maniqueos creyeron en ella. En los tiempos actuales la vemos enseñada por Schopénhauer, Fichte, Schelling, Lessing, Henry More, Hender, Southey, Bulwer, Pezzani, por no mencionar más que unos pocos de entre los filósofos y autores occidentales. Humme declaró que ésta era la única doctrina de inmortalidad que un filósofo podría tomar en cuenta. Goethe, en su vejez, veía con gozo la perspectiva de su regreso. Emerson el Platón del siglo 19, lo mismo que Wordsworth, Rossetti, Gossc, Tennyson, Browning, Coleridge, Collins, Bailey, Sharp y otros poetas, creyeron en ella. La reaparición de la creencia en la reencarnación no es, por tanto, la implantación de una idea de salvajes entre naciones civilizadas, sino la señal de que las religiones se alivian de su falta de racionalismo, cosa que había hecho de la vida un embrollo no inteligible de injusticias y parcialidades ocasionando tanto escepticismo y materialismo.

Hablando en términos generales, la parte de humanidad que actualmente cree en Karma y Reencarnación abarca los Hindúes y los Budistas. Los hindúes son como 250,000,000 dentro de la población total de la India que asciende a cerca de 320,000.000. No es fácil determinar exactamente el número de budistas, apenase sí sabemos algo respecto a la enorme población de China. Rhys Davis, apoyándose en los datos del Censo, dice que el número de Budistas del Sur es de 30,000.000 y el de Budistas del Norte, (calculando a bulto la población total de la China), de 470.000.000, lo que hace un total de 500.000.000 de Budistas; si bien el Dr. Findiater calcula el numeró total de Budistas en China solamente, en más de 340,000.000. Y así, aun en él momento actual, (1925) parece que casi la mitad de la raza humana cree en Karma y Reencarnación, en tanto que en tiempos anteriores la proporción debió haber sido mucho mayor, puesto que estas doctrinas eran las que prevalecían en los países dominados por el pensamiento Caldeo, Egipcio y Griego.

PREG.—Admitimos que la doctrina de la Reencarnación se encuentra en las religiones Hindúes, Budistas, Egipcia, Griega y Romana;

pero ¿acaso no es por completo extraña al Cristianismo?

RESP.—Esta cuestión, de tan profunda importancia, se discute mucho ahora por los pensadores del Oeste y está suscitando buena dosis de controversia y antagonismo, que parece más bien basada en la ignorancia que en el estudio. La doctrina de la preexistencia del alma y de la reencarnación ramifica a lo largo de. dos líneas en los libros de los primitivos Cristianos y en los escritos de los Judíos qué precedieron a los Cristianos. A veces se insiste en el hecho de .que el alma no vino a la existencia con el cuerpo, que ella es eterna en su naturaleza o, por mejor decirlo, que el Espíritu es eterno y procede de Dios. Por tanto esta rama de la doctrina, comúnmente depJULIAN nada de "la preexistencia del alma", sencillamente afirma JULIAN espiritu, el hombre es, eterno; pues viene de Dios; que también procedieron de Dios muchos otros Espíritus no encarnados en forma humana; que estos pasaron a través de varias etapas y de varios mundos hasta que algunos de ellos vinieron al mundo físico en donde hubieron de pasar por un entrenamiento que les prepara para una evolución Superior, ascendiendo, gradualmente, con las experiencias que iban acumulando, hasta la pureza original que habían perdido. Puede afirmarse que tal doctrina, levemente bosquejada así era universal, ya fuere entre los Judíos como en la primitiva Iglesia. En su forma mas científica y precisa, la reencarnación, es decir, repetidos nacimientos del ser humano en la forma física, en esta forma física, se encuentra en algunos de los escritos de los primeros cristianos, pero no en todos. Algunos hablan vagamente de, la preexistencia; otros, claramente, de repetidos nacimientos en el mundo.

En todos, el principio es, el mismo, la idea de que el espíritu humano procedente de Dios no es intrínsecamente santo, excepto por derivar de la Suprema Santidad Una; pero que la santidad en su carácter, que se debe a su procedencia de Dios, puede perderse parcialmente por algún tiempo. Cuando el Espíritu ha perdido su primitiva inocencia, entonces se le denomina Alma siendo el alma el estado intermedio entre el Espíritu y el cuerpo, esto es, aquello que adquiere experiencias, lo que pasa a través de varios mundos en el universo y regresa a la postre, con las experiencias ya acumuladas, a su primitivo hogar, el seno de Dios.

Ahora bien, se sabe que los Santos Padres atacaron muy acremente y protestaron en forma muy vehemente contra la doctrina que estaba en boga entre Griegos y Romanos, en la literatura de aquellos tiempos, a saber, la idea de que el alma humana puede pasar a formas animales. Mas el mero hecho de que tal sea la única forma de preexistencia, y de la reencarnación que anatematizaban, robustece más la aceptación general, en aquellos tiempos, del principio ya descrito. A fin de comprender las circunstancias en que surgió la Iglesia de Cristo precisa el conocimiento del ambiente judaico, de los pensamientos, y puntos de mira del, pueblo Hebreo al cual y por supuesto, pertenecían los Apóstoles y los primitivos discípulos; y entre los cuales, de acuerdo con la genealogía el ,mismo Jesus tomó cuerpo. En el Antiguo Testamento aquel versículo de Jeremías "Antes de que salieses, del vientre Yo te santifiqué y te ordené como Profeta. . " (i, 5,) es uno al que aluden varios Padres de la Iglesia como relacionado con la preexistencia del alma humana. Tanto Orígenes como Jerónimo, claramente se refieren a la afirmación de que antes de que Jeremías naciera fue santificado como Profeta, como una de las pruebas de la preexistencia del alma contenidas en las Sagradas Escrituras. Orígenes señala especialmente la circunstancia de que la Justicia Divina no podría serlo a menos que un hombre, santificado como profeta o nacido para hacer un gran servicio al mundo, hubiera merecido, aquella preeminencia por una anterior vida de rectitud, o hubiera escalado esa bendita elevación como resultado de meritorias acciones en su pasado. Luego tenemos la bien definida afirmación en Malaquias, (iv, 5) de que “Elías regresaría”. Hay otro interesante pasaje en el libro de la "Sabiduría de Salomón" en el cual dice éste: "Yo fui un niño de aguda viveza y tuve mi Espíritu bueno. En verdad, por ser bueno, vine a un cuerpo inmaculado..." (ix, 5). He aquí la afirmación explícita de que, puesto que Salomón ya era un espíritu bueno, vino a un cuerpo sin lacras. El famoso historiador judío Josefo aduce también ciertas afirmaciones precisas por lo que hace a los judíos de su tiempo. En su obra "De Bello Judaico" (ii.8) dice, refiriéndose a los fariseos: "Afirman ellos que todas las almas son incorruptibles; que ¡solamente las almas de las personas buenas pasan a otros cuerpos, pero que las almas de los malos sufrirán castigo eterno..." Hay todavía otra cita mejor en Josefo, aludiendo a la creencia general de sus propios tiempos con respecto a la reencarnación del alma. Habiendo defendido la fortaleza de Jotapata y buscado refugio en una caverna, con unos cuarenta soldados que pensaban matarse uno a otro para evitar que todos cayeran en manos de los Romanos, el mismo Josefo les habló de la siguiente manera: "¿No recordáis que todos los Espíritus puros, que vivieron de acuerdo con la divina dispensación, residirán en la más bella de las moradas celestiales a su debido tiempo serán enviados otra vez al mundo 'para habitar cuerpos inmaculados; en 'tanto que las almas de aquellos que' se han suicidado son condenadas a la región de las tinieblas en los mundos inferiores?". Ahora bien, con toda justicia arguye el Profesor Víctor Rydberg con relación a estas palabras, que el hecho de que Josefo hiciera consideraciones de está clase a soldados rudos, a hombres faltos de instrucción, y no a filósofos que por sus escritos se sabe que creían en la reencarnación y la enseñaban en aquellos tiempos, demuestra que la doctrina era cosa corriente entre los judíos de su tiempo. La misma se encuentra claramente definida en los escritos de Philo, como una de las bases de la gran Escuela Judía Alejandrina. Por tanto, por lo que atañe a los judíos, tal doctrina era generalmente admitida entre ellos, e importa recordarlo por lo que respecta a las palabras de los discípulos de Jesús y sus preguntas acerca del pecado de aquel hombre que había nacido ciego, ya que parece que solamente se referían a una creencia común y corriente en sus días.Hojeando el Nuevo Testamento la primera cosa interesante que sobre el particular se encuentra, es el sonado cumplimiento de la profecía de Malaquías acerca del retorno de Elias el Profeta. Es perfectamente cierto que, cuando se preguntó a San Juan Bautista:

¿Eres tú Elias?" él respondió: "No" Pero el mismo Jesús afirmó exactamente lo contrario y dijo: "Este es Elias". La negación del Bautista se explica fácilmente por el hecho de que solamente en muy raros casos, según ya se explicó antes, subsiste el recuerdo de una vida anterior a través de la muerte y del renacimiento, por lo cual la ausencia de tal conocimiento en la mente del Bautista no es prueba en contra de la realidad de la reencamación; en tanto que la doble afirmación del Cristo Mismo, de que San Juan Bautista era Elias (S. Mateo, xi, 14 y xvii, 1213) hablando como lo hizo con conocimiento del pasado, seguramente contrapesa: mucho la negación del Bautista acerca de un punto del cual no podía esperarse que recordara. Llama también la atención la repetición, del carácter (exactamente lo que se podría esperar) pues ambos predicaron la rectitud, ambos, fueron ascetas por entrenamiento, y de naturaleza fogosa, denodados para el reproche de lo malo en los grandes centros; el carácter vigoroso y decidido del profeta Elias reaparece, en, el ^carácter igualmente vigoroso y fuerte de San Juan Bautista. Asimismo, tíos dos tuvieron mucha semejanza externa e iguales peculiaridades en, su indumentaria. Elias fue un hombre velludo y ceñía un cinturón de cuero alrededor de sus lomos" en tanto que Juan el Bautista usaba su ropa de pelo de camello y un cinto, de cuero alrededor de sus lomos". Ambos residieron en la soledad del desierto. Elias viajó cuarenta días y cuarenta noches, hacia el IIoreb, la montana, de Dios en el Desierto del Sinaí. (Reyes xix, 8). Juan el Bautista residía en el desierto de Judca, allende el Jordán, bautizando, (Marcos i,4) Y su vida en la soledad, (un destierro voluntario, de renunciación y apartamiento de las turbas humanas) era mantenida de un modo paralelamente notable, mediante un ave que les llevaba el alimento. "He ordenado a los cuervos que te alimenten", dice la voz de la Divinidad al Profeta, (Reyes., xvii,4) en tanto que el alimento del Bautista eran los saltamontes y la miel silvestre. (Mateo iii,4) Por consiguiente, dada la identidad de caracteres, ciertas semejanzas exteriores, y la solemne declaración del Mismo Jesús, dos veces repetida, es difícil no llegar a la conclusión de que San Juan Bautista fue realmente una reencarnación de Elías, si hemos de tomar en serio el Evangelio.

Por lo que respecta al caso del hombre que nació ciego, (S. Juan IX) no se requiero mucha argumentación. La pregunta fue tan sencilla: "¿Quién pecó, este hombre o sus padres?" Los discípulos se daban cuenta de que, aquello debió ser el resultado de algún pecado o maldad; y su interrogación fue para saber de quién fue el pecado que produjo tan deplorable resultado. ¿Fue acaso que los padres hubieran sido tan malvados que merecieron el pesar de tener un hijo ciego, o fue que, en algún estado previo de existencia, el hijo mismo había pecado, atrayendo sobré sí tan lamentable destino? Es obvio que la segunda fue la verdadera razón, los pecados que tal castigo merecieron, debieron haber sido cometidos antes de que él naciera, es decir, en una existencia previa. Y asi ambas grandes columnas de la enseñanza Teosofica, —Reencarnación y Karma— se hallan claramente implícitas en ésta sola pregunta. Quienes pretendan derivar de la respuesta de Jesús, “ ni este hombre ni sus padres pecaron", una contracreencia en la reencarnación, tendrían que sostener el inaceptable punto de mira de que los padres del ciego se hallaban libres de pecado; pues todos fueron considerados al mismo nivel: "Ni éste hombre ni sus padres". Pero una mente imparcial que no deseare torcer el significado de los textos a fin de reforzar una idea preconcebida, Verá naturalmente en tal respuesta, dicha por uno que era judío de nacimiento y dirigida a judíos entre quienes la doctrina de la reencarnación era cosa corriente, la afirmación sencilla y directa de qué la ceguera de aquel hombre no se debió a pecado suyo en vida anterior como tampoco a pecado de quienes dieron nacimiento al niño ciego. El Maestro asigna otra razón de carácter místico: "Para que las obras de Dios puedan manifestarse en él"; y con toda seguridad, si hubiese El estimado que el concepto de reencarnación, que claramente expresaban las mentes de sus discípulos, fuese erróneo en sí, lo hubiera declarado al punto, como solía hacerlo cuando se necesitaba corregirles algo; y tal vez les hubiese reprochado por su desatino con esta respuesta: “¿Por qué me hacéis esta loca pregunta de si un hombre nace ciego a causa de su pecado? ¿Cómo pudo pecar antes de nacer?"

Igualmente, la frase en San Juan. (XIV, 2) “En la casa de mi Padre hay muchas moradas", es muy significativa. La palabra erróneamente traducida por moradas o mansiones, es la que se usaba para designar las posadas o casas gratuitas de descanso a lo largo de los caminos del Imperio. Y ésta es una alusión muy sugestiva a los muchos descansos que el alma humana o Ego disfruta en la Casa del Padre, entre vidas de esfuerzo en la tierra durante las cuales crece su estatura espiritual. ''Sed perfectos" hubiera sido un mandamiento inútil de parte, del Cristo si se hubiere dirigido a una humanidad vacilante y pobre, con pocos años para su vida, o ebrios haraganes cuyos pensamientos estuviesen concentrado en el prostíbulo inmediato. Pero fue una gloriosa promesa para quienes hubieren tenido tiempo de crecer hasta la medida de la estatura de la plenitud del Cristo. Dice el Cristo Mismo: "No es superior el discípulo a su Maestro, pero cada uno, cuando llegue a la perfección, será como su Maestro" (Lucas vi,40).

Hay otro texto en la "Revelación" que también lleva implícita la doctrina de reencarnación. Es aquel versículo en el cual el Hijo del Hombre, al dirigirse a una de las siete Iglesias del Asia, hace la afirmación respecto a aquel que superará: "Haré de él una columna en el Templo de Mi Dios y ya no irá más”. Este "Ir de nuevo", que termina con la victoria final, se refiere a las repetidas ausencias del alma de los mundos, celestiales, que terminan cuando el alma se ha perfeccionado y llegado a ser “Una columna en el templo de Mi Dios", “Vigilantes y Santos, pilares del Templo de Dios, que de allí no volverán a salir". (Rev. 3,12).

Muchos de los Padres Cristianos se refirieron a la preexistencia y al renacimiento, que eran doctrinas cardinales entre los Gnósticos y que representaron durante muchos siglos la más pura corriente de la enseñanza espiritual y filosófica del Cristo.

En los escritos de Orígenes, el discípulo más célebre de San Clemente de Alejandría y tal vez el más brillante e instruido de todos los Padres Eclesiásticos, y particularmente en su gran tratado "De principiis", hay una mina de información acerca de las enseñanzas de los primitivos cristianos en el siglo segundo.

Su punto de mira era el de la evolución. Refiriéndose a que San Juan el Bautista fue lleno del Espíritu Santo en el vientre materno (I,vii,4) dice él que algunos "podrán pensar que Dios llena a los individuos con su Santo Espíritu y les confiere la santificación, no a base de justicia y de acuerdo con sus merecimientos, sino arbitrariamente. ¿Y cómo evitaríamos, entonces la pregunta: "¿Hay falta de rectitud en Dios?, ¿Dios impide?, o bien ésta: ¿Hay acepción de personas con Dios? Pues tal es la defensa de quienes sostienen que las almas vienen a la existencia con los cuerpos"… San Juan Bautista fue lleno del Espíritu Santo en el vientre maternal tan sólo porque en anteriores vidas de rectitud había ganado tal bendición. Añade Orígenes que Dios dispone todas las cosas de acuerdo con los merecimientos y progreso moral de cada individuo y que esto es necesario para demostrar la imparcialidad y recta justicia de Dios, ya que, conforme la declaración del Apóstol Pablo no hay aceptación de personas con EL.

Declara además Orígenes que la condición de un hombre es el juicio de Dios acerca de las acciones de cada individuo y procede a ilustrar su argumento por el famoso caso de Jacob 5 Esaú (II,ix,7) Este ejemplo ha sido usado a veces por la Escuela Calvinista como un argumento para la predestinación directa del hombre por Dios, ya sea a una felicidad eterna o a una condenación eterna: Pero según la enseñanza de Orígenes, habiendo nacido libre el hombre no pudo ser predeterminado por otra voluntad ni a la felicidad ni a la desgracia; salvo en caso de la justicia que él mismo haya merecido. Sería injusto que Dios amase a Jacob odiase a Esaú desde antes de que nacieren los niños; y el único modo de reconciliar tal declaración con la justicia de Dios, sería decir qué Esaú se hallaba cosechando los frutos de pasados males, tanto que Jacob cosechaba el fruto de previas acciones buenas. Esta es la declaración más explícitamente hecha tanto por Orígenes, cuanto por S. Jerónimo (Carta a Avitus) al decir: "Si examinamos el caso de Esaú podemos encontrar que fue condenado, a causa de sus antiguos pecados, a un peor transcurso de vida" y también lo sostiene así Diogenes: ..."Encontramos que no hay falta de rectitud en que, aún en el vientre, Jacob suplantase a su hermano, si consideramos que él era merecidamente amado por Dios de acuerdo con los méritos de su vida anterior, al grado de alcanzar preferencia sobre su hermano. Y agrega que esto debe ser cuidadosamente aplicado al caso de todas las otras criaturas pues, como ya lo hicimos notar antes, la Rectitud del Creador debe brillar en todo. "La desigualdad de circunstancias resguarda la justicia de una retribución conforme al mérito".

Orígenes trata admirablemente el caso del Faraón, cuyo corazón, se lee, fue endurecido por Dios, y asienta que, en esté mundo, no siempre es la cura rápida la más efectiva: "A veces no conduce a buenos resultados el curar a un hombre demasiado aprisa, especialmente si la enfermedad, al ser represada súbitamente en las partes internas del cuerpo, ruge con mayor fiereza" (lll,i,17). Y declara que el endurecimiento del corazón tuvo por fin solamente capacitar al Faraón para ver lo malo de sus procedimientos a fin de que, en vidas futuras, habiendo ya aprendido la lección de que fue una amarga experiencia el haber pecado contra Dios, pudiera también volver, a la rectitud del vivir; así como un buen médico de almas pone remedio a la enfermedad que aflige al hombre.

Por las anteriores citas se puede ver que no hay disputa posible acerca de sí la idea de la reencarnación fue o no enseñada por Orígenes. Con todo, añadiremos otra cita, la más convincente de todas, para demostrar que en la mente de Orígenes se admitían repetidos nacimientos en este mundo, y no sólo experiencias previas en otros mundos, "aquellos que, a partir de esta vida por virtud de la muerte que es común a todos, son destinados, de acuerdo con sus acciones y méritos, según se les juzgue dignos de ello, unos al lugar que se llama "infierno" y otros al seno de Abraham, en diferentes localidades p mansiones..." Esto alude a las condiciones postmortem en los mundos invisibles. "Y así también, como si muriesen en estos lugares (si la expresión se permite), descienden del "mundo superior" a este "infierno"... Pues aquél "infierno" al cual son enviadas desde este mundo las almas de los muertos, se llama a causa de esta distinción, según yo creo, "el infierno inferior"... Por consiguiente, a cada uno de los que descienden a la tierra, y de acuerdo con sus merecimientos o con la posición que ocupó antes aquí, se le lleva a nacer, en este mundo, en un país diferente; o entre hombres de otra raza o diferente modo de vida; o con el germen de enfermedades de distinta clase; puede nacer de padres religiosos, ó de quienes no lo sean; de tal suerte que a menudo nace un Israelita entre los Scinthios, o un pobre egipcio en Judea..." (IV,i,23). Difícilmente podría encontrarse algo más claro y definido que esto acerca del renacimiento de las almas.

Si se puede hacer una alma buena, entonces, hacer una alma mala es imposible para un Dios de Justicia y Amor. Eso no puede ser. No hay justificación alguna para ello; y desde el momento en que se reconoce que los hombres han nacido criminales, como lo nacen cada día, nos sentimos forzados, o a blasfemar diciendo que un Dios perfecto y amoroso crea una alma arruinada y luego la castiga por ser lo que El la hizo ser; o bien que El trata con almas que están creciendo y desarrollándose, criaturas a quienes El entrena para la ultimada perfección; y que, si en alguna vida nace un ser malvado y vicioso es porque se ha pervertido y habrá de cosechar en sufrimientos el resultado de los males que hizo, a fin de que pueda aprender sabiduría y tome al buen sendero. Toca a los cristianos darse cuenta de cuánto ilumina la vida, y la hace razonable, aquella ardiente esperanza del Apóstol: "Que Cristo nazca en vosotros"; esperanza que no es posible realizar ni aun para el mejor hombre en una sola vida; esperanza ridiculamente imposible y vacía sí se pone ante la abyecta masa que puebla los arrabales del vicio y la criminalidad, gente, sin embargo, contra la cual se peca más que lo que ella peca.

Por tanto, la Reencamación es una doctrina Cristiana, y sí un cristiano la acepta por el ejercicio de su razón y de su pensamiento, y llega a la conclusión de que la Reencamación es cierta, no deberá considerarla como doctrina exótica procedente de las religiones Hindúes, o Budista, o Egipcia, Griega, Romana, etc., sino tomarla como parte de la suya propia por derecho de nacimiento, como parte de la fe que antaño se entregara a los Santos.

PREG.—Sí la Reencarnación es, pues una doctrina cristiana, ¿cómo es que haya desaparecido y no sé encuentre ahora en el Cristianismo moderno?

RESP.—En El Nuevo testamento no se encuentra palabra alguna de anatema, crítica o amonestación en contra de ésta doctrina, la cual, como antes lo hemos visto, constituía una porción considerable de las filosofías y fe de los Judíos y Gentiles. Por el contrario, las Escrituras contienen numerosos pasajes que tan sólo pueden ser iluminados y comprendidos por la luz que Sobre ellos vierte la doctrina de la Reencarnación. Pero tal doctrina fue condenada, y puesta fuera de la ortodoxia cristiana, por el Segundo Concilio de Constantinopla en el siglo VI, (Año 553). Esta es la razón por la cual desapareció dicha doctrina del Cristianismo oficial representado por la Iglesia Católica Romana; pero no desapareció de la Cristiandad. Persistió y fue preservada en las enseñanzas de muchas sectas místicas, llamadas herejes y en los cantares de muchos trovadores errantes. La escuela de los Albigenses, que tantos mártires produjo a causa de su apego a la verdad original del Evangelio, enseñó la Reencarnación, doctrina que reaparece de tiempo en tiempo en la Iglesia de la manera más notable. En el siglo XVII el Rev. Mr. Glanville, Capellán de Carlos II, era un hombre de posición y autoridad indiscutibles en la Iglesia; y sin embargo, en su libro “Lux Orientalis”, establece, paso a paso, exactamente la misma doctrina de Reencarnación que se encuentra en los primitivos Padres y que es familiar ahora a todos los estudiantes de Teosofía. También en el siglo XVIII hubo una regular propaganda de esta doctrina, pues aparecieron varios libros demostrando que era parte integral del Cristianismo.

Y así, la enseñanza de la reencarnación desapareció solamente por poco tiempo, en la marea de ignorancia que inundó la Europa después de la decadencia del Imperio Romano; pero este espléndido concepto está ahora invadiendo firmemente el pensamiento occidental mediante libros, conferencias o artículos, mediante filósofos, poetas y aún clérigos.

continuará...

martes, 8 de julio de 2008

QUÉ DETERMINA LA REENCARNACIÓN? (4)


PREG.?—¿Cuáles son los principales factores que determinan el próximo nacimiento de un ser?

RESP.—Hay tres factores principales:

E1 primero es la Ley de Evolución que impulsa al hombre hacia circunstancias dentro de las cuales pueda él desarrollar más fácilmente las cualidades que necesita. Cada ser tiene que llegar a la perfección por el desarrollo de todas las divinas posibilidades que se hallan latentes en él, pues el objeto de todo el esquema es este desarrollo. Para tal propósito, se le guía precisamente a aquella raza o subraza que, mediante sus condiciones y ambiente, sea la más adecuada para desarrollar dentro de él las cualidades especiales que le falten.

Pero la acción de esta Ley se halla limitada por la Ley de Karma, o sea la ley de Causa y Efecto. Si un hombre ha creado karma para sí, que le produzca limitaciones, tendrá que avanzar sin las mejores oportunidades posibles y contentarse con las que hubiere a su derredor. En tal caso nuestras propias acciones pasadas son las que restringen el libre juego de la ley de Evolución.

El tercer factor que limita aún más la acción de la Ley de Evolución es la influencia del grupo de Egos con los cuales haya él formado fuertes lazos de afecto o de odio en vidas anteriores. Su relación con tales egos, a quienes tendrá que encontrar debido a sus anteriores conexiones, es un factor importante, que actúa para bien o para mal en la determinación de su nacimiento próximo.

La Evolución es, para el hombre, la Voluntad de Dios; y la Ley de Evolución suministrará a todo ser aquello que le sea más conveniente; si bien, como ya se dijo, las mejores oportunidades quedarán limitadas por las acciones pasadas del hombre y por sus ligas con otras almas. Podrá, un hombre ser capaz de aprender ciertas lecciones en cien diferentes circunstancias y posiciones, pero se le podrá alejar de más de la mitad de ellas por su karma pasado; y aún del resto se hace una selección, a causa, principalmente, de la presencia en su familia, o en las cercanías, de almas con las cuales él formó lazos de amor o de odio en el pasado.

Por supuesto, es filosóficamente cierto decir que un hombre consigue siempre las mejores oportunidades ya que obtiene las condiciones más apropiadas para su imperfecto carácter, las necesarias para quitarle defectos. Es lo mismo que en las escuelas, donde no podemos dar a un alumno muy joven el mejor libro de texto porque no lo podría comprender ni aprovecharse del mismo, por ser enseñanzas muy elevadas para él.

PREG.—Según eso, ¿volvemos a estar nuevamente en contacto en una nueva vida con personas a quienes hayamos amado u odiado en ésta?

RESP.—Ciertamente. En primer lugar, durante nuestra larga vida en el mundo celestial pasamos todo el tiempo en compañía de las personas que amamos sobre la tierra; y, cuando regresamos a ella, traemos la tendencia de hacerlo en grupos, con los mismos seres queridos.

El amor es un lazó formado entre los Eigue que los egos habrán de tener las mismas relaciones terrenales que tuvieron en la vida pasada. El lazo de un amor puro subsiste, pero el marido y la mujer de una vida pueden renacer como dos hermanos, o hermanas, o hermano y hermana; o bien pueden tener la relación de padre a hijo, de abuelo a nieto, o cualquier otro lazo de consanguinidad. Pero, si por razones kármicas nacen en diferentes familias, en la misma región o bien en países muy distantes, llegarán a encontrarse y se sentirán fuertemente atraídos uno a otro, como íntimos amigos, o bien amados, ya que nada hay en los cielos ni en la tierra que pueda destruir el amor ni romper sus lazos.

Siendo los lazos a veces de odio y de maldades, sucede que antiguos enemigos son atraídos hacia una misma familia para compurgar, ya fuere en mísero sufrimiento o bien por alguna de esas espantosas tragedias familiares, los malos resultados de un pasado que les fue común.

A veces a primera vista sentimos repulsión por alguna persona lo cual es voz de alerta que nos da el ego, de "enemigo al frente". Los lazos forjados por el odio solamente pueden fundirse en el fuego del amor ya que "El Odio jamás termina por el odio; el odio cesa sólo por el amor". Y así es como regresamos juntos los antiguos amigos, juntos también los antiguos enemigos; si bien revestidos de nuevos trajes carnales, con nuevos vehículos en cada vida En el volumen dieciocho y último de las obras de Max Muller aparece un notable pasaje que demuestra claramente su creencia en la reencarnación:

"No puedo quitarme el pensamiento de que las almas hacia las cuales nos sentimos atraídas en esta vida son las mismas almas que conocimos y amamos en vidas anteriores; y que las almas que nos repelen aquí ahora, sin saber por qué, son las almas que merecieron nuestro reproche, aquellas de las cuales nos apartamos en alguna vida anterior."

He aquí otro testigo en la ya larga lista de pensadores notables que aumentan, con la fuerza de su testimonio, la racionalidad de la doctrina ante los ojos de quienes se sientan satisfechos por la autoridad de nombres bien conocidos.

La idea del desagrado instintivo a primera vista (la política del Dr. Fell, como se la llama) ha sido bien expresada en los siguientes versos:

"I do not Iflce thce, Dr. FeU;

the reason why I cannot tell,

But this cnough I know rull well;

I do not l&e thcc, Dr. Fell.

No te quiero, Dr. Fell

el por qué, yo no lo sé;

pero una cosa sé muy bien:

Que no te quiero, Dr. Fell.

PREG.—Favor de explicar cómo se forman los nuevos vehículos mental, astral y físico, para una nueva vida?

RESP.—Cuando ocurre la muerte física, el hombre desecha, uno tras otro, sus cuerpos físico, astral y mental, según se describe en el Capítulo VI. Una vez abandonados estos cuerpos se desintegran. Y sus partículas se mezclan con los materiales de sus respectivos planos. Pero siendo cada hombre una triada espiritual, (el triatómico AtmaBuddhiManas, o Jivátma) ha anexado a sí, desde su origen, una triada inferior de átomos permanentes un átomo del plano físico y otro del plano astral, así como una molécula o unidad del plano mental inferior, que se llaman, respectivamente, el átomo permanente físico, el átomo permanente astral y la unidad permanente mental.

El hombre lleva consigo, de una vida a otra; estos átomos permanentes, y son preservados, tras la desintegración de los tres cuerpos inferiores, como un brillante núcleo cintilante, dentro de su cuerpo causal; siendo, por tanto, todo lo que subsiste para é\ de sus cuerpos en los mundos inferiores. En realidad son epítomes de los cuerpos que construye en rededor de ellos en cada vida y su misión es preservar dentro de sí mismos, como poderes vibratorios los resultados de todas las experiencias por las cuales hubiesen pasado. Y así, los cuerpos astral y mental transmiten al ego, al hombre real, los gérmenes de las cualidades y facultades de aquella vida terrestre, que quedan entonces almacenados en el cuerpo causal como semillas para sus futuros cuerpos astral y mental.

A algunas personas parecerá extraño que las malas cualidades que un hombre exhibió en una vida anterior deban, a veces, persistir en sus últimas vidas. La razón es no solamente que por no estar desarrolladas las buenas cualidades opuestas haya oportunidad para que malas influencias actúen sobre el hombre en aquella dirección particular sino también porque el hombre lleva consigo, de una vida a otra, los átomos permanentes de sus vehículos inferiores, los .cuales tienden a reproducir las cualidades exhibidas en sus encarnaciones previas Ahora bien, si el hombre ya desarrollado ha de cumplir el propósito de la evolución humana y dominar TQDOS los planos, es preciso que lleve consigo los átomos permanentes. Si fuera concebible que el pudiera desarrollarse sin estos átomos permanentes, podría ser, tal vez, un glorioso arcángel en los planos elevados, pero resultaría por completo inútil en estos mundos inferiores, pues habría cortado de sí el poder de sentir y de pensar. Por consiguiente, los átomos permanentes deben purificarse y no desecharse.

Al terminar su estancia en los mundos superiores, un estremecimiento vital del ego despierta la unidad mental que actúa como un magneto atrayendo en torno a sí materiales con poderes vibratorios que semejan, o que están a tono con el suyo propio, para formar un nuevo cuerpo mental, representante de la etapa mental del hombre con todas sus facultades mentales.

Después que ha sido parcialmente formado el cuerpo mental, el estremecimiento de vida despierta, o vivifica, al átomo astral para suministrar un cuerpo astral representante de los deseos y carácter pasional, y reproduciendo las cualidades desarrolladas en el pasado.

A continuación el toque vital del Ego llega al átomo permanente físico, y la nota dominante de este átomo es una de las fuerzas que guían la selección de los materiales del futuro cuerpo físico; pues ninguno será escogido si no puede, por lo menos hasta cierto punto, estar a tono con aquel átomo. Pero ésta, es solamente una de las fuerzas; el karma de vidas anteriores, ya fuere mental, emocional, o de relación con los demás seres, requiere materiales capaces de las más variadas expresiones. Ciertas poderosas y benéficas Inteligencias, denominadas “Los Lípika” o Señores del Karma, quienes llevan los hilos del destino de cada ser, eligen, de aquel karma, el que sea congruente, es decir, el que pueda ser ejercido y agotado mediante un cuerpo constituido por un grupo particular de materiales; esta masa congruente de karma, determina el grupo de materiales que rodearán al átomo permanente, y de tal grupo son seleccionados los que puedan vibrar en armonía con el átomo permanente, o en discordia tal que no los segregue en su violencia. Y así, los Señores del Karma eligen la raza, la nación, la familia, etc., y guían al Ego que reencarna hacia el ambiente requerido, de acuerdo con los tres factores que determinan la reencarnación según ya se dijo.

El molde del nuevo cuerpo físico, adecuado para la expresión de las cualidades del hombre y para poner en juega las consecuencias de las causas que actúan desde el pasado, es suministrado por dichos Grandes Seres; y el nuevo doble etéreo, copia de tal molde, es por consiguiente fabricado en el vientre materno para que el futuro cuerpo físico se construya, molécula por molécula, dentro de tal molde. La herencia física puede así ampliamente, echar mano de los materiales suministrados. Los pensamientos y las pasiones de las personas cercanas, especialmente de la madre y del padre, influencian la construcción de los cuerpos. Al tener contacto el nuevo cuerpo astral con el doble etéreo, ejerce una gran influencia sobre su formación, y, mediante él, el cuerpo mental actúa sobre la organización 'nerviosa. Esta construcción de cerebro y nervios, y su correlación a los cuerpos astral y mental, continúa hasta el séptimo año, cuando se completa la conexión entre el hombre real y su vehículo físico.

"Es como si uno dejase a un lado su traje usado, y tomando uno nuevo exclamase:

"Hoy llevaré este terno".

"Así desecha el Espíritu

su traje de carne y hueso

para tomar uno nuevo

cada vez que al mundo torna"

Y dura esta larga gira suya hasta que alcanza la meta de Divinidad que Dios le asignó.

PREG.—Y ¿por qué algunas personas nacen deformes enanos o tullidos?

RESP.—El karma de crueldad infligida a otros en vidas pasadas, da por resultado los cuerpos físicos deformes. Los inquisidores de antaño, los vivisectores de nuestros días y hasta los maestros de escuela que se valen del temor más bien que del amor para educar a los niños y que los llenan de terror abusando del poder que se puso en sus manos, suelen nacer en tales cuerpos.

Los malos pensamientos y deseos, los odios y pasiones, dan origen, en casos extremos, a cuerpos deformes y en todo caso, a cuerpos débiles o faltos de refinamiento y de belleza. Nada queda fuera dela Ley de Karma.

PREG.—Pero, ¿no .sería horrible este destino tratándose de una persona que tuvo. que ser cruel buscando el bien de otros?

RESP.—La crueldad es el peor de todos los crímenes ya que es un pecado contra la Ley de Amor. Se alegan como excusas las buenas intenciones; los inquisidores trataban de salvar las almas de los hombres, y los vivisectores pretenden salvar los cuerpos; pero sin duda que debe haber métodos mejores para hacer esto. Igualmente, el maestro de escuela debería extirpar los defectos de los niños por medio del amor y del buen ejemplo, ya que los niños débiles, cuando son cruelmente tratados, no tan sólo sufren de pronto físicamente, sino que también se tornan cobardes y serviles, y a menudo crueles a su vez, cuando aumenta su fuerza.

Pero no se pierde el erecto de las intenciones realmente buenas. Como se explicará en el Cap. V, cada fuerza trabaja en su propio plano. La buena intención hará reaccionar la naturaleza moral del hombre, quien nacerá con un carácter gentil y pacífico; si bien, como resultado de haber torturado a otros en el plano físico, deberá sufrir físicamente; por eso se le dota de un cuerpo físico deforme.

Entre otros de sus funestos resultados, la crueldad origina frecuentemente la demencia en una vida posterior. A veces, según se ha observado, ocasiona una especie de pago en la misma moneda, esto es, un hombre que fue cruel se encuentra en otra vida colocado en posición tal, que deberá sufrir a causa de una gran crueldad. A menudo ha ocasionado también un extraordinario y trágico descenso en la escala social: personas que fueron crueles cuando ocuparon buena posición social, se encuentran después mezcladas por nacimiento con las heces del populacho, a causa de aquélla crueldad."E1 destino del cruel ha de caer también sobre todo aquel que sale a matar intencionalmente las criaturas de Dios, y llama a eso deporte". ¡Esto mismo se aplica tratándose de ciertos artículos que se exigen para "las modas". Hay cierta clase de plumas, armiño y otros adornos, que sólo pueden obtenerse a costa de terribles pérdidas para la vida animal, —no tan sólo por la muerte de quienes son sacrificados con tal fin, sino también por la de las crías que generalmente dependen de la madre para su vida. Las gentes que usan esas cosas superfluas, si bien no son intencional o irremediablemente crueles, sí son criminalmente faltos de cuidado. Simplemente hacen lo que otros hacen, y "tratan de excusar su brutalidad diciendo que esa es la costumbre; pero un crimen no deja de ser un crimen porque muchos lo cometan"; y el destino del cruel alcanzará a todos, tarde o temprano.

RESP.—Ordinariamente los semejantes atraen a los semejantes y un ego es guiado hacia padres de desarrollo similar al suyo, para que cuente con un cuerpo físico adecuado a lo que necesita, y también para liquidar cuentas pendientes con los padres o con los futuros parientes, con quienes, probablemente, tuvo que ver en vidas anteriores. Pero hay excepciones o casos anormales. A veces entre tipos de gente degradada, en algún arrabal, encontramos algún niño puro y santo, creciendo como flor inmaculada entre el lodazal de la vida del crimen; y también a veces, en el seno de alguna noble familia, encontramos "almas negras". Estos casos pueden explicarse por la Ley de Karma, por el lazo creado con otros egos en el pasado. El "alma negra", por alguna acción benéfica en cualquier vida anterior, pudo haberse ligado con el Ego más noble y está cobrando ahora, en su nueva vida, la antigua deuda de gratitud en forma de las ventajas que proporciona un ambiente favorable.

En ocasiones, una grande alma, "movida por el espíritu de autosacrificio, suele nacer entre gente de baja condición social, sencillamente para elevar al degradado y para alentarlo, por su ejemplo, a aspirar hacia un nivel superior. Ejemplos de esto se ven en muchos de los grandes Santos del Sur de la India, que nacieron entre los parias, así como el taso bien conocido del negro Booker T Washington.

PREC.—¿Son continuas las encarnaciones en él mismo sexo, o puede uno que nació como hombre en una encarnación, nacer como mujer en la otra?

RESP.—Hombres y mujeres son complementos más bien que duplicados. Hay diferencias importantes entre los dos sexos, tanto sociales como biológicas. El Profesor Edward Lee Thomdike, el famoso educador psicólogo de la Universidad de Columbia, ha clasificado las diferencias específicas en la mentalidad de ambos sexos. "Las mujeres, dice, sobresalen en el deletreo, en Inglés, en idiomas extranjeros, en memoria inmediata y retentiva. Los hombres, dice, superan en historia, ingeniosidad, física, química y precisión de movimientos".

Según la fisiología, el cuerpo femenino tiene un desarrollo mucho mayor del sistema glandular, en tanto que en el masculino hay un desarrollo mucho mayor del sistema muscular. Estando conectado el sistema glandular con las emociones que son su alimento, tal desarrollo se encuentra, pues, en mayor grado en el sistema glandular de la mujer que en el correspondiente sistema del hombre. Estas diferencias fisiológicas fundamentales entre hombre y mujer son necesarias a fin de que las cualidades correspondientes a ellas puedan ser desarrolladas en la Raza. "Los hombres fueron creados para la paternidad, así como las mujeres para la maternidad", dijo el Manú. Y esto marca la diferencia que rige el cuerpo de ambos, —La Madre y el Padre—, ocasionando las fundamentales diferencias de tipos; la mujer es el alimentador, el protector, la ayuda; tales son las cualidades especiales de la Madre (tierna, gentil, paciente y esforzada) tanto así que si consideramos la cualidad masculina predominante, la cualidad de la valentía, la valentía de una mujer es muy diferente de la del hombre. La del hombre es aquel gran impulso de su carácter por mantenerse firme contra toda oposición. El valor de la mujer surge del amor o la devoción, y será tan brava, a veces más que el hombre más valiente, pero lo será en defensa de alguien a quien ame, de alguna cosa que le sea querida, y no por el mero deseo de rivalizar en contra de algún opositor. Esto rige en todos los reinos, si bien en una etapa posterior de evolución estas cualidades de ambos sexos tendrán que entrefundirse.

Es muy cierto que a veces encontramos desarrolladas en cada sexo algunas de las cualidades opuestas, es decir, mucha compasión en el hombre más varonil; y mucha fuerza y valentía en la mujer más femenina. Pero esta es una fusión de opuestos a fin de que comience a aparecer gradualmente sobre nuestra tierra el ser humano perfecto, en el cual tienen que brillar todas las cualidades. Con todo, no es deseable aún el intento prematuro para forzar aquella perfección; ya que no hemos alcanzado la perfección de las cualidades separadas. Eso requiere más evolución. De ahí arranca el gran error moderno de tratar de convertir a las mujeres en hombres; de llevarlas exactamente a lo largo de las mismas líneas; de olvidar la diferencia y el valor de la diferencia. La mujer masculina que "ha perdido las características de su sexo" ya no es atractiva, como tampoco lo es el hombre afeminado.

El Ego toma muchas encarnaciones para adquirir todas las buenas cualidades y para desarrollar todas las facultades con el fin de llegar a ser perfecto; y los diferentes egos que requieren diferentes clases de experiencias tienen que nacer en diferentes razas, países, religiones y familias.

El ego carece de sexo; el sexo es una característica de la forma, del vehículo solamente; pero, según se dijo antes, en la etapa actual del progreso humanó, ordinariamente encontramos la fuerza, el arrojo, la firmeza, etc., desarrollados a lo largo de la línea masculina; y la ternura, la pureza, el esfuerzo, etc., desarrollados a lo largo de la línea femenina; y por consiguiente, cada ego tiene que usar alternativamente cuerpos masculinos y femeninos para adquirir aquellas cualidades que le falten en cualquier etapa. Además, el mal infligido por un sexo en el otro, puede como resultado kármico, ocasionar que el malhechor nazca en el sexo ofendido para sufrir por sus culpas de pasadas vidas.

Por regla general, un ego ordinario no toma menos de tres ni más de siete encarnaciones sucesivas en un sexo, antes de cambiar al otro; pero tratándose de un ego desarrollado, se permite una gran elasticidad siendo muy probable que nazca repetidamente en el sexo y la raza mejor adecuada para suministrarle las oportunidades de fortalecer los puntos débiles de su carácter.

PREC.—Sí un hombre nace en un cuerpo condicionado por las acciones de su vida pasada, y ha de sufrir o gozar en él, ¿tendrán las gentes muy pecadoras que renacer en cuerpos de animales, como se dice que lo creen muchos Hindúes?

RESP.—Los sabios hindúes han enseñado que hay tres distintas fases en el proceso de renacer: Resurrección; Transmigración o Metempsícosis; y Reencarnación.

Como ya se explicó, nuestro cuerpo es una especie de colonia de átomos y moléculas, microbios y bacterias, cada una con su vida propia. De nosotros emanan, en todo tiempo, millones de vidas que son atraídas a los diferentes reinos de la naturaleza de acuerdo con la tendencia que les dimos; en tanto que, a la muerte de nuestro organismo, estos átomosvidas del cuerpo son esparcidos en todas direcciones por la tierra y se encaminan a nuevos organismos de tendencias similares. La doctrina de la resurrección es, pues, cierta solamente para los átomos y emanaciones despedidas por el hombre durante el curso de su vida y a la muerte.

Los elementos kármicos de un hombre persisten como una sombra o un cascarón por algún tiempo después de su muerte y finalmente se desintegran en el mundo astral. Entonces, de acuerdo con la Ley de atracción y repulsión que controla la selección universal, son atraídos hacia los elementos kármicos de animales y hombres de tipo inferior, "un sacerdote borracho se convierte en gusano; uno qué roba maíz, en un ratón", significa que los elementos que han servido de base para las pasiones de los hombres, pasan después de su muerte a cuerpos de anímales que poseen pasiones similares. Pero un hombre, se arguye, puede rehacer como animal para sufrir por los horribles crímenes de su vida pasada. Quienes argumentan de tal guisa olvidan que hay muy poco sufrimiento en un cuerpo meramente animal. Supongamos qué renazca en un tigre. Tal tigre, de acuerdo con su carácter, hará su presa a los animales más débiles y llevara una vida de relativo descanso hasta su muerte, pereciendo, tal vez, sin dolor alguno, de un certero balazo. Pero sí la misma alma fuese compelida a renacer como hombre, ¿acaso no sufriría más al compurgar sus faltas de vidas anteriores si por ejemplo, hubiese de perder todos sus bienes y quedar en la miseria o en prisión y ver que sus hijos mueren de hambre ante sus propios ojos, que su mujer se suicida por ello, y que él mismo está a punto de volverse loco?

Una chispa divina, como es la que constituye el alma individualizada, ha de encontrar expresión adecuada de su naturaleza divina, por lo cual, una vez elevada de la etapa animal al rango de hombre, sería tan imposible para un espíritu humano residir en un cuerpo animal como lo sería para un litro caber en una medida para decilitro.

Sin embargo, cuando un ego, un alma humana, por sus viciosos apetitos crea un fuerte lazo de apego hacia un tipo particular de animal; el cuerpo astral de tal persona, después que el alma ha abandonado el cuerpo físico, puede asumir una forma semejante a la del animal que representó sus pasiones sobre la tierra, y el alma puede así personificarse en la revcstidura de aquel animal. Ya fuere en esta etapa, o cuando estuviere volviendo a la reencarnación y se hallare de nuevo en el mundo astral, puede el alma, en casos extremos, quedar ligada por afinidad magnética al cuerpo astral de un animal de similares apetitos viciosos, y encadenada como prisionera al cuerpo físico de aquel animal mediante su astral. Si se encontrase así encadenada en el mundo astral, justamente después de la muerte, él no podrá ir al mundo celestial; ni podrá renacer como hombre si el encadenamiento tiene lugar cuando el alma se halla descendiendo a la vida física. Tal entidad humana tiene todas sus facultades y conciencia en el mundo astral; pero no puede expresarse a sí misma, porque, en primer lugar, el cuerpo animal no sirve para la autoexpresión humana y en segundo lugar porque el animal controla aún, su propio cuerpo. Pero tal obsesión animal, esto es, el soportar la abyecta servidumbre de estar encadenado a un animal y privado temporalmente de todo progreso y auto expresión, no es Reencarnación, ya que la reencarnación significa entrar a un vehículo físico que pertenezca a, y sea controlado por el ego. Y así comprenderemos que el alma de un hombre no llega a ser el alma de un bruto, sino que se halla encadenada al alma de un bruto y arrastrada en la organización animal, permaneciendo absolutamente impedidas todas las energías de aquella alma racional.

En casos raros, libre ya de semejante prisión, puede el Ego tomar nacimiento humano; pero el cuerpo físico quedará impreso con las características del animal, por ejemplo, la cara parecida a la de un cerdo o a un perro.

PREG.—Entonces, ¿cómo se explica la afirmación hecha en "La Luz de Asia", de que el Buddha podía recordar una encarnación Suya en una forma de tigre?

RESP.—Para entender esto, no hay que dar por admitido ni el nacimiento de almas humanas en cuerpos animales, ni la teoría de una conciencia individual persistente en los animales.

En primer lugar, aquella afirmación es meramente la repetición de una leyenda exotérica que puede o no ser correcta. Y aun suponiendo que sea correcta, debemos recordar que los Adeptos pueden retroseguir sus encarnaciones pasadas hasta los principios cuando Ellos se individualizaron para llegar a ser hombres; y el Buddha es un Ser cuyos poderes son con mucho, superiores a los de un Adepto; Él podía mirar el pasado y leer los records Akásicos de un Manvátara previo, cuando, de la esencia monádica que entonces se hallaba evolucionando a través de la forma del tigre, se individualizó el ser humano que, más tarde, hubo de desarrollarse hasta ser un Buddha, es decir, cuando la esencia monádica que hoy es El Mismo, formaba parte de un block de tal esencia que animaba los cuerpos de muchos tigres.

continuará...

lunes, 7 de julio de 2008

CUANDO SE TERMINA LA REENCARNACIÓN (5)



PREG.—¿En qué etapa termina la reencarnación para un Ego y cómo?

RESP.—El Ego tiene que descender a los mundos inferiores y trabajar en ellos revestido con diferentes vehículos hasta que alcanza la Meta que le fue señalada por la Ley de Evolución, adquiriendo conocimiento y pureza suficientes para ser capaz de funcionar conscientemente en los cinco planos de la naturaleza hasta el Nirvana con un completo dominio de la materia de ellos.

Lo que de nuevo lo atrae hacia la tierra es, en primer lugar, su Karma, y en segundo lugar, "Trishnáff (en Pali, tanhá), la sed el deseo por la existencia sensciente en el plano físico. El deseo es útil mientras nos haga falta la experiencia, y como la sed por él queda insatisfecha, regresa el Ego una y otra vez a la tierra. Pero el deseo es personal y por tanto egoísta, y siendo la condición del Arhatado, de una actividad incesante sin ninguna recompensa personal, el Ego, al ascender en su camino, debe liberarse a sí mismo de sus deseos uno tras otro, del deseo de goce personal, de placer personal, de beneficio o logro personal, y del último y más sutil de todos, del deseo de perfección personal. No debe cesar la acción sino continuar incesantemente en la actividad sin desear recompensa alguna por el fruto de la acción. Y así, para liberamos de la cadena de nacimiento y muerte, es necesario agotar todo el Karma y destruir todo deseo por la resistencia senciente. Pero no puede matarse el deseo mientras no se haya adquirido el conocimiento por lo cual no puede obtenerse la liberación sin el conocimiento. De hecho la liberación no es algo por adquirir; todos somos libres, pero a fin de conocer, de darnos cuenta de que estamos libres y no encadenados es preciso del auto conocimiento. Por eso leemos en “La Voz del Silencio”: “Te abstendrás de la acción? No es así como tu alma ganará su libertad.” Para alcanzar Nirvana, uno debe adquirir el conocimiento de sí; y auto conocerse es el fruto de las acciones amorosas". En el mismo libro se lee: "La inacción en una obra de misericordia llega a ser acción en un pecado mortal”. El fracaso en darse cuenta de esta distinción entre la acción y el deseo por los frutos de la acción, ha llevado a las naciones orientales a su estancamiento y pasividad características, puesto que el egoísmo espiritual y la indiferencia han producido su decadencia.

PREG. ¿Cuál es el intervalo entre las vidas, el tiempo que transcurre entre dos encarnaciones del mismo individuo?

RESP—El periodo entre las encarnaciones, es decir, entre la muerte y el próximo nacimiento físico, transcurre en su mayor parte en el mundo celestial inferior (Devachán), y la duración de la estancia allí, depende de la cantidad e intensidad de las aspiraciones durante la vida terrestre. Tal período varía ampliamente en longitud según las diferentes personas.

Deben tomarse en consideración tres hechos principales:

I.—La clase a que pertenece un Ego, clase que depende de la época en la cual dicho Ego alcanzó la individualización, es decir, cuando pasó de la etapa animal a la etapa humana.

II.—El modo en que él se haya. individualizado, ya hubiere sido por alguna de las maneras correctas o líneas normales, a saber, por la inteligencia, la voluntad o la emoción; o bien por alguna manera incorrecta o método irregular, esto es por orgullo, temor, u odio; o bien por el deseo intenso de dominar a los demás.

III.—La longitud y naturaleza de su última vida.

Podremos comprender bien el asunto tomando ejemplos de las diferentes clases de Egos:

1Quienes ya se hallan en el Sendero y están a punto de alcanzar la meta de la liberación, toman, ordinariamente, una serie continua de encarnaciones; siendo discípulos de los Maestros de Sabiduría, aquellos están ansiosos de continuar la labor para sus Maestros en el plano físico, y por tanto, renuncian a la felicidad del mundo celestial que han merecido, a fín de poder servir a la humanidad con su trabajo. Sus Maestros eligen para ellos el lugar y tiempo en que han de nacer; y después de la muerte reencarnan generalmente a los pocos meses o años, sin desechar sus cuerpos astral y mental antes de renacer, como es normalmente el caso, y tomando tan sólo nuevo cuerpo físico. Pero, si por alguna razón, tales almas evolucionadas no siguen este curso, el intervalo entre sus vidas es de 1,500 a 2,000 años, o más. Su estancia en el astral es muy corta o rápida, e inconsciente, pues la mayor parte de este intervalo la pasan en el nivel superior del plano mental inferior, o sea en el mundo celeste, y una décima parte de aquel intervalo la pasa el Ego en su propio plano como vida consciente, en el cuerpo causal, en el mundo mental superior.

2.—Para quienes se están aproximando al Sendero, el intervalo será de unos 1,200 anos si el Ego se individualizó lentamente por desarrollo intelectual, y de unos 700 años si se individualizó súbitamente por un ímpetu emocional o por un estupendo esfuerzo de la voluntad. Por regla general permanecen unos cinco años en el plano astral y el resto en el mundo celeste, exceptuando unos 50 años que residen en el cuerpo causal, en el plano mental superior.

Las personas que sobresalieron en actividades artísticas, científicas o religiosas, tienen el mismo intervalo, con tendencia a una vida astral más larga y una causal más corta.

3.—Gran número de personas, seres que poseen un alto sentido del honor y que sobresalen del común de la gente en bondad, intelecto y sentimientos religiosos, incluyendo, por ejemplo, los mejores tipos de profesionistas, comerciantes, hacendados, y otros bien evolucionados, tienen un intervalo de 600 a 1,000 años, incluyendo 20 o 25 años que permanecen en el astral, pasando el resto en varias etapas del mundo celeste con un toque, tan sólo, de conciencia en el Ego en su propio plano.

4.—Otra clase, como la mayoría de mercaderes urbanos, de buena situación aún, pero bajo el nivel general de bondad, comprensión y sentimientos religiosos, que emplean su intelecto en propósitos más materiales y llevan una vida menos elevadas que la del profesionista, tienen un intervalo de 500 años entre, sus vidas, 25 de los cuales pasan en el astral y el resto en el mundo celeste. No tienen vida consciente en el cuerpo causal, si bien tienen el destello de memoria otorgado para cada Ego al tocar su propio plano entre dos encarnaciones físicas.

5.—La gran masa de la clase media inferior, del tipo de pequeños tenderos, dependientes, campesinos, convencionales, tardíos y estrechos de criterio, aunque bien intencionados, tienen un intervalo ordinario de 200 á 500 años, de los cuales 40 transcurren en el astral y el resto en los niveles inferiores del Devachán.

6.—Las llamadas clases trabajadoras, los artesanos hábiles que trabajan con sus manos y con su inventiva, gente de carácter respetable y bueno, tienen un intervalo que varia de, 100 a 200. años, de los cuales unos 40 pasan en el nivel medio del astral y el resto en los subplanos inferiores del mundo celeste.

7.—La gran masa de jornaleros rutinarios, buenas gentes pero descuidadas, así como los tipos superiores de salvajes, tienen un intervalo de 60 á 100 años, de los cuales de 40 á 50 transcurren en la parte inferior del astral y el resto en la subdivisión ínfima del mundo celestial.

8.—Los salvajes de un tipo comparativamente afable algunas tribus montañeras de la India, así como también la plebe, los inservibles y los borrachos de todas las naciones al igual que los que forman la escoria de las poblaciones se ausentan de este mundo de 40 á 50 años, que pasan por completo en la penúltima subdivisión inferior del plano astral.

9—Los tipos más bajos de humanidad, los más brutales de los salvajes, los criminales habituales, y los que martirizan a sus mujeres y a sus hijos, pasan unos 5 años en el subplano inferior del astral, antes de renacer, si es que no se encuentran atados a la tierra por el crimen, lo cual sucede con alguna frecuencia. En todos los casos mencionados, quienes se hubieren individualizado por el intelecto, tienden a tomar el mayor de los intervalos mencionados como posibles para ellos, en tanto que los que alcanzaron la individualización por otros medios, tienden a tomar el intervalo menor.

Cuando muere una criatura, ésta tiene también su corta vida astral y su Devachán antes de regresar al nuevo nacimiento; pudiendo variar el intervalo entre las dos vidas, desde unos pocos meses hasta varios años, según la edad y el carácter mental y emocional del niño. Pero la duración y el carácter de la última, son también un gran factor para determinar el intervalo. Un ser que muera joven, sin haber tenido oportunidad para generar mucha fuerza espiritual, tendrá un intervalo más corto que el de otro ser que viva hasta la vejez, y tendrá también una proporción mayor de vida astral, porque la mayor parte de emociones fuertes son generadas en la primera mitad de la existencia física, al paso que la energía más espiritual se genera ordinariamente durante la segunda parte y continúa siéndolo hasta el fin de la vida terrestre. El carácter del hombre durante su vida terrenal influencia grandemente también el intervalo, ya que muchos hombres viven una vida larga sin mucha espiritualidad en ella, lo cual tiende naturalmente a acortar el intervalo entre sus encarnaciones.

Por otra parte, los Egos se hallan estrechamente asociados en grupos o familias, y esta asociación tiende a igualar los intervalos entre sus vidas, ya que a veces deben venir juntos a una encarnación, lo que implica un aumento o disminución del tipo al cual se descarga por si misma la fuerza espiritual en los casos individuales. Pero de ninguna manera hay injusticia: cada uno cosecha exactamente lo que ha sembrado.

Punto final